¡El humanismo ha pasado!
Eres un viejo sentimental ridículo.
En El rinoceronte, de Eugène Ionesco, los habitantes de un pueblo se contagian de una fiebre que les convierte, poco a poco, en rinocerontes que aplastan y destruyen todo a su paso. Ionesco escribió la obra de teatro en los años de la posguerra europea, habiendo observado por cuenta propia el ascenso y asimilación del fascismo en su natal Rumanía. Como parte de las obras emblemáticas del “teatro de lo absurdo”, El rinoceronte es una metafórica parodia del proceso por el cual un pueblo, intransigente y anónimo, se convierte al fascismo, y más aún, sobre cómo aquellos inicialmente en contra empiezan a asumirse bajo los argumentos del nuevo régimen. En la obra, Ionesco esgrime en sus personajes, convertidos en rinocerontes, los mismos argumentos que escuchamos de cierta corriente trasnochada del análisis: “no sabes por qué los rinocerontes deciden ser así”, “quizás los rinocerontes tienen razón en algunas cosas”, “al fin y al cabo, tanto humanos como rinocerontes tienen el mismo derecho a ser escuchados”. La parodia reside en que cada personaje, lentamente, se contagia de ser un rinoceronte hasta que al final gobiernan impunes las calles del pueblo.



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