Brasil: rechazo popular a la ultraderecha
El domingo la gente respiró alegría, estallaron fuegos artificiales y cientos se echaron a la calle, saliendo de las favelas hacia la zona costera donde se concentraron los festejos. Foto Afp

30 de octubre de 2026

Dependiendo del lugar desde donde se observe la realidad, se llega a conclusiones completamente diferentes. Los grandes medios y los intelectuales apuntan que el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva se debió a su genialidad y al papel que jugaron las redes sociales, ya que la izquierda electoral consiguió arrastrar hasta 11 millones de “soldados” en apoyo del presidente.

Desde el Complejo de Maré, el mayor conjunto de favelas de Río de Janeiro, con más de 130 mil habitantes, en la región norte de la ciudad, las cosas son diferentes de como las pintan los medios, habitualmente asentados en las áreas donde viven las clases medias y altas. Los jóvenes y las madres que se acercan al Museo de la Maré, espacio comunitario de la memoria barrial, los intercambios en las calles empinadas, en comercios y comedores, nos muestran la otra cara de la realidad.

En los días previos a la segunda vuelta, predominaba una inocultable tensión en la favela, diferente a la que viven los vecinos cuando ingresa la Policía Militar disparando y matando; distinto a lo que sucedía en otras ocasiones, en las que hubo tensiones con los comandos del narcotráfico. En la favela no se habla abiertamente de política, todos se cuidan porque se saben vigilados y vulnerables.

En esa semana decisiva estallaron pequeñas y breves discusiones entre vecinos, a favor o en contra de uno de los candidatos. En todas las actividades en las que participé, los jóvenes y las madres se identificaron claramente en contra de Bolsonaro, algo que las personas que viven en barriadas marginalizadas no hacen con frecuencia. No eran lulistas, o sea, no pertenecían ni al Partido de los Trabajadores (PT) ni defendían directamente a Lula, sino que rechazaban activamente al candidato de ultraderecha.

Aunque bajo el gobierno de Lula aumentó la militarización de las favelas, el rechazo a Bolsonaro surge de la propia experiencia, porque su triunfo hubiera animado a los paramilitares a escalar su presencia y agresividad contra jóvenes pobres, negros y favelados. Por su parte, las madres temen por sus hijas, a menudo víctimas de acoso y hasta de violaciones por los machos armados de la ultraderecha.

El domingo la gente respiró alegría, estallaron fuegos artificiales y cientos se echaron a la calle, saliendo de las favelas hacia la zona costera donde se concentraron los festejos. Hubo entusiasmo colectivo, pero también alivio por haber impedido el acceso de un miliciano al gobierno.

Por lo que conviví y comprendí durante días, sucedió una reacción masiva y maciza de carácter comunitario, no dirigida ni por Lula ni por el PT ni por las redes sociales, como pretenden los analistas de los grandes medios y los intelectuales de la izquierda electoral. Fue una actitud, como hubiera dicho Immanuel Wallerstein, “espontánea en el sentido profundo del término”, que no es espontaneísmo, sino decisión colectiva en los espacios dominados por los de abajo.

Quienes sostienen que los caudillos hacen la historia y no los pueblos, aseguran que Lula le dio la vuelta a la elección, como si las personas fueran arcilla en manos de los “grandes hombres” de la historia. Incluso prefieren atribuir a las redes sociales un carácter mágico que serían capaces, sólo con un like, de cambiar la realidad. El llamado “ejército” de Lula, creación del diputado André Janones, habría derrotado a la ultraderecha, a la que suelen nombrar como fascismo. ¿Alguna vez en la historia el fascismo fue vencido por medio de las urnas?

Por el contrario, creo que quienes todo lo explican por los caudillos y las redes desconfían profundamente de la capacidad de los pueblos para encontrar sus caminos. ¿Quién llevó a los pueblos a resistir cinco siglos de colonialismo y exterminio? Las revoluciones que conocimos en la historia nunca fueron diseñadas por los medios. Los levantamientos populares de Chile en 2019, de Colombia en 2021, de Brasil en junio de 2013 y tantos otros fueron amplificados por las redes, no provocados por ellas.

Esta grosera simplificación de la lucha de los pueblos supone una mirada desde arriba, colonial y patriarcal, que seguirá siendo hegemónica durante mucho tiempo, porque las culturas cambian a paso de tortuga. ¿No era que la historia la hacen los pueblos y que “la historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases”? Una pena que personas que dicen ser de izquierda repitan análisis cargados de capitalismo.

Las redes sociales no pueden ser un atajo para comprender y explicar las resistencias y las luchas de los pueblos. Es imposible realizar cambios políticos y sociales profundos mediante ellas. Si así fuera, Lula debería prestarle su “ejército” de WhatsApp al pueblo palestino. Suena a delirio, ¿cierto? Algunos nos seguimos inclinando por la lucha cuerpo a cuerpo, cara a cara. El intercambio con las madres buscadoras, escuchar y sentir sus dolores vale muchísimo más que los millones de “soldados” movilizados por medio de Internet.

Información adicional

Autor/a: Raúl Zibechi
País: Brasil
Región: Suramérica
Fuente: La Jornada

Leave a Reply

Your email address will not be published.