- El Partido Demócrata logra victorias históricas en estados como Texas, Kansas, Iowa, Carolina del Norte y Carolina del Sur en las ‘midterms’ de EEUU y logran el control de las dos cámaras.
- El mandatario elude responsabilidades: “Yo no estaba en la papeleta”.
Washington D.C.-04/11/2026
Todo lo que sube, baja, y Donald Trump no iba a ser una excepción. La narrativa del presidente estadounidense elegido por Dios se ha hecho añicos ante realidades mucho más mundanas: pagar las facturas, llenar el depósito del coche y hacer la compra. La derrota histórica ha venido desde dentro, por lo que aún ha sido más dolorosa. Cinco grandes feudos republicanos y cruciales para el control del Senado le han dado la espalda al presidente estadounidense: Carolina del Norte, Carolina del Sur, Texas, Iowa y Kansas se han teñido de azul.
En Míchigan, se ha impuesto el demócrata Abdul El-Sayed, quien se convertirá en el primera senador musulmán de la historia de EEUU. Sin conocer todavía el resultado de otras contiendas cruciales para la Cámara Alta, como la de Alaska, los demócratas ya son la nueva mayoría. Con la irrupción en los estados de la América profunda, han logrado cinco escaños cruciales. Ahora mismo, los demócratas ya controlan 54 de los 100 asientos.
El tsunami azul que está inundando el Senado ya ha tomado el control de la Cámara de Representantes. Aquí, 224 escaños ya han sido conquistados por los demócratas, superando el número mágico para controlar la cámara baja: 218. Mientras tanto, los republicanos van a la cola con 135.
Desde la Casa Blanca, Trump reniega de sí mismo y de los suyos ante una noche electoral que, como Dios, ha castigado dos veces. “No estaba en la papeleta y, si lo hubiera estado, habríamos ganado en el interior del estado”, ha escrito en Truth Social poco después de que se confirmara la derrota de la republicana Darline Graham frente a la demócrata Annie Andrews en Carolina del Sur. En ese momento, ni siquiera había perdido aún Texas y Kansas.
La magnitud del cambio en Texas y Kansas se mide en décadas. En el estado sureño hacía 38 años que no había un senador demócrata. En el estado del interior, desde antes de la Segunda Guerra Mundial ningún demócrata ganaba ninguna contienda.
En Texas, el pastor presbiteriano James Talarico logró penetrar en territorio Trump gracias a una campaña en la que vehiculó una agenda progresista a través de citas bíblicas. Talarico apelaba a la moral cristiana en unas elecciones donde, además del coste de la vida, la corrupción también se situaba como principal preocupación. En Kansas se repetía un patrón similar: el reverendo de la megaiglesia metodista —la más grande del estado— Adam Hamilton lideraba la candidatura demócrata.
Los demócratas han conseguido capitalizar el malestar por las promesas incumplidas de Trump. Aunque durante el ciclo de primarias muchos de los nuevos candidatos lograron volver a ilusionar a una parte del electorado que se había sentido huérfana durante las presidenciales de 2024, el peso del republicano como factor movilizador sigue siendo innegable. El péndulo vuelve a desplazarse hacia el otro lado, pero el motor que lo mueve sigue siendo el mismo: el deseo de cambio, una promesa que parece no terminar de llegar.
La impensable victoria en estos feudos trumpistas se explica por una combinación entre el malestar en las bases rurales, las grandes damnificadas por los aranceles del presidente y el encarecimiento de los carburantes a raíz de la guerra de Irán, y también por los inusuales perfiles de los candidatos demócratas.
La noche ya había comenzado con mal pie para los republicanos en Florida, donde, dos horas después del cierre de los colegios electorales, los demócratas ya daban batalla en territorio Trump. Este estado era uno de los primeros en los que se esperaba que el partido del presidente ganara cómodamente, pero los dos candidatos republicanos, Ashley Mood al Senado y Byron Donalds a gobernador, han tenido que sudar para asegurarse la victoria. Mientras tanto, el voto demócrata avanzaba con fuerza en Georgia y, hacia las dos de la madrugada (hora peninsular en España), Associated Press ya había declarado ganador al senador Jon Ossoff. La reelección del candidato demócrata aseguraba el primer paso del camino que los demócratas debían recorrer para hacerse con el control de la Cámara Alta.
De los cuatro escaños que los demócratas necesitaban arrebatar para controlar el Senado, Carolina del Norte ha sido el primero. Roy Cooper ha conseguido cambiar el color político de este estado, donde Trump ganó tanto en las presidenciales de 2024 como en las de 2020. De hecho, en 2020 fue el único swing state en el que el republicano logró imponerse.
Michigan es un swing state en el que Donald Trump derrotó a Kamala Harris en 2024 por una diferencia de apenas 80.000 votos. Con más de diez millones de habitantes, es el décimo estado más poblado del país, lo que lo convierte en un primer laboratorio para comprobar cómo podría funcionar en el resto de Estados Unidos una agenda más escorada a la izquierda.
La movilización del voto anticipado y por correo —con casi 60 millones de papeletas emitidas— ya anticipaba una alta participación en los comicios, favorable a los demócratas. En Estados Unidos, el voto anticipado suele ser mayoritariamente demócrata, y los porcentajes de votos emitidos en estos comicios en comparación con los de 2022 apuntaban a una mayor movilización del electorado progresista, especialmente en aquellas contiendas cruciales para el control del Senado. Por ejemplo, en Texas, el voto anticipado había aumentado un 41% respecto a 2022. Asimismo, en Carolina del Norte, otra contienda clave para el control de la Cámara Alta, el porcentaje de voto anticipado se había incrementado un 29% en comparación con las anteriores midterms.


Leave a Reply