Evaluación lamentable
Analizando la actual organización social desde el punto de vista de la vida, se aprecia que el homo sapiens, como especie, ha perdido su naturalidad hasta tal punto que actúa como si no procediera de
Sobre el planeta Tierra se aprecian dos niveles de la especie humana, totalmente diferenciados en su sociedad de seres vivos: una minoritaria, llena de privilegios, y otra mayoritaria, llena de carencias. Se mantiene un demoledor modelo económico para la naturaleza. La minoría, que nada en la abundancia, crea productos basados en un irresponsable y fatal desarrollo tecnológico para que la mayoría ansíe comprarlos aunque no los necesite para sus condiciones vitales, algo que no se ve en otras especies animales. Nunca se ha visto que un burro necesite teléfono celular para vivir; o que un elefante, un carro o un halcón tengan que pagar caro por un asiento en primera clase. Estúpida y peligrosamente, el ser humano se ha diferenciado de la naturaleza.
Esa privilegiada minoría humana desarrolla, además, para mantenerlos, la muerte tecnificada, como no ocurre en otras especies. Así, imposibilita la vida para la gran mayoría, proliferan las armas de destrucción masiva, los otros animales comparten el planeta y conviven con naturalidad, hasta en sus muertes, mientras no sean alcanzados por la bestia humana.
Leyendo los relatos del “comandante del trasero desnudo”, que reconoce que machete en mano llegó a matar a más de 20.000 personas en África, se siente vergüenza de ser humano. ¿Con quiénes se comparte especie? Cuando en Colombia a alguien le dicen “mochacabezas”, literalmente es eso. Las masacres incluían fútbol con las testas de los sacrificados, amenizado con conjunto vallenato, cruel espectáculo en que los familiares de las víctimas debían hacer de espectadores. La tecnología criolla desarrolló hornos crematorios de llantas para desaparecer cadáveres. Las muertes se cuentan por millares. Hoy continúan los asesinatos silenciosos, de a cuatro, de a dos, como se hace con los indígenas del norte caucano. La motosierra les despejó el camino a los integrantes y seguidores del actual gobierno, que con acciones como estas dice impulsar la seguridad y la democracia. Lo más grave es que siguen ahí y están maquinando su continuidad.
Esa locura es mundial. Así se procede en Europa, Oriente Medio, Asia. Por fortuna, los artistas abren la esperanza y muestran que el ser humano también es capaz de producir belleza. No sé de un artista que glorifique a la muerte o incite a destruir la vida. Es esperanzador ver que el ser humano crea, canta y baila en el “valle de lágrimas” en que unos pocos han convertido el mundo. Vistas las cosas respecto a las carencias humanas, hay trabajo por hacer; pero quienes detentan el poder en este modelo social no dejan; así se mantiene cínicamente un sistema excluyente de las mayorías y en que las fuerzas sociales se orientan para beneficio de pocos. Todo debe ser visto bajo la lupa de la ganancia particular, no social.
El cinismo dominante se manifiesta en acciones como fraude electoral, cohecho, connivencia, impunidad, corrupción, traspaso de empresas estatales a bolsillos privados, genocidio, criminalización de la oposición, manipulación mediática, despojo, destierro, violencia, violación de constituciones, desconocimiento de acuerdos, en fin, la igualdad entre lo bueno y lo malo, configurándose un mundo perjudicial, sobre todo para la juventud, sometida a engaño promovido conscientemente para ocultar el cierre de opciones en un modelo agotado que no se mantiene por su legitimidad sino por la manipulación y la represión en todas sus formas, conservando sólo para una élite el beneficio del ejercicio económico, mientras el grueso de la población no es irrigado por los dineros, como salarios o ingresos, procedentes de la actual estructura económica.
El ser humano es la única especie que tiene viviendo en condiciones precarias a sus semejantes sin compartir condiciones; desde el punto de vista bioético, esto es una desgracia y una aberración para quienes lo practican y quienes lo padecen.
Manipulación ideológica
Dice Michel Onfray que la esencia del Discurso sobre la servidumbre voluntaria, de
Los burgueses, los imperialistas, no tienen carácter divino; son sólo seres de la especie animal homo sapiens, forma de vida surgida en el planeta Tierra, que tienen a otros seres humanos trabajando para ellos, a quienes, como reconocimiento, les simula sus condiciones de vida: alimentación, habitación, salud, educación, que controlan y deciden a su antojo. Así chantajean a la sociedad. Quien no está en el modelo, no recibe beneficios (“Si te gusta, bien, y, si no, te vas”). Del empleo laboral se derivan la protección social y la posibilidad de suplir necesidades. Pero estén seguros de que no habrá castigos sobrenaturales ni arderán en el fuego eterno si se les contradice y se les desplaza del poder.
Se pretende atacar a quienes se oponen al régimen, señalándolos como de extrema izquierda, sin permiso para participar en el escenario político de la oligarquía, y se anatematizan pensamientos sin mayores análisis. No se tiene en cuenta que la política es el medio con que se defienden los intereses de una clase social, una expresión de la economía. Por eso, es comprensible que un adinerado sea de derecha, pero que lo sea un pobre no combina. Otra cosa es ser parte de la extrema bobería. Es muy interesante pensar a quiénes representan los que se dicen de centro-izquierda.
Soluciones que no funcionan
La sociedad burguesa se resiste a morir, por la acción de sus seguidores y por su presencia en las propuestas alternativas. El capitalismo, como modelo económico e ideología, se reproduce en la izquierda bajo diversas modalidades: traición directa, consciente; manipulación, acomodo, ceguera, superficialidad, dulce ingenuidad, peroratas radicales y hasta buenas intenciones. Por la identidad de intereses, se comprende que los beneficiados con el movimiento del capital promuevan su continuidad. Pero que el modelo se alcance a ver bajo la manga de la izquierda, requiere más discusión y es acerca de esto que se quieren hacer algunos comentarios.
Es conocida la lucha de los líderes clásicos contra el revisionismo, al que definían, simplificando, como la presencia de la ideología burguesa en el interior del proletariado. Fueron épicas las luchas de Lenin, Mao y Marx contra la tergiversación del pensamiento socialista. Pero cuando se habla de la introducción del pensamiento burgués en las toldas de la izquierda, no se puede entender como si un señor con una bolsa identificada con el signo pesos, sombrero de copa y sacoleva, se sentara en las reuniones y definiera, al mejor estilo del FMI, el curso de las acciones que deben cumplir las organizaciones que buscan el cambio. Es algo menos evidente que eso.
Una razón de tan indeseada intromisión es la dificultad real de crear cosas nuevas. El ser más quimérico concebible incorpora elementos o cualidades de los seres existentes, incluso las características perversas, porque el ser humano es prisionero del tiempo y el espacio en una geografía antropológica y una tradición histórica escondidas bajo el uso, la costumbre, la lógica, lo obvio, lo normal, los pareceres, lo inconsciente. Miles de años de predominio de la ideología de la explotación no se borran de la ‘naturaleza’ humana en unos cuantos años, por muy radicales que sean los discursos y las acciones.
A la manera de un tumor canceroso, que, cuando se combate en un sitio localizado, se reproduce en otras partes de un ser vivo, el capitalismo hace metástasis en el organismo social y alcanza hasta el cerebro de la izquierda. Desde ahí opera un engaño, consciente o inconsciente, al ser humano, que espera, que tiene esperanzas.
La mayoría de las propuestas de izquierda obran cual mutaciones ideológicas o económicas del capital, desde las cuales hablan quienes plantean cambios; pero sus palabras llevan moldes del pensamiento tradicional; sus discursos se construyen con elementos del mundo cuestionado. Incluso, estas notas se escriben desde una de esas formas, a modo de isótopo ancestral, nunca inspiradas para el mesianismo; con la diferencia de que, al identificar la porquería intrínseca, se debe tener la buena práctica de buscar un espejo y una bañera para la limpieza cotidiana. Fernando González decía que toda la vida se la pasó devolviéndoles a los curas las ideas que le metieron desde la escuela. Vivía ‘desnudándose’ por capas, “como cebolla”. ¡Por cierto, ésta hace llorar!
El socialismo propuesto son falsas tierras donde manan ríos de leche y miel; un aparente mundo donde los seres no sufren ni sudan en la lucha por el pan diario; es decir, el idealismo bajo nuevos ‘ideales’, ahora sí, “más puros”. Se pretende superar lo viejo sin cambiar su contenido, como engendro donde está lo mismo pero disfrazado. Ahí está la dificultad del debate cuando se ve en las propuestas de otros, adornadas con palabrería radical, el modelo capitalista presentado en diferente plano pero como pretendida propuesta socialista. Cuando este criticado tipo de izquierda fracasa, no fracasan los ideales de izquierda sino precisamente la inconsecuencia con ellos, con el humanismo.
En busca de la esperanza
La pregunta vuelve a ser: ¿Puede ser libre el ser humano? ¿Puede ser feliz?
“Todas las revoluciones, en las ciencias así como en la historia general, se originan sólo en esto: que el espíritu del hombre, para el entendimiento y comprensión de sí mismo, para la posesión de sí mismo, ha alterado sus categorías uniéndose en una relación más verdadera, más profunda y más intrínseca consigo mismo”. Hegel. En otras palabras, una revolución se produce cuando las personas no pueden seguir viviendo sobre los mismos principios, razón de ser o valores que han soportado su vida hasta ese momento.
Para ir buscando luces, considérese lo que dice Simón Bolívar en el párrafo número 27 del Discurso ante el Congreso de Angosturas:
“El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”. Aunque sea sólo por esto, hay que ser bolivariano. Es claro norte para un gobierno auténticamente humanista.
No es imposible constituir movimientos de izquierda consecuentes sino que reproducen la “misma porquería”, al decir de Marx. Si se analizan interpretaciones, conceptos, escritos, estilos de trabajo, estructuras organizativas, sobre todo las prácticas, se alcanza a vislumbrar el velado contenido burgués. La manipulación de la democracia interna, los fraudes, las componendas, el cinismo abierto pero también, por fortuna, las buenas intenciones.
Las críticas implican la existencia de un punto de referencia; debe existir un movimiento que encarne una izquierda fiel a sus principios. Ésta sería una que no crea que el capitalismo se derrota sólo con palabras, a pesar de su fuerza; que 2.000 años de ideología se superan con la campaña electoral de un cuatrienio; que no se crea que no porta la ideología de la opresión, que tenga un enfoque biocéntrico y ubique al ser humano como su razón de ser bajo un modelo de condiciones sociales y biológicas favorables, y que, por tanto, permita la más amplia participación popular, enfocada a elevar el nivel de vida de la población. Esto es algo parecido a la matriz de necesidades expuestas por Manfred Max Neef en Desarrollo a escala humana.
Ante el peligro de los humanos para sí mismos bajo el actual esquema social, los animales heredarán



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