
Alrededor de 200.000 personas mueren anualmente a consecuencia del uso indebido de estupefacientes, mientras que el comercio clandestino de drogas genera aproximadmente 230.000 millones de euros al año, según datos de David Dadge, portavoz de UNODC en Viena.
Esta es la primera vez que el principal órgano mundial que combate al narcotráfico se distancia con tanta claridad de la estrategia de guerra contra las drogas impulsada por los EEUU en las últimas décadas. Sin embargo, esto no implica una aprobación de liberalización de la producción y del consumo, ni un visto bueno a los experimentos de legalización de drogas puestos en marcha en Uruguay, el primer país que aprobó una ley para la venta y producción de marihuana, o de los Estados de Colorado y Washington en EEUU, que han legalizado la venta de cannabis bajo licencia.”La legalización no es la solución al problema de las drogas”, ha declarado el director ejecutivo de la ONUDD, Yuri Fedotov, refiriéndose a Uruguay.
El informe, que analiza la evolución de los últimos cinco años, considera que “la prevención , el tratamiento basado en los derechos y la rehabilitación de los consumidores de drogas es el remedio más eficaz”, y crítica que “algunos regímenes nacionales se apoyen todavía excesivamente en las sanciones y encarcelamiento y no en la atención sanitaria” . Países como Rusia, Pakistán o Egipto, mantienen la política de mano dura, mientras otros europeos y algunos de América Latina abogan por tomar en consideración las ventajas de la liberalización.
La ONU considera que el acceso no controlado a las drogas aumentaría su accesibilidad, por lo que la “fiscalización”, es decir, la prohibición, reduce la disponibilidad y hace que los precios sean más altos. Como argumento se agarra a que las sustancias adictivas legales, como el alcohol o el tabaco, causan más daño que las que están prohibidas. “Mientras que al año mueren en el mundo 0,2 millones de personas por consumo de drogas ilícitas, el alcohol acaba con la vida de 2,3 millones de personas, y el tabaco causa la muerte de 5,1 millones”, afirma.
Por otro lado, se admite que despenalizar el consumo contribuye a “descongestionar las cárceles y redistribuir recursos para asignarlos al tratamiento y facilitar la rehabilitación”, así como a abordar el problema “en base a datos científicos y en pleno respeto de los Derechos Humanos”
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Queda claro que la ONU prefiere ahora el enfoque centrado en la salud, tras constatar que produce resultados más efectivos: “Por cada dólar que se invierte en prevención se ahorran como mínimo 10 dólares en costos futuros en servicios sociales y sanitarios.” O lo que es lo mismo: Sí a la despenalización del consumo, pero no a la legalización de la producción y el comercio.



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