“Debemos asegurar el control de nuestros propios oleoductos, nuestros recursos de tierras raras y nuestros corredores comerciales agrícolas”. En medio de las teatralizaciones, las provocaciones, las afrentas y las bravatas de los mandatarios que año tras año se dan cita en la cumbre de las Naciones Unidas, la intervención de Donald Trump en la reunión cerrada del Escudo de las Américas del pasado martes no podría haber sido más diáfana y cristalina.










