
La conmoción por el resultado generó de inmediato el vacío político: renunció el primer ministro, David Cameron, y entró en crisis el laborismo. En el plano económico se derrumbaron la libra y las Bolsas europeas. Cualquier parecido con el Titanic no es coincidencia.
Desde Londres
En la capital británica, las pizarras de los bancos muestran fuertes caídas de la moneda y las principales acciones que cotizan en la Bolsa londinense.
El primer ministro David Cameron anunció su renuncia poco después que se conociera el resultado del referendo, el director del Banco de Inglaterra salió a calmar nervios hablando de una reserva de 250 mil millones de libras para apagar el incendio sin impedir que la libra y la bolsa siguieran bajando y bajando. La caída se hizo más pronunciada cuando poco después la ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, dijo que sería necesario un nuevo referendo escocés para decidir si su país sigue formando parte de un Reino Unido que eligió salir de la Unión Europea.
Así fue la mañana y el baile recién empezaba. Poco después del mediodía, Wall Street se sumó a la caída de los mercados europeos que ya se precipitaban al vacío (pérdidas de 7% en Alemania, 8% en Francia, 12,35% en España, 13,42% en Atenas) mientras que las materias primas se sumaban a la debacle y comenzaba a revertirse la recuperación del precio del petróleo del último mes. A media tarde varias multinacionales y entidades financieras que operan en el Reino Unido dejaron trascender que tenían planes de relocalizarse parcialmente en otros lugares de la Unión Europea y advertían que había miles de puestos en peligro. Al vacío político y el agujero económico se le agregó poco después la crisis del principal partido de oposición, el laborismo, con un plan para descabezar a Jeremy Corbyn en los próximos días. Cualquier parecido entre este Reino Unido que decidió el jueves abandonar la Unión Europea después de 43 años y el Titanic no es coincidencia.
El mismo Cameron usó una analogía acuática al anunciar su renuncia. “Los británicos han tomado una decisión muy clara para cambiar de rumbo. El país necesita un nuevo líder que lo lleve en esta dirección. Yo haré todo lo que pueda como primer ministro para calmar el barco en las próximas semanas y meses, pero creo que no sería correcto que yo siga siendo el capitán de este barco y el encargado de llevarlo a su próximo destino. Creo que el país necesita tener un nuevo primer ministro para el comienzo de la conferencia del Partido Conservador en octubre”, dijo Cameron.
En Europa no tenían tan claro que el capitán provisorio del Titanic fuera políticamente relevante. Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, que reúne a los mandatarios de la UE, envió una carta a los otros miembros en la que Cameron cuenta solo a medias. “No tengo dudas que a la luz del resultado negativo del referendo en el Reino Unido, debemos dedicar nuestra reunión la próxima semana a las consecuencias políticas de este tema. Quiero tener tiempo para que lo discutamos primero con el primer ministro Cameron y luego por separado, entre los 27 miembros. El martes terminará con una cena en la que Cameron explicará la situación en el Reino Unido”, señaló Tusk.
La reunión continuará al otro día, pero sin el Reino Unido. “El miércoles los 27 miembros discutiremos el llamado ‘proceso de divorcio’ contemplado en el artículo 50 del Tratado y el futuro de una Unión Europea de 27 países”, señaló Tusk en su carta. El artículo 50 establece un período de hasta dos años para llegar a un arreglo definitivo con un miembro que decida dejar el club europeo. Como el Reino Unido es el primer caso en más de 60 años de proyecto paneuroopeo, no hay precedente.
Primer potencial choque a la vista es que Cameron dejó en claro que él no va a accionar el artículo 50 porque, no tiene sentido “que yo siga siendo el capitán de este barco y el encargado de llevarlo a su próximo destino”. A pesar de que el Reino Unido votó dejar la UE, todavía es miembro del club y solo puede dejar de serlo al activar el artículo. En declaraciones a la cadena germana ARD, el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, dejó en claro que las negociaciones tienen que empezar ya. “Los británicos votaron. No tiene sentido esperar hasta octubre. No va a ser un divorcio amigable, pero tampoco fue un gran amor”, señaló.
Barack Obama buscó calmar las aguas y, al igual que el FMI, urgió a ambas partes a trabajar conjuntamente. “Mantendremos nuestra relación histórica con el Reino Unido y con la Unión Europea”, aseguró el mandatario estadounidense. A fines de abril, en una polémica intervención durante una visita al Reino Unido, había advertido que no habría acuerdo comercial rápido si los británicos optaban por el Brexit.
El posible diálogo con un “pato rengo” como Cameron, que quedará en la historia como el primer ministro que allanó el camino para la separación de Europa, plantea muchos interrogantes sobre su viabilidad. El problema es que no será fácil reemplazarlo con una figura de consenso.
En el sistema parlamentario británico no se necesita convocar a elecciones para elegir a un nuevo primer ministro. El principal partido en la Cámara de los Comunes, en este caso el conservador, elige a un líder que se convierte automáticamente en el mandatario. El favorito es el ex alcalde de Londres, Boris Johnson, que lideró la campaña por el Brexit y que ayer elogió a Cameron en un intento de calmar la animosidad, resentimiento y polarización del referendo.
Muchos conservadores, sin embargo, no quieren ni oír de Johnson y están embarcados en una campaña de “anyone but Boris for leader”. La actual ministra del interior, Theresa May, sería una posibilidad, pero incluso el reticente apoyo que dio a permanecer en la UE, podría convertirse en un obstáculo insalvable. El gran peligro es que el forcejeo político conservador se termine convirtiendo en un potencial vacío de poder.
El único consuelo de los tories es que los laboristas parecen en una situación similar. El voto a favor del Brexit fue contundente en el cinturón industrial del norte de Inglaterra, otrora bastión laborista, hoy amenazado por los antieuropeístas del UKIP. Dos diputados responsabilizaron al actual líder Jeremy Corbyn por su “pobre campaña” y lanzaron una moción para sustituírlo que se trataría este lunes en la reunión del Partido Parlamentario (diputados laboristas) este lunes.
Los sindicatos y Momentum, un movimiento de base Corbynista, salieron a respaldarlo. “La renuncia del primer ministro ha disparado una crisis en el interior de los conservadores. En este momento necesitamos unirnos ante un partido Tory que está sumergido en divisiones y peleas . Lo que menos necesitamos es divisiones en nuestro partido”, señaló un comunicado conjunto de 12 sindicatos.
En medio de este vendaval político, el impacto económico del Brexit no ofrece mucho tiempo o espacio para la negociación o la duda. Ayer la libra cayó a su nivel más bajo en 31 años y el FTSE 100, de las 100 compañías más importantes, registró una caída del 8%, similar a lo sucedido durante el derrume del Lehman Brothers en el estallido financiero de 2008. En la City, Jamie Dimon, CEO del JP Morgan, advirtió que entre 1.000 y 4.000 puestos podrían migrar al continente mientras que otra entidad estadoundense, Morgan Stanley, señaló que dos mil empleados de su oficina de Londres se mudarían a Dublin o Frankfurt.
En la industria, la fabricante de aviones Airbus y las automotrices Toyota y Ford advirtieron que estaban revisando su plan de inversiones en el Reino Unido. Ford, que tiene más de 14 mil trabajadores, señaló que “tomaremos las medidas que sean necesarias para permanecer competitivos”. Tom Enders, director de Airbus, que emplea a 15000 trabajadores en el Reino Unido, señaló que el resultado era lo opuesto del famoso “win-win” que recomiendan para los negocios. “Es un lose-lose para el Reino Unido y Europa. El mundo no se para. Tampoco lo hará Europa. Espero que el divorcio trate de minimizar el impacto a todos los afectados por el Brexit”, señaló Enders.
En medio de tanta ansiedad e incertidumbre había un rostro sorprendentemente feliz en el Reino Unido. Cartón lleno, el candidato presidencial Donald Trump, de visita en Escocia, no tuvo empacho en señalar que el Brexit es “maravilloso para el Reino Unido que ha tomado el destino en sus propias manos”.
EL REFERENDUM BRITANICO FORTALECIO A LA EXTREMA DERECHA
Nocaut a la elite europea
La jefa del Frente Nacional, Marine Le Pen, reclamó una consulta similar a la británica “en Francia y en los demás países de la Unión Europea”. Igual exigencia fue planteada en Holanda por Wilders.
Por Eduardo Febbro
Desde París
El Reino Unido rompió lo que parecía inamovible. El Brexit sacudió las bolsas europeas, dejó en estado de nocaut a la clase política del Viejo Continente y despertó las ambiciones separatistas de una extrema derecha europea que, desde hace varios años, hizo hecho de su hostilidad a la construcción Europea uno de sus caballitos de batalla preferidos. La canciller alemana Angela Merkel advirtió sobre las consecuencias del “golpe” contra al construcción europea y el consiguiente “proceso de unificación de Europa”.
Figura de proa del euro liberalismo Merkel invitó al lunes al presidente francés, François Hollande, al jefe del gobierno italiano Matteo Renzi, a un encuentro en círculo cerrado. A su vez, con la prosa literaria que caracteriza al presidente francés, François Hollande admitió que Europa ya no podía “actuar como antes” y propuso que Europa se concentrara en una “hoja de ruta” cuyo contenido sería “la inversión a favor del crecimiento, la armonización fiscal y social” así como “el refuerzo de la zona euro y su gobernabilidad democrática”. Esas medidas son exactamente lo contrario de lo que se ha estado llevando a cabo hasta ahora, sobre todo en lo que atañe a la “gobernabilidad democrática” de la zona Euro. La crisis griega y la manera en que se le impuso a Atenas las medidas de austeridad son una película de terror de la metodología en curso. El Brexit blinda además con un aura de legitimidad la narrativa central de las ultraderechas europeas y abre un campo de influencia política difícil de evaluar por el momento. Nada resume mejor el entusiasmo en el seno de las euroextremas derechas como la frase que dejó en Twitter Matteo Salvani, el dirigente de la italiana Liga del Norte: “Ahora nos llegó el turno a nosotros”.
En Francia, quién es actualmente y a escala europea la líder más popular de esa corriente política, la jefa del Frente Nacional, Marine Le Pen, reclamó un referéndum similar al británico “en Francia y en los demás países de la Unión europea”. La misma exigencia fue planteada en Holanda por Geert Wilders, líder de la formación de extrema derecha y antimusulmana Partido de la Libertad. El entusiasmo de los ultras está sin embargo sembrado de incertidumbres porque nadie sabe exactamente qué ocurrirá y a quién beneficiará realmente esta ruptura de la UE. El presidente del Parlamento Europeo, el socialdemócrata alemán, Martin Schulz, estimó que “la reacción en cadena que los euroescépticos celebran hoy no tendrá lugar”. Sin embargo, con Francia a la cabeza, las extremas derechas de Italia y Holanda son muy poderosas. Si lograran imponer un esquema similar al del Reino Unido, un quiebre en uno de estos tres países fundadores de la UE desencadenaría un descenso a los infiernos. Las extremas derechas de Alemania, Austria o Dinamarca cuentan también con capitalizar este primer ejemplo de un país que, incluso si tenía un estatuto especial dentro de la UE, decide que es posible vivir fuera del rebaño sin que “se desencadene el apocalipsis”, según expresó el Frente Nacional en Francia.
Las extremas derechas están en una fase jubilatoria. La victoria del Brexit valida la posibilidad de que ese planteo de vivir “afuera” no sea una propuesta descabellada ni un atentado contra la democracia planteado por una minoría extremista. Los euroescépticos han obtenido un triunfo radical. Como lo expresaba el ultraderechista holandés Geert Wilders: “la elite euro eufórica ha sido vencida.
Los británicos nos muestran el camino hacia la liberación”. En el plano de la dimensión política, el Brexit vino a jugar el papel de una prueba en tiempo real para las propuestas de ruptura de la ultraderecha europea. A través de lo ocurrido en Gran Bretaña, el Frente Nacional francés asiste a la la realización de su proyecto, es decir, retiro de Francia de la UE y de la zona euro. El tema de la “soberanía nacional” y, por consiguiente, monetaria (frente al euro) ha dejado de ser un discurso concentrado tanto en la extrema derecha como en la extrema izquierda soberanista. El voto británico lo precipitó como uno de los grandes ejes de la discusión futura en todas las campañas electorales que se realicen en el futuro. En Francia, la consulta presidencial se llevará a cabo en menos de un año y lo que acaba de ocurrir cambiará sin dudas su contenido. Se trata de una suerte de “revolución popular”(diario Libération) contra un proyecto que pasó de ser del pueblo para quedarse en manos de las euroelites. La cultura de la frontera cerrada, de la soberanía, derrotó a la temática oficialista de la apertura y el libre intercambio. Como un regalo de la Navidad, ello reinstaló en el centro la pertinencia de lo que la extrema derecha viene alegando desde los años 90. Los ultras encontraron en el pueblo británico un aliado que desafió a todos aquellos que la extrema derecha señala como enemigos: La Comisión Europea, el Banco Central Europeo, los medios a sueldo de la UE, los “partidos de gobierno” cómplices de la euroburocracia, la “tecnocracia totalitaria” (Marine Le Pen). Aunque aún borroso, el terreno nunca ha sido tan propicio para las propuestas del Frente Nacional y sus movimientos afines: desencanto de las opiniones públicas, espeluznante inmovilismo y egoísmo ante la crisis migratoria, desconfianza ante aquello que está por encima de la referencia nacional que tanto agita los corazones populares. Hoy se plantea incluso la posibilidad de una amplia alianza entre las extremas derecha de Europa. En 2014, luego de las elecciones europeas, el jefe de los euroescépticos ultras de Gran Bretaña, Nigel Farage, había excluido toda alianza con el FN francés porque esta partido “tiene el antisemitismo en el ADN”.
Todo puede cambiar en adelante. Desde ya, la extrema derecha del AFD en Alemania está protagonizado un acercamiento con el FN francés al tiempo que los aliados de la extrema derecha francesa en el Parlamento europeo aunados en el grupo parlamentario “La Europa de las naciones y las libertades”, el FPÖ austríaco, el PVV holandés y la Liga del Norte italiana, ganan un peso enorme en torno a su narrativa mayor, “la Europa de las naciones”. El virus de la Nación contra el conjunto se vistió de gala y llevó a la segunda economía de la EU a alejarse luego de su ingreso hace 43 años. La referencia nacional destrozó el proyecto de un espacio geográfico pacífico y solidario y regulado por reglas comunes. Los euroescépticos recibieron refuerzos consistentes. Sin embargo, no es la primera vez en que los pueblos cuestionan al proyecto europeo sino la segunda en poco más de un año. El 15 de julio de 2015, el Primer Ministro griego Alexis Tsipras organizó un referendo para consultar a las sociedad sobre si aceptaba o no el plan de rigor planteado con camisa de fuerza por la famosa Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo, FMI) a cambio de un nuevo paquete de ayuda. El “No” ganó con 61, 31% de los votos y, con él, en ese momento, perdió el Eurogrupo. Entonces se dijo que Grecia le decía que no a Europa y al Euro. Con otro sentido y un alcance más vasto, Gran Bretaña repite un segundo y rotundo no justo cuando los populismos de extrema derecha y la decadencia del sueño de la Unión Europea está en alza. Sus líderes sólo esperan que el fruto se caiga para llevarse los tributos del fracaso colectivo.


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