
Desde Río de Janeiro
A partir de mañana, y a menos que ocurra un casi imposible vuelco de última hora, el Mercosur quedará acéfalo. El bloque, integrado por cinco países –Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela– tiene reglas claras: la presidencia pro-tempore es ocupada por los miembros en orden alfabética. Termina hoy el turno de Uruguay, y le tocaría a Venezuela ocuparlo a partir de mañana.
¿Por qué no será así? Porque Brasil y Paraguay se rehúsan a cumplir lo pactado, con el no tan discreto apoyo de la Argentina presidida por Mauricio Macri, especie de versión del golpista brasileño Michel Temer doblada al castellano. Como en el Mercosur las decisiones tienen necesariamente de ser tomadas por consenso, y como los dos principales socios, Brasil y Argentina, se oponen a que la regla sea cumplida, está instalado el impase.
La justificativa para impedir que Venezuela asuma la presidencia pro tempore es, al menos en apariencias, válida: el país no cumplió totalmente las exigencias para ser “miembro pleno” del Mercosur. Detalle: ninguno de los demás países cumplieron totalmente las mismas exigencias.
En concreto, lo que ocurre es el primer paso de lo que pretende el ministro interino brasileño de Relaciones Exteriores, José Serra: imponer un cambio radical en la política externa “altiva y activa” de los 13 años de gobierno del PT, primero con Lula da Silva y luego con Dilma Rousseff. Bloques como el Mercosur, la Unasur o el BRICS (reunión de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) pierden espacio e importancia. Lo que importa es acercarse a otros acuerdos, capitaneados por Washington. El segundo paso de Serra será retomar un acuerdo con Estados Unidos para utilizar la base aérea de Alcántara, en el norteño estado de Maranhão, el más miserable del país, para lanzamiento de satélites. De hecho, significará permitir que Washington instale una base militar en territorio brasileño.
Al mismo tiempo, el interino Temer, que actúa con la feroz determinación de quien está seguro que la destitución de la presidente electa será consumada en agosto, se lanza con saña inaudita sobre la estructura administrativa del gobierno. Por esos días fueron cesados 81 funcionarios del ministerio de la Cultura. La Cinemateca Brasileña fue literalmente desmantelada: los responsables por el proyecto de preservación y restauración de películas que es considerado referencia mundial fueron sumariamente demitidos. La razón, según el ministro interino: “deshacer el aparato político impuesto por el PT y nombrar a funcionarios de carrera”. Detalle número uno: los cesados son funcionarios de carrera. Detalle número dos: el principal, o al menos el más visible, foco de resistencia al golpe institucional se da precisamente entre artistas e intelectuales. Degollar al ministerio de Cultura es parte de la venganza de Temer y sus acólitos.
Para el puesto de la coordinadora general de la Cinemateca fue indicado un tipo que responde a causas judiciales por estafa. Nada podría estar más en armonía con un gobierno colmado de personajes que responden a causas judiciales mientras destituyen, bajo el amparo de una farsa judicial, a una presidenta contra quien no existe una única, solitaria denuncia por lo que sea. En el ministerio de la Salud, 73 personas fueron demitidas el pasado jueves. Y ya se anunció que al menos otras 242, todas ocupantes de cargos de dirección o coordinación de programas creados por las administraciones del PT, serán igualmente fulminadas.
El ministro interino, Ricardo Barros, dice que hay “excesos de cargos ocupados por indicaciones políticas”. El ministro también defiende ajustes rigurosos en los programas y gastos de salud pública, y recomienda que la salud privada ofrezca “planes y seguros a precios razonables”. Detalle: Barros tuvo, a lo largo de su opaca trayectoria de diputado nacional, todas sus campañas financiadas por entidades de salud privada.
Las universidades federales están al borde de la bancarrota. Hay retrasos en la liberación de presupuestos pactados, y se anuncia que además sufrirán ajustes. Hay denuncias de censura y persecución política a profesores que resisten el golpe institucional. Al mismo tiempo, se lanza una campaña en los medios hegemónicos de comunicación, voz unísona de pleno respaldo al golpe institucional, defendiendo directamente que las universidades nacionales dejen de ser gratuitas. Mientras eso no ocurre, el gobierno interino suspendió los programas de becas para graduados en el exterior, y retrasa el pago de las becas de maestría vigentes, dejando centenares de estudiantes náufragos en más de una decena de países.
Agosto se anuncia como un mes de temporales. Todo indica que el interinato de Michel Temer se transformará en presidencia efectiva. El núcleo duro de los políticos armado alrededor de Temer dice que luego de la destitución de la mandataria elegida por 54 millones de brasileños se abrirá espacio para negociar con diputados y senadores la aprobación de los “cambios urgentes y necesarios”. Son programas que afectarán directamente derechos laborales e impondrán cambios en el sistema de jubilaciones, entre otras conquistas alcanzadas. El interino cree que los votos de la mayoría de los 81 senadores darán legitimidad a su gobierno. Si la política de tierra arrasada que impone sin haber alcanzado esa supuesta legitimidad ya asusta, más aún es la perspectiva de lo que vendrá cuando el golpe institucional se confirme.
Pobre, pobre país el mío.
Informó por carta que se hace cargo de la presidencia del Mercosur
Venezuela asumió en silencio

Con un gesto inédito en la historia del bloque, Caracas asumió la jefatura por su cuenta, sin consenso y sin que existiese el traspaso de mando, que como estipulan los estatutos debe darse con la conformidad de todos los socios.
Por Florencia Garibaldi
Venezuela informó ayer por carta a los demás países que integran el Mercosur que asumió la presidencia pro témpore del bloque, que le correspondía tras la salida de Uruguay de ese lugar por el orden alfabético que rige el sistema. Esto abre una nueva instancia de entendimiento regional porque Caracas asumió la jefatura por su cuenta, sin consenso y sin que existiese el traspaso de mando, que como estipulan los estatutos debe darse con la conformidad de todos los socios.
“Tenemos a bien informar que, a partir del día de hoy, la República Bolivariana de Venezuela asumirá con beneplácito el ejercicio de la Presidencia pro témpore del Mercosur, con fundamento en el artículo 12 del tratado de Asunción y en correspondencia con el artículo 5 del Protocolo Ouro Preto”, afirma la carta, con fecha del viernes. La misiva, remitida por el Ministerio de Relaciones Exteriores venezolano a las cancillerías de los países miembros de la organización (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia) recalca que estos artículos son los únicos instrumentos normativos fundacionales que regulan la procedencia y continuidad de la presidencia pro témpore del Mercosur. El texto enviado señala que durante el ejercicio de la presidencia, Venezuela realizará su mayor esfuerzo para garantizar la legalidad, institucionalidad, legitimidad y desempeño de este importante bloque de integración suramericano, bajo una vocación profundamente unionista.
“Lo que complica a Venezuela es algo determinante para el Mercosur, y es que el Mercosur fue, es y será de naturaleza intergubernamental, lo que implica que todas las normas son por consenso. No podés arrogarte algo sin el consenso de los socios del bloque”, explica la Doctora en Derecho Internacional de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Valentina Delich. Por este motivo, Paraguay no reconoció la decisión de Venezuela y determinó que Argentina sería el miembro adecuado para ocupar la vacante dejada el viernes por Uruguay. “Para nosotros, esta (la de Venezuela) es una presidencia de facto que Paraguay no reconoce como tal y no se da por notificado”, afirmó el canciller paraguayo, Eladio Loizaga.
Bolivia (que tiene en trámite su ingreso como miembro pleno) fue el único país que saludó la jefatura temporal de Venezuela. “Otro ataque a la integración económica por instrumentos del sistema capitalista. Saludamos presidencia pro témpore venezolana del Mercosur”, escribió el presidente Evo Morales en su cuenta de la red social Twitter. Uruguay, por su parte, evaluó que no había razones para no hacer el traspaso, y así lo ratificó ayer, cuando hizo público el fin de su gestión. “Uruguay entiende que al día de hoy no existen argumentos jurídicos que impidan el traspaso de la presidencia pro témpore a Venezuela”, señaló un comunicado de su Cancillería. En cambio, Paraguay y Brasil son los que oponen resistencia, porque consideran que el país caribeño no puede ejercer la presidencia del Mercosur por la crisis política e institucional que atraviesa, y porque antes es necesario clarificar las denuncias de violaciones a los derechos humanos. “Paraguay y Brasil tienen el derecho de decirle a Venezuela algo acerca de su calidad democrática, pero tienen que probarlo. Es legítimo que piensen que la democracia está en el límite de lo que consideran una democracia en el pleno de sus funciones. Pero esta declaración que hacen es de naturaleza política. Es un problema tratar de utilizar la normativa, es como si judicializaras la política, transitás por una línea muy delgada”, asegura Delich.
Los artículos de los tratados que cita Venezuela para anunciar que asume la presidencia señalan que el cargo debe ser entregado y rotado cada seis meses entre los países y por orden alfabético. Paraguay sostuvo, sin embargo, que dicha presidencia quedaba vacante al dejarla Uruguay porque no se puede traspasar de forma automática. “Esto es una guerra de guerrillas. Justificar que el tratado dice esto u aquello. Es una discusión política que quieren salvar con mecanismos jurídicos, que encima son flexibles. Lo que están haciendo ahora es venir a invocar la supuesta fortaleza de reglas que nunca fueron rígidas. Y ese es un diagnóstico recurrente del Mercosur. ¿Por qué de pronto ahora parece que todo se caracteriza por las virtudes institucionales? Si nunca fortalecieron las instituciones”, opina Delich.
Lo sucedido es el corolario de las profundas disidencias entre los socios, que obligaron a suspender la reunión del bloque inicialmente prevista para ayer en Montevideo. El canciller paraguayo Loizaga, señaló que no hay traspaso, por lo que se espera ahora ver qué actitud asumirá la administración de Horacio Cartes. Por Brasil habló el presidente interino, Michel Temer, para quien Venezuela debe completar primero el proceso de adaptación al Mercosur, para luego ser considerado como miembro pleno del bloque y entonces poder asumir su presidencia rotativa. “Brasil no está exactamente oponiéndose a que se transfiera la presidencia a Venezuela, pero sí ponderando que, para ser parte integral del bloque, tiene que cumplir requisitos pactados hace cuatro años, que aún no ha cumplido”, declaró Temer.
Para la experta, la postura de Temer es relativa. “Son argumentos de tipo jurídico. Lo que le dicen a Venezuela es que no puede ejercer por no ser pleno”, concluye Delich.
Casi a modo de réplica, la ministra venezolana de Relaciones Exteriores, Delcy Rodríguez, reclamó el mando: “Al dejar Uruguay la presidencia del Mercosur, debe ser transferida sin ningún tipo de retardo y de excusas a Venezuela”. Uruguay pretendía formalizar el traspaso durante la reunión del Consejo del Mercado Común del Mercosur, pero las deliberaciones fueron canceladas porque Brasil y Paraguay anunciaron que no asistirían, y Argentina se abstuvo de fijar posición. “Lo que están haciendo es torturar todos los tratados que hay del Mercosur para que alguno confiese, pero a ninguno de los socios les van a dar la razón. Ni a Venezuela darle la presidencia, porque el Mercosur no tiene ese mecanismo que intentan imponer, ni a los demás que se oponen a Venezuela por no cumplir. No pueden solucionarlo así”, comenta Delich.
La situación llega al bloque en momentos en que el Mercosur se prepara para profundizar las negociaciones con la Unión Europea en busca de cerrar amplios acuerdos sobre comercio. También influye la voluntad de algunas de sus socios de apuntar a estrategias de asociación con la Alianza del Pacífico, motorizada por Chile, Colombia, México y Perú.



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