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China. Secretos del crecimiento

China. Secretos del crecimiento

A lo largo de su milenaria historia, China se mantiene como un paradigma y referente de asombrosas y ricas realizaciones en campos tan variados como ciencia, técnica, política, filosofía y en su particular cultura.

El interés inevitable que siempre suscita el gran país asiático, igualmente es explorado o interpelado, de manera equivocada, con la lente cognitiva y el espíritu de Occidente, circunstancia que lleva, por demás, a no poder observar con el debido rigor, objetividad y pragmatismo, las dinámicas, lógicas y complejidades, así como las singularidades y los caminos que animaron, con sus ingenios, a las dinastías y emperadores fundantes de su ethos y grandeza como centro del mundo antiguo. Legado también honrado con tenacidad por la iconografía institucionalizada de sus ilustres líderes modernos, entre ellos Mao Tse Tung, Deng Xiaoping y el recientemente asi investido Xi Jimping que apostaron, cada uno a su manera, por la construcción del socialismo –realmente existente del siglo XX y el del presente siglo XXI–; y por hacer perdurar el orgullo de grandeza como nación central del ahora moderno mundo global neoliberalizado.

Para contribuir al debate general y al implacable de las izquierdas, atravesado de incógnitas, incertidumbres, ideología y demás interpelaciones, el libro China. Secretos del desarrollo nos ayuda a desentrañar las más importantes improntas que recorren el presente y futuro del sueño chino y el de la utopía no realizada del socialismo o, si se quiere, del poscapitalismo con democracia otra, basada en un ethos igualitario y de libertad/es con justicia/s social, de la diferencia y riesgo ambiental.

El libro cuenta con la impronta del pedagogo mexicano Sergio Quiroz Mirada, Director del Instituto de Pedagogía Crítica Peter McLaren, en Ensenada, México, y quien desde joven se interesó por la cultura de los campesinos chinos migrantes desde comienzos del siglo XX a la ciudad de Mixcali, fronteriza con Estados Unidos. Conocimiento que, además de sus lecturas personales, él profundizó en 2015 al visitar varios lugares y directamente constatar las realidades actuales de China.

El autor, de manera amena, pedagógica, bien documentada y sucinta, recrea contextos y circunstancias históricas, políticas y culturales para explicar los extraordinarios secretos del modelo de desarrollo económico chino de los últimos treinta años. Al tiempo que nos devela pistas y algunas claves constituidas de un socialismo y modernidad sin occidente; es decir, de una pos-occidentalidad fundada en la espiritualidad y los valores de un neo-confucionismo constituyente de un nuevo humanismo mundializado (Le Monde diplomatique, edición Colombia, edición Nº 147, 201).

El profesor Quiroz Miranda, al viajar a China también quizo despejar diversos interrogantes que había acumulado en sus lecturas e investigaciones, entre ellas: ¿China es un país socialista o capitalista?, ¿por qué China ha crecido tanto en tan corto tiempo, como país alguno lo ha logrado? y, ¿por qué China apadrinó un modelo capitalista para construir el socialismo? Para dilucidarlas, en su viaje entrevistó a dirigentes del actual Partido Comunista Chino (Pcch), que así respondieron: Los grandes pensadores del socialismo científico, Marx y Engels, así como Lenin, proporcionaron una respuesta a como pasar de un estado de inmenso atraso al socialismo, y China después de 2000 años de feudalismos debió descubrir ese camino, y es lo que está haciendo.

Odisea de tal experimento que empezó en 1978 de la mano de Deng Xiaoping, al ocupar la presidencia del Pcch y de la República, luego de la muerte de Mao, quien en vida, pese a su agudeza política, fracasó en sus proyecciones económicas con El Gran Salto Adelante y con la traumática Revolución Cultural de 1968.

Para adelantar su plan económico, Deng contaba con la experiencia de los años sesenta, cuando junto con Liu Shao Shi había iniciado un programa de recuperación económica, desmantelando las Comunas Populares y dándole apertura a formas de propiedad mixta. Con este antecedente, Deng reedita el marxismo de las fuerzas productivas de la NEP leninista, o el paradigma del Capitalismo de Estado, pero sin la estrategia de la Revolución cultural instrumentalizada por Lenin con fundamento en la cooperativización del campo y la economía del país.

Contrario a lo sucedido con la destrucción de la NEP rusa por parte de Stalin en 1928, la del país asiático lleva más de cuarenta años, ahora bajo el rótulo de Socialismo de mercado y con el cerrojo político de la planeación centralizada, bajo el control económico y el de las finanzas por parte del Pcch. Modelo económico de desarrollo que, más allá de las distintas observaciones, críticas e incertidumbres que suscita, es a todas luces exitoso y supera con notables creces los mismos avances económicos de los dominantes países capitalistas centrales. Así lo afirmaría el FMI en su Informe de 2014, al señalar que la economía China es más grande y productiva que la de los Estados Unidos.

De otra parte, con respecto a la transformación de las relaciones sociales de producción, anunciada por todas las revoluciones emancipatorias, llevando la propiedad de todos los medios de producción al proletariado y al pueblo triunfantes, el país asiático tampoco deja de ser una excepción plena de contrastes y de conflictos con sus trabajadores/as urbanos y rurales. En efecto, el Estado controla los bienes estratégicos, permite la inversión privada pero en condición de minoría frente al Estado, quien prioriza en toda su inversión lo público. Es así como pudieron, desde 1978 y según cifras que aporta este libro, sacar 400 millones de personas de la pobreza y, de acuerdo con estimaciones del Banco Mundial, para el 2022 habrá eliminado la pobreza extrema.

Todo un mar de contrastes. Ahora existen 200 millones de personas de clase media con alta capacidad de consumo de bienes, que en 2025 bordearían los 800 millones. A la vez, han ascendido a 2 millones los grandes multimillonarios y algunos de ellos han ingresado también al Pcch, al tiempo que crece la desigualdad social.

Según el índice de Gini urbano, en 1980 era de 0.16 y el rural de 0.31, revelándose como una sociedad muy igualitaria; para 2010 éste último fue del 0.612 y el urbano en 2015 se disparó al 0.51, lo que ubica a China como uno de los países más desiguales del mundo; y con la presencia asimismo del fenómeno de los vendedores ambulantes y de otras patologías sociales (Dávalos, 2011) propias de los actuales países capitalistas desarrollados.
Lo que tenemos aquí son las evidencias y dilemas que tuvieron que enfrentar al decidir dejar atrás el socialismo vía Mao –podríamos decir–, y enrutarse en una economía de nuevo tipo para poder enfrentar los retos deparados por una sociedad poblada por millones de personas que habían sido negadas de todo derecho por el imperio que llegó hasta 1948.

Los diversos retos que ahora enfrenta este país y el Pcch, bajo la conducción de Xi Jimping, se resumen en poder reencausar al país al socialismo, lo cual deberá ser así en 2050, con destierro de toda forma de explotación y opresión que salde la deuda social histórica con el inmenso proletariado del constituido socialismo de Estado chino realmente existente y en transición a un reconfigurado “Socialismo con mercado”, re-constituyente de una economía plural y diversa centrada en las lógicas de a cada quién según sus necesidades y con democracia atiborrada de derechos, autogestión y co-decisión colectivas desde abajo de las empresas, la institucionalidad y del Estado socialistas que, igualmente, superen la contradicción entre el trabajo manual e intelectual y la existente entre el campo y la ciudad (Zibechi y Machado, 2016).

Información adicional

Autor/a: Alejandro Mayorga Sandoval
País: China
Región: Asia
Fuente: Le Monde diplomatique, edición Colombia N°173

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