
Al Jesús, al maestro que no se va y al amigo que no nos deja
Pensé dejarlo solamente así, un grande, sencillo y contundente ¡GRACIAS!, pero creo que a él le debo explicárselas, puesto que fue lo último que me escribió en un correo electrónico: “Muuuuuuuuchaaaaaaaaaas gracias, Iñaki”.
Gracias a ti, al Jesús
Por tu mestizaje fruto de la circunspecta meseta castellana y la abierta sabana bogotana
Por sentir ese escalofrío epistemológico que te llevó a pensar que había que cambiar el lugar desde el que nos hacemos las preguntas
Por mezclar tu alma filosófica con tu corazón comunicador
Por tus palabras y tus acciones
Por meterle país a la universidad
Por tus cartografías nocturnas para construir sentidos
Por ser ese guerrero que nos invitó a soñar, o sea a reinventar el mundo y la vida
Por tu poesía crecida al frío de las cartillas de racionamiento y al calor de tu madre
Por haber clavado los cordeles de tu tienda, junto a Elvira, en las tierras colombianas
Por enseñarnos que el amor es el revés del tiempo
Por tus collages viajeros y sus historias, desde Benjamin a Ricoeur, anclados en tu estudio
Por preguntarnos ¿A qué sabe algo que tiene el sabor de muchos años?
Por todas tus mediaciones que han articulado tanto y han influido a tantas y tantos
Por todo lo que nos has enseñado en tu fructífero y machadiano caminar
Por devolverme “un chorro de luz latinoamericana” para que trazara “caminos sobre la mar”
Por respaldarme, por trabajar conmigo, por prologar mi libro…
Por estar ahí, por ser un MAESTRO, por ser un AMIGO
Gracias, sin más y sin punto final
Hasta siempre, el Jesús
13 Jun 2021



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