No todo marcha bien en la tierra de fans de Barack Obama. No queda claro exactamente a qué se debe el cambio de humor. Quizá sea el rancio olor que emana el último rescate bancario realizado por el Tesoro. O la noticia de que el principal consejero económico del presidente estadunidense, Larry Summers, ganó millones de dólares de los bancos y los fondos de cobertura que ahora protege de la re-regulación. O quizá comenzó antes, con el silencio de Obama durante el ataque de Israel a la franja de Gaza.Lo que sea que haya sido la gota que derramó el vaso, un creciente número de entusiastas de Obama comienza a pensar en la posibilidad de que su hombre no va a salvar al mundo con el solo hecho de que todos nosotros estemos muy esperanzados.
Está bien. Si la cultura de superfans que llevó a Obama al poder se va a transformar en un movimiento político independiente, uno lo suficientemente fuerte como para presentar programas capaces de afrontar las crisis actuales, todos vamos a tener que dejar de tener esperanza y comenzar a demandar.
Acudí a uno de sus últimos libros, La esperanza muere al último. No tuve que leer mucho. El libro comienza con las palabras: “La esperanza nunca gotea, nunca va de arriba hacia abajo. Siempre brota de abajo hacia arriba”.
* Es autora de La doctrina del shock.



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