Que mejor forma de terminar un año con ilusión y empezar el nuevo con ganas que encontrarse con el ingenioso hidalgo de la Mancha en tierras santandereanas. En “La casa del Quijote”, un museo sito en la localidad de Barichara, a trescientos veinte kilómetros al norte de Bogotá.
La ilusión o la razón, la de Alonso Quijano y Sancho Panza o la de todas y cada una de nosotras, se cruzan con la realidad del presente en forma de escenas quijotescas. El personaje cervantino nos pone nuevamente a pensar, esta vez a través de las figuras y los textos que las acompañan ideadas por el maestro Rodrigo Espíndola Chaparro y realizadas por el escultor Edison Ardila.
Después de haber pasado por Zapatoca y Villa de Leyva, este peculiar retablo de don Quijote se ha trasladado hasta el municipio de Barichara, considerado el pueblo más lindo de Colombia, para presentarnos los molinos que conforman la realidad de hoy a partir de representaciones en las que las figuras de Quijote y Sancho, acompañadas de los más diversos personajes, desde Lenin a los Beatles, nos ofrecen su mirada crítica y soñadora sobre problemas contemporáneos.
Con una museografía del propio Espíndola, y en el marco incomparable de una casa colonial semejante a cualquier morada manchega del siglo XVII, don Quijote y Sancho toman cuerpo y espacio para poner en duda el poder, la política, la religión o la comunicación y cuestionarnos como seres humanos y como habitantes de este planeta.
Más de cincuenta conjuntos escultóricos dan forma a otras tantas escenas en las que los personajes de Cervantes desafían a modernos molinos de viento y nos enfrentan a nuestras propias contradicciones y maneras de ser y estar en este mundo. Las figuras, creadas a lo largo de los últimos veinticinco años con el corazón y las manos por estos artistas colombianos, dan muestra de las necesarias y profundas reflexiones que deberíamos considerar sobre nuestro pasado y el posible futuro que nos espera.
Espíndola nos regala, a partir del personaje cervantino, su visión sobre cuestiones tan perentorias como la paz, la crisis ecológica o la diversidad cultural con la complicidad de un Quijote moderno que se enfrenta a todas ellas con su locura e idealismo y con la cordura y el pragmatismo de Sancho para darnos luz sobre la necesidad de su inaplazable solución.
En el escenario creado por este artista colombiano se reúnen muchas de las lecturas, frases e interpretaciones que sobre el Quijote han producido grandes pensadores y escritores. De Hume a Hawking, pasando por Borges, Dostoievski, Fuentes, García Márquez, Kafka, Machado, Unamuno o Vázquez Montalbán.

Según la doctora Alicia Redondo en su artículo “Cuánto hablan las mujeres del Quijote, los casos de Marcela y Dorotea”, incluido en el libro El Quijote en clave de mujer/es coordinado por Fanny Rubio, en las dos partes de Don Quijote aparecen treinta y nueve personajes femeninos, todas ellas respetables y respetadas por el autor y llenas de valores y de carácter, desde las dedicadas al cuidado de sus gentes, como el ama, hasta las autónomas y liberales, como la pastora Marcela que escogió la soledad de los campos para ser libre. Es por eso por lo que tal vez se le pueda poner un ´pero` a esta magnífica obra teatral y museográfica que es “La casa de don Quijote”: la ausencia de referencias femeninas sobre el personaje y la obra de Cervantes.
Por si lo tiene a bien, le sugerimos dar un lugar en su colección a autoras como Concha Espina, quien en su Mujeres del Quijote resalta cómo Cervantes dibujaba a las féminas «con qué viva misericordia sabía amar sus virtudes y perdonar sus yerros»; María Zambrano, para quien don Quijote era “un loco sagrado, un inocente que clama por su liberación de los encantos del mundo”, que estaba poseído por “la locura de su liberación, de la libertad” que se entrecruzaba con “la pasión de la justicia”; Monique Wittig, que convirtió a los personajes cervantinos en dos mujeres en su obra teatral El viaje sin fin, o Alejandra Jaramillo Morales, quien en las páginas de Las lectoras del Quijote junta a una española y a una indígena muisca que da gracias por la existencia del Quijote porque “sin ese libro no habría amistad. Nunca habríamos sabido entender el vacío de nuestras conversaciones, la imposibilidad de entendernos del todo, y sin embargo transitar por la felicidad de estar juntas. Y le agradezco al hombre de la mano inservible por darnos ese paraje de preguntas”.
En cualquier caso, sean o no ustedes desocupadas o desocupados lectores, si caminan por aquellas tierras, tan lejanas y tan cercanas a aquel lugar de la Mancha, no dejen pasar la oportunidad de encontrarse con esta mirada universal sobre don Quijote, sus sueños y sus luchas. Y no olviden que, en este museo “el único juez que resuelve el conflicto entre la locura y la razón es usted”.



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