Como pocas cosas en la vida tampoco ésta es
gratuita. Retrata la presencia de una de las multinacionales de explotación aurífera más potentes
del mundo, recordada en distintos países por sus incontables crímenes en contra de la humanidad.
Se recuerda,
por ejemplo, el financiamiento de grupos paramilitares en la República del Congo, los cuales
concretaron el desplazamiento de más de cuatro millones de habitantes de ese
país.

En efecto, en territorio de Cajamarca se descubrió uno de los
recursos más apetecidos por la humanidad: oro. Tras ese hallazgo, la compra de tierras, las amenazas
a quienes protestas por sus derechos, las muertes de campesinos bajo el supuesto de ser
“guerrilleros” ganó intensidad en esta parte del país. Ver:
Megaproyectos
y militarización
Despunta el
sol. El sabor amargo de la guerra no se despega de nuestra boca. Cajamarca es un municipio
militarizado. Así lo comprobamos en la marcha que efectuamos por sus calles el día anterior. En sus
esquinas sentimos y apreciamos el ambiente tenso característico de las zonas geoestratégicas, de las
que se beneficia la inversión extranjera de enclave. Soldados armados en la mayoría de esquinas,
trincheras para protegerse en caso de combate y ese silencio cómplice de aquellos secretos que sólo
guardan con celo los habitantes residentes ante el temor de ser señalados de
“algo”..
En la
primeras hora del día se realizó una reunión con los marchantes: los días pasan y los ánimos
requieren ser fortalecidos, es necesario procesar las dificultades presentadas, asumir el estrés y
el cansancio que ya muestras sus huellas en los cuerpos de quienes llevan por las carreteras del
país más de diez días. Con cada avance del calendario nos acercamos a la meta, pero también nos
apartamos más y más de las casas y familias de muchas de las
personas que integran la lucha contra el hambre y por vida digna. La ausencia de la familia también
se siente.
Trascurridos
unos minutos, nos alistamos como siempre y partimos. Esta vez las chivas arrancan hacia la capital
del departamento, Ibagué. Abandonamos el pueblo atravesando el puente en reparación, el mismo que
cobró en días pasados la vida de tres obreros..
Tras un trayecto de media hora, aparcamos en el Boquerón. Desde
ahí marchamos hasta entrar a la ciudad de Ibagué. Caminamos largo trecho, entre consignas y
pancartas. Al llegar al centro un alegre encuentro: los estudiantes de la Universidad de Tolima nos
recibieron con alborozo y fraternidad, lo que reafirmó el camino trazado y el que
falta.
Caminamos por
varias calles de la ciudad hasta arribar al parque Murillo Toro. Nos concentramos allí. Estuvimos un
buen tiempo, compartiendo palabras con los estudiantes y tribus urbanas. al rato sonó música punk, mientras entonaron sus ritmos al son de resistencia.
Las líricas de denuncia social colmaron el ambiente, hasta el lugar más recóndito del parque, para
darle la bienvenida a la Marcha Nacional por el Hambre.

Partimos nuevamente. Marchamos hasta llegar a la Universidad de
Tolima. Una comitiva considerable de estudiantes estuvo presente. Sucedió en horas de la tarde,
cuando fuimos recibidos cálidamente por una comparsa y un grupo de música Hip Hop.
Resguardamos
nuestros cuerpos en la Universidad. Allí pasamos la noche. Un clima caliente alcanza nuestros
cuerpos con inclemencia, auque todos sabemos, que nada comparable con el que nos espera al día
siguiente, cuando entremos en Girardot, el municipio tolimense puerto sobre el río Magdalena, lugar
de tantas luchas de los braceros durante los primeros años del siglo XX, pero también “autopista”
obligada en las luchas de independencia del siglo XIX. Allí estaremos el martes, mientras se
preparan los últimos detalles para encarar con toda energía los próximos y últimos destinos:
Fusagasugá y Bogotá.
Por: Julián Carreño



Leave a Reply