Home » Cuando un mensaje anónimo se vuelve propaganda de guerra…

Cuando un mensaje anónimo se vuelve propaganda de guerra…

Hace un par de días recibí un correo electrónico (entre varios que recibo al día con linduras como ofertas para alargarme el pene o comprar Viagra bien baratito) que invitaba, anónimamente, a formar parte de una jornada de protesta contra las FARC porque, supuestamente, jóvenes idealistas en el extranjero le prenden velas a este grupo insurgente como si se tratara de una moderna encarnación de la Virgencita. Y con un ánimo crispado de paranoia, terminaba denunciando a Chávez por estar tramando tras bambalinas “algo” no especificado junto a dicha organización[1]. Tal mensaje ha sido seguido de una ola de mensajes McCarthyistas que denuncian la infiltración del chavismo como si este fuera el responsable del conflicto en Colombia.

Me decido a escribir algunas notas respecto a aquella convocatoria, principalmente, pues muchos amigos y gente cercana me han pedido mi opinión respecto a ella y la situación más general por la que atraviesa Colombia. Me animo, además, a escribir por una razón personal: pues muchos de los corazones más generosos que he conocido, de las personas más hermosas con las que me he cruzado, son colombianos. Escribo, pues, con un profundo amor por ese pedacito de tierra cuya sola existencia, pese a las dificultades, hace que el mundo sea un lugar más hermoso. Y escribo por último, por un sentido muy enraizado de lealtad con muchísimos colombianos que he conocido que están comprometidos con forjar una sociedad nueva, con paz y con justicia social. Muchos de ellos los conocí cuando participé en la Misión Internacional de Verificación sobre la situación humanitaria y de derechos humanos (DDHH) de los pueblos indígenas de Colombia (MIV) en Septiembre del 2006. Algunos ya están “muertos” o “moridos”, otros están en la cárcel acusados de delitos que no han cometido y otros –los que aún están afuera y vivos- persisten, con la necedad del que sabe que su causa es justa, a pesar de las amenazas y evidentes riesgos.

Una convocatoria funcional con la para-política y la Seguridad Democrática



Pasando ahora al tema en cuestión, a saber la convocatoria, de partida, me asaltan una serie de dudas derivadas de la lectura de aquella misiva. La primera, es que no logro explicarme en qué mundo viven las personas que redactaron tal declaración, pues
no sé donde se esconden esas masas que apoyan incondicionalmente a las FARC en el extranjero y que complotan contra Colombia. Toda la prensa internacional, repito, toda, condena en todos los formatos y tonos de voz imaginables las acciones de dicha organización, con una fuerza con la que ya quisiéramos que denunciaran “toda la violencia” de Colombia.

La segunda duda que me asalta, es
¿quién se encuentra detrás de dicha declaración? Al principio, nadie convocaba; después, apareció un ingeniero de Barranquilla; después, una organización llamada “un millón de voces contra las FARC”; y después terminó siendo el mismo gobierno de Uribe quien, el 18 de enero, la terminara apoyando. Pero su origen sigue siendo nebuloso, bajo una supuesta iniciativa ciudadana espontánea, planteando así una serie de dudas. Creo que convocatorias anónimas, virtuales, son una manera irresponsable de hacer las cosas. Y lo digo en un sentido muy literal: pues no hay quien asuma la responsabilidad, y por tanto, no hay quien aclare el sentido ni las intenciones detrás de una acción aparentemente inocente. Obrar de tal manera es como tirar la piedra y esconder la mano. Pero creo que una lectura atenta es mucho más reveladora de lo que su carácter anónimo pretende.

Debemos hacernos varias preguntas para esclarecer la intencionalidad de tal convocatoria:
¿es una protesta solamente contra las FARC? ¿No se hará ninguna mención al paramilitarismo que sigue operando en numerosas regiones bajo la nueva etiqueta de “Águilas Negras”?

A diario recibimos denuncias de parte de organizaciones populares y sociales colombianas que siguen viviendo bajo el terrorismo paramilitar. Denuncias las cuales, lamentablemente, no reciben el mismo eco que el drama de los secuestrados por las FARC. Sin embargo, se nos sigue insistiendo que el paramilitarismo ya no existe desde la supuesta desmovilización, y a lo que asistimos es a la emergencia de bandas criminales –bandas que, sorpresa, sorpresa, actúan muchas veces bajo los mismos mandos paramilitares (Vicente Castaño, “El Monje”, etc.), bajo las mismas estructuras, y que siguen extorsionando a los desplazados y amenazando a sindicalistas y dirigentes sociales[2]. ¿Cómo explicar todas estas notables “coincidencias” con la figura de bandas criminales “emergentes”?

¿No se hará mención del Plan Colombia, el cual sigue insuflando el conflicto con sus dólares y ha causado graves problemas a los campesinos, entre otras cosas, por las criminales y tóxicas fumigaciones? Esta es una grave “omisión”, sobretodo por el arrebato de patrioterismo con que los redactores terminan la misiva en contra de Chávez por sus recientes declaraciones, y sin embargo, no tienen ningún problema con el diseño e implementación de un plan político ideado en Washington, exclusivamente según los intereses hemisféricos del país del dólar y el cual tiene graves consecuencias para el presupuesto de Colombia y para sus derechos civiles, afectando diversos aspectos de la vida de todos los colombianos durante ya casi una década. Hay que recordar que desde el año 2000 los EEUU han inyectado más de U$4.000 millones en asistencia militar para seguir alimentando un conflicto ajeno… Cualquier lector desinteresado se percata que esta “omisión” no es sino hipocresía.

Sería conveniente que todos aquellos que se rasgan sus vestidos por las intervenciones del presidente venezolano, mostraran los mismos escrúpulos y el mismo súbito celo patriotero cada vez que el FMI, el BID o el Banco Mundial les dicta cómo conducir su economía, o cada vez que la Casa Blanca , la embajada norteamericana o la Comisión Europea los llama para darle instrucciones a sus políticos de turno. Para no hablar de la multitud de “asesores” técnicos y militares del “frío país del norte” asentados en territorio colombiano. Tal vez así sus gritos en defensa de la soberanía pudieran pasar como medianamente sinceros.

¿No se hará mención a la política de Seguridad Democrática que ha redundado en nuevas violaciones a manos del ejército y en una situación cada vez más grave con los desplazados? Esta situación ha sido reconocida por notables organizaciones de DDHH internacionales, como la Federación Internacional de Derechos Humanos, del Equipo Nizkor, Washington Office on Latin America, Human Rights Watch y Amnistía Internacional, entre muchas otras que dan prueba de lo anteriormente dicho. Todas estas organizaciones de DDHH, valga la pena aclararlo, han sido igualmente duras en la denuncia de las acciones de las FARC y no pudieran ser acusadas, más que por algún afiebrado que no ha de faltar, de simpatizar con la insurgencia[3].

Es de recordar que, por desagradables que sean muchas actividades de las FARC –y ciertamente que muchas lo son-, esta es solamente
una de las partes en un conflicto donde ninguna de las partes ha mostrado mayor altruismo y donde, sin embargo, las violaciones de las FARC no representan ni siquiera la mitad de los casos registrados anualmente. Un informe de Amnistía Internacional menciona que “más del 70% de las matanzas y de los homicidios políticamente motivados han sido cometidos por los paramilitares; el porcentaje asciende a más del 90% en los casos de ‘desaparición’”.[4] En el caso de los pueblos originarios (también llamados indios), que representa uno de los sectores más golpeados por el conflicto, la situación es aún más dramática: en la primera mitad del 2006, el 92% de las violaciones a DDHH han sido atribuidas a fuerzas estatales y no a los movimientos guerrilleros[5].¿Qué ocurre, entonces, con ese contundente porcentaje de violaciones por las que nadie responde? ¿No se piensa cuestionar en aquella manifestación?

Una organización campesina, CAHUCOPANA, decía con meridiana claridad el 29 de enero en un comunicado público por la muerte de uno de sus miembros: “Rechazamos la política gubernamental en cabeza del Presidente de la República , pues desde su llegada al gobierno no hacemos más que enterrar campesinos. Pedimos la solidaridad nacional e internacional para detener estos actos criminales y terroristas, que lo único que producen es miedo, pavor, repulsión en nuestros campesinos, que ven como única salida este pedido y la posibilidad de desplazarse a la ciudad en forma masiva.”[6]

Con este argumento, no pretendo que las FARC se encuentren libres de culpa, sino que deseo poner las cosas en perspectiva. Cuando los diversos grupos insurgentes han cometido abusos, hemos sido los primeros en condenarlos, junto a las organizaciones populares que apoyamos en Colombia y a las cuales hemos venido acompañando en este ya demasiado largo proceso[7]. Pero nos negamos a hacer la vista gorda ante los graves ataques y violaciones de las fuerzas paramilitares así como de las fuerzas del Estado, las cuales, a fin de cuentas, constituyen el grueso de las violaciones. Si se va a denunciar la violencia contra civiles, que sea en serio, y se denuncie a ésta venga de donde venga y considerando la parte de responsabilidad específica que a cada actor cabe. Que no se utilice a un chivo expiatorio (en este caso las FARC) para hacer que otros se laven de sangre las manos.

Todas las partes en conflicto han cometido violaciones sistemáticas de los derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario, pero los
paramilitares, en connivencia con el Ejército, son responsables de la mayoría de los homicidios de civiles, las desaparaciones y los casos de tortura en los últimos años.”[8] Quien dice esto no es ni Osama bin Laden, sino que Amnistía Internacional.

Dicho sea de paso, si se va a denunciar la violencia de los diferentes actores, ésta también debe ser sopesada conforme a las responsabilidades que éstos han asumido. El Estado ha firmado voluntariamente todos los tratados internacionales de derechos humanos y, en realidad, tal firma no ha sido más que letra muerta. Dicho Estado, por tanto, debiera ser el garante del cumplimiento de estas normativas y, sin embargo, está constantemente quebrando dicha legalidad y poniéndose de manera permanente, con un sinnúmero de acciones que han salido a la luz con la para-política, al margen de la ley. La responsabilidad que las guerrillas tienen no es de una naturaleza jurídica o diplomática, sino que netamente ética: pues dicen luchar por una sociedad nueva, pues dicen hablar desde valores nuevos, y particularmente las FARC, incurren con frecuencia en acciones que son calco y copia de aquellas de la institucionalidad que dicen combatir.

Teniendo estas consideraciones en mente, creemos que es importante condenar todas las partes del conflicto.
Creemos que si se denuncia la violencia de manera “selectiva”, solamente la de las FARC y no toda la violencia, lo que se hace, objetivamente, es ponerse de uno de los lados del conflicto, del lado del Plan Colombia, del Plan Patriota, de la Seguridad Democrática , de la Parapolítica, y no podemos nosotros hacer tal cosa por lealtad, ya que hemos visto y trabajado con personas que han sido víctimas de la otra violencia de la cual no se habla: la violencia de Estado y la de la derecha política. Lamentablemente, las víctimas de este último tipo de violencia son las que menos apoyo reciben, aunque son las más numerosas. Rara vez se habla de ellas en los medios y esto quizás porque sus víctimas son pobres, son campesinos, son trabajadores, son indígenas, son negros, en fin, son sectores que pertenecen a aquella clase social que quizás ha sufrido injusticias y violencias por tanto tiempo que ya hasta casi parece normal si las balas les matan solamente a ellos.

Pero no somos tan ingenuos como para creer que tan importante omisión se deba a un mero descuido, o que, sencillamente, se trate de una entre muchas denuncias: claramente, este mensaje proviene de sectores uribistas y no me sorprendería si el origen de semejante mensaje pudiera rastrearse hasta la Casa de Nariño, sede del gobierno colombiano, escondiéndose detrás de una supuestamente inocente iniciativa ciudadana. Pasada toda la paranoia, no será raro que el mismo Uribe aparezca capitalizando la asistencia nutrida que, sin lugar a dudas, esta manifestación tendrá, como espaldarazo a su política guerrerista.

Cuando la política se disfraza de “apolítica”



Quienes impulsan esta convocatoria han planteado, cuando les he comentado los puntos anteriormente enunciados, que en ningún caso se trata de una convocatoria política, sino que de una iniciativa ciudadana. Independientemente de los ropajes con los cuales se quiere vestir a dicha iniciativa, debo confesar que hiede, por todas partes, a política. Y a política de la mala, a aquella política que (quizás por vergüenza) se disfraza de no-política, de apoliticismo.
Tal actitud es típica de aquellos que son incapaces de defender sus posturas y se instalan, al declararse apolíticos, más allá del cuestionamiento, más allá de la necesidad de justificar sus posturas y dichos, más allá del rendimiento de cuentas. Tal situación es preocupante, pues en Colombia, al igual que en el resto de nuestra América Morena, toda la clase política se ha situado fuera del alcance de la rendición de cuentas a sus ciudadanos, fuera de la posibilidad de crítica, se han situado “más allá del bien y del mal”.

¿Por qué los convocantes no son capaces de decir para quién trabajan o de dónde nació esta iniciativa? La espontaneidad nunca es tan radical y absoluta, y siempre detrás de convocatorias como éstas, hay un trabajo preparatorio previo. ¿Por qué estos anónimos Quijotes son incapaces de reconocer que son políticos, que buscan un objetivo claramente político y que se sustentan su demanda en una política que ha sido claramente delineada como Doctrina de Seguridad Democrática? Que tengan el valor de decirlo, que tengan el valor de reconocer todo cuanto es demasiado obvio para un lector medianamente informado y sagaz. Pero estos uribistas mal disfrazados optan por la cobardía, optan por ocultarse detrás de un comunicado virtual que manipula la justa indignación que mucha gente ha de sentir por los excesos y abusos de las FARC.

Así, estando fuera del alcance de las críticas, pueden desviar el fuego exclusivamente hacia uno de los actores de este conflicto. Tal denuncia selectiva caerá como maná divino a los para-políticos que encontrarán un respiro con esto y tratarán de darse la razón aludiendo a que el fin justifica los medios.

No es casualidad que, tras la liberación de las dos parlamentarias gracias a la mediación de Chávez, aparezca, “espontáneamente” semejante iniciativa.
Ella es, en realidad, un esfuerzo por contrarrestar, desde la lógica de la “Seguridad Democrática”, la posibilidad de alternativas a la vía militar para la solución del conflicto. No es casualidad que se intente desviar toda la atención hacia las FARC, precisamente, en momentos en que la fraudulenta desmovilización y la re-articulación del paramilitarismo comienzan a ponerse en evidencia, junto a los vínculos que les hermanan a sectores del gobierno. ¿Qué la liberación de las dos parlamentarias es una mamadera de gallo?. Eso afirma el mensaje, como para bajarle el perfil al hecho innegable de que una vía política dio efectos que la vía militar propiciada por Uribe no ha podido dar.

Entonces, no estaría mal preguntarse también ¿la ley de justicia y paz no ha sido otra mamadera de gallo? ¿las aventuras de rescate no han sido tampoco mamaderas de gallo? ¿todas las veces que el gobierno ha dicho buscar el diálogo para volver a dar pie atrás una y otra vez, no son mamaderas de gallo tampoco? ¿el doble estándar mostrado hacia los distintos actores armados, no es otra mamadera de gallo? ¿el término del paramilitarismo no es otra mamadera de gallo? ¿la permanente violación de DDHH por parte de un gobierno que ha firmado toda clase de protocolos internacionales no es tampoco otra mamadera de gallo? La lista de mamaderas de gallos es interminable.

Los ciudadanos de primera y segunda



Lo que realmente es una “mamadera de gallo”, es que
aquellos que tienen sus propias manos manchadas de sangre colombiana y aquellos que toleran la violencia mientras ésta arrecia en Ciudad Bolívar, en Córdoba, en el Putumayo, en el Chocó, en el Cauca, sin perturbar su digestión, peguen el grito en el cielo cuando esa misma violencia toque las puertas del norte de Bogotá. ¿Dónde han estado todos estos años estos anónimos Quijotes? ¿Dónde han estado cuando miles de sindicalistas han sido asesinados? ¿Dónde han estado cuándo el paramilitarismo, en connivencia con el gobierno y el ejército, han cortado indios y negros en pedacitos para dejarlos regados por el Chocó? ¿Dónde han estado cuándo el paramilitarismo y la militarización han convertido a Colombia en el segundo país del mundo (después de Sudán) con mayor número de desplazados en el mundo (alrededor de 3 millones)[9]? ¿Dónde han estado cuando se estaba practicando el genocidio en contra de todo un pueblo, el pueblo Kankuamo en la Sierra Nevada ? ¿Dónde han estado cuando se exterminó a un partido completo, a la UP [10]? ¿Dónde han estado cuando las otras víctimas se han manifestado y han trabajado por décadas para que establezca la verdad y la justicia?

Este silencio cómplice nos hace pensar que en realidad en Colombia hay ciudadanos de segunda, y de primera. De los de segunda, ni se habla aunque los masacrados y desplazados se cuenten de a miles. Mientras las víctimas sean indios, negros, campesinos, obreros, el país puede seguir durmiendo tranquilo (o al menos, aquel país que se refugia en sus barrios bien y en sus universidades privadas). Pero de los de primera, bueno, ahí si que toda la prensa nacional e internacional se escandaliza cuando son víctimas del conflicto. Pues esos ciudadanos de primera no solamente monopolizan las riquezas en una sociedad extremadamente desigual, sino que también monopolizan para sí la compasión humana, eclipsando con sus apellidos notables e historiales cosmopolitas el drama de miles de otros colombianos, que, desafortunadamente para ellos, no tienen ni los contactos, ni los apellidos, ni los medios, ni la sapiencia técnica para manejar un Facebook, como para que su calvario tenga algún valor o pueda mover a la misericordia de aquellos más favorecidos por el modelo económico.

La tolerancia que estos anónimos convocantes, en una supuesta cruzada por la paz, muestran al rearme del paramilitarismo es bastante decidor. ¿Qué las FARC han cometido abominaciones? Eso ya se ha dicho en todas las lenguas posibles de este planeta. No se requiere ni de mucho valor ni de mucha lucidez para repetir lo que todo el mundo sabe, lo trillado. Como tampoco se requiere de mucho coraje para arrimarse de los argumentos de quien grita más fuerte, de quien tiene los dólares de su parte y de quien monopoliza la ley. El valor se requiere para enfrentarse, con las manos vacías, al que manda mediante el temor.
Valor se requiere para hablar con voz propia, como miles de colombianos “de segunda” lo hacen, arriesgando su propia piel, y no con voz prestada.

No me parecen tan censurables aquellos que, por ignorancia o por la falta de costumbre de pensar independientemente, y que creen que lo que dice El Tiempo es la Verdad Revelada o el Verbo Divino, darán el amén a esta convocatoria y a todo lo que diga el gobierno. Como dijo alguien hace mucho tiempo “Perdónalos Señor, no saben lo que hacen”. Me parece mucho peor la cobardía de aquellos que son capaces de reflexionar críticamente, de aquellos que saben, de aquellos que se dan cuenta de estas maniobras y prefieren callar, ora por comodidad, ora por condescendencia. Con tal actitud no hacen ningún favor ni a su país ni a su pueblo. Mucho menos, a ese sector de su pueblo cuyo dolor está condenado a la indiferencia.

La Violencia y la solución política


Creo que la convocatoria, como se desprende de todo cuanto he declarado, no aporta en lo más mínimo a fomentar una paz duradera.
Tal iniciativa busca, a través de manipulaciones[11], capitalizar apoyo para la política militarista de Uribe. Su único resultado puede ser fomentar una política que profundiza el conflicto y que es cómplice de la victimización de importantes sectores olvidados de la sociedad colombiana, alimentando ese espiral de violencia que inunda casi todos los rincones de la sociedad colombiana.

Un artículo reciente de Claudia Julieta Duque (“Sobre Facebook y otras manipulaciones”) plantea los probables escenarios que la convocatoria puede abrir: “Colombia, un estado paranoico en el que el 81% de los salarios estatales se invierten en el sector de seguridad y defensa, y no en médicos, educadores y jueces, se encuentra en la última fase de la crisis en torno al secuestro, y terminará por aceptar cualquier tipo de respuestas con tal de generar “soluciones” al problema. Esto es, más bombardeos incluso a costa de la muerte de los secuestrados, un mayor recorte de nuestras libertades, mayores señalamientos, detenciones y ataques contra los sectores de la población que se oponen por las vías legales, aunque por éstas ejercer la oposición sea casi un imposible, y justificaciones por la monstruosidad de unos en contra de los horrores de otros. Se nos dirá que los paramilitares no podían ser ángeles, que tenían que ser monstruos para poder luchar contra aquellos criminales sin alma y sin humanidad, y terminaremos aceptando que es mejor un inocente preso que cien culpables en la calle, y las encuestas dirán que Uribe, ahora sí, tiene el 99% de popularidad: que sólo están en su contra los terroristas que huyen hacia Venezuela o se encuentran presos o enterrados en fosas comunes. Y los parapolíticos serán amnistiados y reelegidos, y Uribe comenzará su tercer período con millones de desplazados que no importan, porque para ellos esta patria no es más que un lugar del que han sido desterrados desde tiempos inmemoriales.

¡A marchar el 4 de febrero!
”[12]

Desde esta perspectiva, la convocatoria no debiera ser apoyada, más aún si se quiere hacer caso al clamor de los familiares de los secuestrados que demandan una solución humanitaria y el cese de las aventuras militares de rescate, clamor que el uribismo ha decidido ignorar en su empecinamiento belicista. No debemos sorprendernos, entonces, de que los familiares hayan decidido no participar en esta jornada.

La única vía para solucionar el conflicto, es una solución de carácter político. Ya basta de negar que hay una guerra civil en un país donde han muerto, al menos, 70.000 personas en las dos últimas décadas. Ya es hora de que la opinión pública colombiana se atreva, sin miedo, a mirar a su rostro en el espejo del conflicto, en vez de estar como la reina de historietas infantiles mirándose condescendientemente “espejito, espejito, ¿quién es la más bonita?”. Ya basta de la fantasía de la sociedad ideal, perfecta, en la cual los actores armados son algo así como un cáncer de carácter externo, sin historia, sin desarrollo, sin raíz, casi como si se tratara de una raza venida de Marte. Ya basta de cerrar filas ante la crítica y negarla repitiendo que aquí no pasa nada, que “somos el país más feliz del mundo”, mito frívolo con el que se amortaja la nación. La guerra civil no puede seguir ocultándose tras las manillitas tricolores y la retórica del “estamos bien, mañana mejor”[13].

Para solucionar un problema, es necesario primero reconocerlo.
Hay que asumir que el conflicto tiene causas estructurales, profundamente arraigadas en la sociedad, y que mientras éstas permanezcan intactas el conflicto puede mutar, puede reconfigurarse en diferentes actores armados, en diferentes formas de violencia, pero que la constante permanecerá ahí: en que la violencia seguirá siendo un invitado de piedra como lo ha sido en prácticamente toda la vida republicana de Colombia, y seguirá siendo la manera privilegiada de todas las partes para solucionar los conflictos de cualquier orden. Mientras la violencia desnuda se mantenga como la respuesta unívoca del Estado para mantener el status quo, no habrá paz. Tal situación ha estado en la génesis del conflicto y esta es la razón por la cual diversos actores que han buscado el cambio por otras vías, han sido empujados, en última instancia, a la lucha armada.

Como decía Daniel Samper, hermano del ex-presidente colombiano (y alguien que ni de cerca pudiera ser acusado de apoyar a las FARC-EP):

Sería muy peligroso olvidar que los FARC surgen de un problema social, porque de otro modo pensaríamos que mediante la mera represión se va a solucionar el problema de los grupos armados en Colombia (…) Violencia contra violencia no lleva a una solución. Es preciso llevar a cabo diálogos, negociaciones. La sola fórmula violenta en 40 años ha llevado a la multiplicación de las personas que están armadas en Colombia, llámense guerrilleros, narcotraficantes o paramilitares (…) Si en nuestro país no hay una solución social al lado de la solución política en el término de 10 a 20 años otra vez estaremos combatiendo contra campesinos sin tierra y muchachos sin empleo“[14].

Terrorismo e insurgencia



Quiero referirme brevemente a la propuesta de Chávez de aceptar a las fuerzas insurgentes como fuerzas beligerantes y no como terroristas. Una mención a ella es obligatoria debido a que es mencionada en la convocatoria que venimos discutiendo. Dejando de lado por un momento otras cosas que Chávez ha hecho o dicho, algunas de las cuales no han sido tan afortunadas, esta propuesta tiene bastante sentido y pone el dedo en la llaga abierta de la conciencia colombiana. Creo que por esta razón en particular, la respuesta de Bogotá ha sido tan histérica.

Tal propuesta, ciertamente, pone en evidencia el doble estándar con que el gobierno colombiano maneja sus relaciones con los distintos actores del conflicto armado: mientras la insurgencia es terrorista, al paramilitarismo se le dio todo el estatus político y se le dieron fabulosas garantías de negociación… ¿por qué será? Después del escándalo de la para-política, no pueden caber dudas.
Pero lo realmente relevante de la propuesta es que, además, permite comenzar a buscar una alternativa no militar de solución. Esto, pues:

1. Un rótulo como el de “terrorista” no explica los orígenes del conflicto, ni por qué el conflicto se ha arrastrado durante tantas décadas, ni explica la naturaleza dispar de los actores armados.
Semejante rótulo sirve para justificar la imposibilidad del diálogo y no hace más que prolongar la necesaria solución política a la cual tarde o temprano tendrá que llegarse. Sin solución política, el conflicto podrá prolongarse, con suerte, por cuatro décadas más.

2. El terrorismo no es patrimonio de ninguno de los actores armados en particular. Todos ellos, incluido el mismo Estado colombiano, han incurrido en prácticas que pueden ser calificadas como terroristas.

3. La aceptación de los movimientos guerrilleros como grupos beligerantes abre las puertas para la aceptación, por parte de éstos, de la Convención de Ginebra. Lo que significa que inmediatamente asumen una responsabilidad ante la comunidad internacional de la cual hoy se encuentran exentos.

Personalmente, no creo que aceptar el estatus de beligerancia de las FARC sea aprobar su accionar. Ni siquiera creo que signifique desconocer aquellas acciones que abiertamente constituyen actos de terrorismo. Significa, sencillamente, buscar la manera de encontrar una salida humanitaria a un conflicto que ninguna de las partes ha podido ni podrá ganar por medios militares y que arriesga prolongarse indefinidamente con el consabido sufrimiento de millones. Además, si todos los actores son juzgados por la naturaleza de determinadas acciones que han cometido, la lista de terroristas en Colombia se vuelve interminable, partiendo desde el mismo Estado para abajo.

Buscando la luz en un callejón sin salida



Personalmente, no me hago ninguna falsa ilusión respecto a la capacidad de solucionar el conflicto de una clase política mediocre que, desde hace varias décadas, ha carecido de un elemento fundamental para superar esta clase de cosas: inteligencia[15]. Su único recurso, ayer como hoy, es la fuerza bruta. Y mediante este pobre recurso, con el que se consume y desangra toda una nación, el conflicto puede seguirse alargando ad infinitum. Menos ilusiones me hago ahora que el Estado está comandado por una persona obsesionada con la solución puramente bélica del conflicto, y que mientras persigue su capricho, sin ningún miramiento de los “efectos colaterales” de sus políticas, hipoteca y juega irresponsablemente con el futuro de 40 millones de personas.



Jamás he confiado en los de arriba. Creo que semejante solución no se encuentra en manos ni de la clase política, ni de los actores armados.
Tal solución solamente es posible si se involucran decididamente aquellos colombianos de segunda, que desde sus organizaciones sociales de base han venido trabajando propuestas para sacar el conflicto de las manos de quienes no han podido superarlo desde hace décadas. Si los de siempre no han hecho más que seguir empantanando el conflicto, es entonces la hora de quienes han sido tradicionalmente excluidos, es decir, de la mayoría de los colombianos. Es solamente la participación activa del conjunto del pueblo en el diseño de una agenda de paz y de justicia social la cual puede signar el inicio de una nueva era, en la cual se eche mano a esos aspectos estructurales que reproducen la violencia.

Hasta el momento, sin embargo, la única respuesta del Estado a la protesta y a la movilización social ha sido la violencia institucionalizada con la cual se pretende mantener a la “chusma” a raya. Con Uribe, esta tendencia no ha hecho sino empeorar. Y con ella, se mutila a aquel sector del cual pueden salir las bases de una nueva Colombia.
Sabemos que no se puede esperar de brazos cruzados a que den al pueblo una invitación a participar –ese lugar ha de ganárselo el mismo pueblo, con su propia movilización y negándose a ser instrumentalizado por los sectores beligerantes. Ese es el primer paso para ganar la voz propia que le permitirá el pasar a ser, de una buena vez, el protagonista de su propia historia.

… Al final



Nosotros hemos apoyado todo lo que sean iniciativas surgidas desde el pueblo colombiano, que busquen la solución al conflicto, la paz, pero también la justicia social, pues el telón de fondo de la violencia siempre es la exclusión, la falta de oportunidades y una sociedad dividida herméticamente en sus clases sociales.
Para que haya una Colombia (y una Latinoamérica) donde no haya ciertos colombianos “más colombianos que otros”, o donde el drama y el dolor de unos no sea “más drama y dolor” que el de otros, donde no haya muertos que “sangren” más que otros ni secuestrados que “desaparezcan” más que otros. Ojalá llegue el día en que todas las muertes, desapariciones, secuestros y demás aberraciones pesen igual, y que el drama de los familiares no sea utilizado por otros que están también involucrados en violaciones de derechos humanos para lavarse la cara.

Pero aún estamos lejos de ese día. E iniciativas como esta lo alejan aún más. Una iniciativa que dice preocuparse de los secuestrados pero da la espalda a sus familiares; una iniciativa que habla de derechos humanos, pero ignora los derechos humanos de ese 80% de víctimas que no son imputables a las FARC. Una iniciativa que habla de paz, pero se pone del lado de una de las partes del conflicto (y de hecho, de la peor parte). No se puede hablar de paz mientras se afilan los cuchillos. Esto es propaganda de guerra muy mal disfrazada. Muchas veces, tan importante como quiénes estarán son los que no estarán, o porque estén muertos, o porque están desaparecidos o porque han sido víctimas de los actores invisibles, del gobierno y del paramilitarismo. Víctimas que no tienen siempre los medios ni los contactos para que su tragedia sea escuchada. Y tan importante como lo que se dice es lo que no se dice: el silencio en este caso es cómplice. Y no hay que ser un genio para saber con qué parte es la complicidad.

Y antes de terminar, quiero ser claro: que los principales animadores de esta manifestación no condenen toda la violencia, sino que se hagan con su silencio cómplices de las violaciones del Estado y de la derecha, no es una mera coincidencia. Los principales animadores de esta marcha, en realidad, se encuentran imposibilitados de condenar toda la violencia, puesto que ellos mismo pertenecen a aquella clase social que se mantiene en el poder solamente mediante la violencia.

Estas palabras las he escrito con un profundo amor hacia el pueblo de Colombia, pero también con un profundo dolor, de ver que la lucidez para buscar caminos de regeneración para la Colombia desangrada es una cualidad aún demasiado esquiva. Afortunadamente, del seno del bajo pueblo, surgen diariamente, con una obstinación sorprendente y admirable, voces que plantean las claves para encontrar aquellos caminos –tal camino es el que plantea la Coalición de Movimientos Sociales. Por décadas estas voces han sabido avanzar con todo en contra. Y con similar obstinación, nosotros seguiremos acompañando a esas voces y quizás aprendamos con toda esta parodia a gritar más fuerte. Hasta que se nos escuche.

José Antonio Gutiérrez D.
18 de enero -3 de Febrero, 2008










[1] Reproduzco a continuación parcialmente el correo electrónico mencionado. Me abstengo de reproducir la fecha de la convocatoria pues ese es un dato ya por todos conocido: TODA COLOMBIA SE CANSÓ DE TANTA MAMADERA DE GALLO, DE TANTAS MENTIRAS Y DE TANTA MALDAD.

Toda Colombia se cansó de que en los países del mundo que no saben nada de nuestro país existan JÓVENES INGENUOS que creen en la estúpida mentira , de que las FARC representa la lucha del pueblo colombiano.

· Toda Colombia se cansó de ver como un puñado de ASESINOS Y CRIMINALES juegan miserablemente con el dolor de los familiares de los secuestrados para exigir privilegios que no se merecen.

· Toda Colombia se cansó de estar arrodillada ante el terror, ante el miedo a perder la vida, la libertad y la dignidad por cuenta de estos GENOCIDAS.

(…) COLOMBIA ENTERA SERÁ UNA SOLA Y PACIFICA VOZ QUE MARCHARÁ PARA DECIRLE AL MUNDO DESDE LAS ENTRAÑAS DE SU ALMA Y DE SU CONCIENCIA, QUE NO QUEREMOS A LAS FARC, QUE RECHAZAMOS TAJANTEMENTE LA EXISTENCIA DE ESA GUERRILLA, Y QUE YA ES HORA DE LIBERAR A LOS SECUESTRADOS UNILATERALMENTE.

(…) Todos difundan este mensaje por toda Colombia, hagan llegar este mensaje a todos sus contactos, y reguémonos como pólvora, porque seremos todos protagonistas de un momento unico en Colombia, el momento en que les diremos al mundo entero, ¡NO MAS FARC¡ ¡NO QUEREMOS MAS FARC¡ DEJENOS EN PAZ Y QUE TAL EL SHOW QUE NOS MONTO CHAVEZ CON LA LIBERACION DE CLARA, EMMANUEL Y CONSUELO ? ES SOLO PANTALLAZO Y PROTAGONISMO, QUE SERA LO QUE ESTA TRAMANDO CHAVEZ CON AYUDA DE LAS FARC CONTRA COLOMBIA Y NOSOTROS LOS COLOMBIANOS, DESPERTEMONOS Y DIGAMOS NO MAS !!!!!!!!!!

[2] Cuando participamos de la Misión Internacional de Verificación sobre el estado de los derechos humanos de los pueblos originarios de Colombia en Septiembre del 2006, tuvimos la oportunidad de comprobar la existencia de las Águilas Negras antes de que ningún medio de prensa hablara de este “fenómeno”. El documento final de esta misión puede consultarse en:

http://www.nodo50.org/pachakuti/textos/hemeroteca/2006_2/declaracion_miv.html

Los diversos documentos que detallan la información recopilada por la misión en detalle, pueden ser consultados en:

http://www.onic.org.co/mision/documentos.shtml

[3] Pueden revisarse los siguientes comunicados, declaraciones e informes para hacerse una idea de la magnitud del conflicto y la responsabilidad de las diversas partes en él:

http://www.fidh.org/IMG/pdf/Colombiejustice481-32007.pdf ; http://www.derechos.org/nizkor/colombia/doc/informecol.html ; http://www.wola.org/index.php?option=com_content&task=viewp&id=583&Itemid=8&LANG=sp ; http://www.wola.org/media/Colombia%20rights%20document%20Oct%2007.doc ; http://hrw.org/spanish/docs/2007/11/07/colomb17287.htm ; http://hrw.org/spanish/docs/2007/05/02/colomb15867.htm ;

http://www.es.amnesty.org/paises/colombia/pagina/el-conflicto-en-cifras/ ;

http://www.es.amnesty.org/paises/colombia/pagina/el-conflicto-que-no-cesa/

[4] http://www.amnesty.org/es/alfresco_asset/fa5f44a1-a3ce-11dc-9d08-f145a8145d2b/amr230512004es.pdf

[5] http://www.onic.org.co/img_upload/96df49093b8074b04d1da971a7a419d1/doc_politico.pdf

[6] http://prensarural.org/spip/spip.php?article994

[7] Las cuales recientemente se han agrupado junto a otras organizaciones sindicales, indias, afrocolombianas, poblacionales y religiosas en la llamada Coalición de Movimientos Sociales http://www.onic.org.co/actualidad.shtml?x=1795

[8] http://www.es.amnesty.org/paises/colombia/pagina/el-conflicto-que-no-cesa/

[9] Este dato puede consultarse con el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR.

[10] 5.000 militantes.

[11] Y soy plenamente conciente de que cuando digo manipulaciones, me refiero a que estos objetivos políticos no se plantean abiertamente en ningún momento, sino que se pretende una “neutralidad” que no es tal..

[12] http://www.dhcolombia.info/spip.php?article480

[13] Cancioncita con que la dictadura de Pinochet, en Chile, embolinaba la perdiz en medio de la peor crisis económica que azotara al país, en 1982.

[14] www.bbc.co.uk/…/1441_farc/page19.shtml

[15] La mediocridad no es característica exclusiva de los políticos colombianos. Los políticos en toda América Morena, quizás por hábito heredado de sus ancestros colonialistas, tiene por único hábito el buscar hacer fortuna rápida cuando están en el poder. Para eso es para lo único que saben mostrar eficiencia.

 

Por: José Antonio Gutiérrez D. Sunday, Feb 3 2008, 8:54pm

Información adicional

Autor/a:
País:
Región:
Fuente:

Leave a Reply

Your email address will not be published.