El próximo 9 de diciembre de 2008, en todos los rincones del país, se realizará en Colombia la última jornada de reclutamiento de jóvenes para las Fuerzas Armadas. Hombres de 18 años o un poco más, que habitan a lo largo del territorio nacional, en lo fundamental en barrios populares, tendrán la obligación de presentarse a los distintos puntos de convocatoria para resolver su situación militar.
Entre ellos, la mayoría, no lo desea. Jóvenes que apenas terminan sus estudios secundarios y están llenos de ilusiones: buscar la forma para continuar con su formación, es esta oportunidad superior; pero la mayoría obligados a buscar un trabajo para empezar a contribuir con algún dinero en su hogar.
Sin saber si regresen a sus hogares, sitios de estudio o de trabajo, acudirán a los coliseos destinados para la jornada. ¡Uno o más años echados a la borda! se dirá, mientrás piensan que ser reclutados es un impedimento, en el diario vivir, tanto para ellos como para sus familias. Uno que otro se decidirá por no presentarse, se revelará, por lo cual será declarado remiso.* Según la Ley podrán ser multados o recogidos en las calles. Pero lo que más les preocupa a los citados, es que sin resolver la situación militar, sin la libreta que lo certifique, no podrán ganar un trabajo bueno y estable, y tampoco, en caso de haberlo logrado, graduarse en la Universidad.
Presión y normas para obligar. Pero no basta. Durante las semanas previas a la citación, por todas las ciudades, de manera fortuita, son dispuestos decenas de operativos, con caminones llenos de tropa, para “levantar” a lo jóvenes que no han resuelto su situación militar. Redadas que violan todo derecho y por las cuales, aquellos que son detenidos, terminan lejos de su hogar, incorporados contra su voluntad a las Fuerzas militares, la mayoría de ocasiones al Ejército. Reclutaminto ilegal y forzado.
Batidas: detenciones arbitrarias
Camiones vacíos dispuestos a ser llenados. Las batidas son comunes en el diario vivir de los sectores populares, tanto de ciudades como de zonas rurales de todo el país. Camiones que generan zozobra, que obligan a que los jóvenes no salgan de sus casas, o cuando lo hagan sea con mucho riesgo. Es común ver como son parados los buses y obligados a bajar todos sus ocupantes, requisados uno a uno, para determinar edades. Luego, el bus continúa su ruta y allí queda, obligado, violentado, quien no tiene la libreta militar, operativo y detención forzada que no toma en cuenta el proceso legal de inscripción previa.
Pese a que éste tipo de retención fue declarada en el mes de septiembre de 2008 como una detención arbitraria por parte del Grupo de Trabajo sobre este tema de las Naciones Unidas, no cesan los operativos callejeros.
¿Secuestro legítimo? Cabe la pregunta sin lugar a dudas. Es detención arbitraria si se toma en cuenta que la Ley 48 de 1993 establece las bases jurídicas y legales para procesos de reclutamiento al servicio militar obligatorio. En esta Ley se instituyen los parámetros de inscripción, sorteo y llamamiento, proceso que se da antes del día formal de reclutamiento.
Lo mismo puede decirse desde la normatividad internacional, en la que se advierte que las batidas no “tienen base legal, ni sustento jurídico las prácticas de batidas, redadas o levas, con el objeto de detener en las calles y lugares públicos a los jóvenes que no pueden acreditar su situación militar”, según expresó el Grupo de Trabajo.
Reclutamiento indiscriminado
Pobres y cercados. Los marginados de siempre son golpeados desde varios flancos: vivencian en carne propia la exclusión social, la falta de oportunidades, para crecer en felicidad y esperanza, pero además cada día les arrebatan sus territorios, hasta el punto de ser conducidos hacia la muerte como como sucedió con los jóvenes de Soacha y otras ciudades del país, asesinados y luego presentados como guerrilleros caídos en combate.
Verdad de perogrullo: quienes aportan con su vida, como carne de cañon, son los pobres del país. No tienen “padrinos” que intermedien por ellos ni cuentan con dinero para comprar la libreta militar. Muchas veces habitan zonas de guerra o simplemente habitan en periferias urbanas o rurales, donde el irrespeto a los derechos humanos no cuenta con defensores prestos. La pobreza, el aislamiento y el “destino”, los lleva a defender con las armas los intereses de los ricos. Se sabe que los hijos de la oligarquía no asistirán al ritual de muerte. Pero también, en no pocas oportunidades, son reclutados por otros actores armados.
Reclutamiento masivo a lo largo del año. La jornada del 12 de febrero de 2008, la más grande que se haya presentado en la historia de Colombia. Más de 30.000 jóvenes fueron llevados ese día para engrosar las filas del Ejército colombiano. Otras más, el 20 de mayo, de nuevo en julio y una más el 7 de octubre, días siniestros que han marcado la vida de miles de hombres que apenas asoman a la vida en pleno.
Estas jornadas están cargadas de situaciones de índole irregular. Violación de las causales de excepción y aplazamiento contempladas por la Ley. Según la Acción Colectiva de Objetores y Objetoras de Conciencia, Acooc, se han presentado casos recientes en los que a los jóvenes menores de edad se les exige el pago de una libreta provisional, la cual sólo les servirá en tanto cumplan la mayoría de edad. Otro tanto sucede con población en situación de desplazamiento, que por ley ,y por resoluciones 0181 de 2005 y 1700 de 2006, tienen trato excepcional para la prestación de este servicio, pese a lo cual son reclutados de manera indiscriminada. Violencia sin respiro.
Así, un “servicio” que debiera ser optado de manera libre y conciente, haciéndose profesión, continúa dominado por la práctica de la violación de los derechos humanos, en este caso de los jóvenes.
Queda la opción de resistir y objetar. En Colombia esta práctica aún no está muy extendida, pero los jóvenes deben conocerla. Es el derecho a la desobediencia, expresión de conciencia y proyecto de vida que realza a quien la asume.
Este 9 de noviembre, y otras muchas fechas fatídicas como ésta, son la oportunidad para realzar nuestro proyecto de vida, rechazando la muerte.
¡Qué los ricos protejan su poder con el compromiso de sus hijos!
* Remiso es para las fuerzas militares una categoría aplicada a todos los no asistentes
Por: Julián Carreño



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