
Durante la tercera semana de febrero una misión del FMI estuvo en el país. Sus recomendaciones refuerzan la política económica y fiscal impuesta por el ministro Carrasquilla y arriesgan a que el país prosiga por el ahondamiento de la desigualdad social.
Las ortodoxias no ceden
No obstante la grave situación por la que atraviesa la economía colombiana, las recomendaciones que acaba de hacer el FMI al Gobierno (Declaración al Término de la Misión sobre la Consulta del Artículo IV de 2021), se mueven en el marco de la ortodoxia convencional. Los funcionarios que visitaron el país parece que no conocieran otros informes de la entidad en los que se pone en evidencia la creciente desigualdad que existe en el mundo, y la necesidad de tomar medidas para combatirla. En declaraciones recientes, Kristalina Georgieva, la directora del FMI, ha dicho que “[…] sin acciones urgentes se corre el riesgo de profundizar la brecha que a nivel global se está presentando entre ricos y pobres”. Se observa un claro contraste entre las afirmaciones progresistas que hace el FMI a nivel internacional, y la estrechez intelectual de los funcionarios que estuvieron en Colombia.
Y esta falta de visión del equipo que evaluó la economía colombiana, coincide con la del Ministerio de Hacienda y del gobierno nacional. Los funcionarios del FMI parecen estar más atentos a las instrucciones de Carrasquilla, que a las orientaciones de Georgieva. Las recomendaciones que hicieron apenas son una validación del pésimo manejo hecho por el Gobierno de la economía durante este año de crisis.
Todo se ha hecho bien
En palabras del FMI,
“En medio de una pandemia que condujo a la mayor recesión que se haya registrado –y que afectó particularmente a grupos vulnerables– Colombia hizo uso de la flexibilidad que le permite su marco de política para dar una respuesta coordinada y oportuna” (énfasis añadido).
El FMI reconoce que los grupos vulnerables han sido los más afectados por la pandemia. Pero, en su opinión, la respuesta dada por el Gobierno ha sido “coordinada y oportuna”. Esta conclusión es extraña porque la hace una institución que tiene la información necesaria para comparar la respuesta dada por los diferentes países, y no sería difícil concluir que Colombia no ha respondido de manera adecuada. El monto de recursos destinado a atender los males causados por la pandemia ha sido muy limitado. Las medidas de reactivación han sido tímidas. La pobreza y la desigualdad se han acentuado, y las ayudas han favorecido, sobre todo, a las grandes empresas.
Se ha avanzado en los programas de focalización, y se ha mejorado la logística para la entrega de subsidios, pero las coberturas todavía son insuficientes, y los montos distribuidos no permiten superar la línea de pobreza.
Respaldo a la tributación de Carrasquilla
En el lenguaje encriptado de los funcionarios del FMI se dice que “deberán aprobarse reformas que garanticen finanzas públicas sólidas en el mediano plazo”. Nunca se aclara que son “finanzas públicas sólidas”. Muchos menos qué es el “mediano plazo”. En este lenguaje alambicado, vacío de contenido, cabe cualquier interpretación. Y, claramente, el Fondo aprueba la estrategia tributaria de Carrasquilla.
“[…] la recaudación tributaria del gobierno central deberá aumentar de manera gradual, pero duradera en al menos 2 puntos porcentuales del PIB. En términos de su composición, deben considerarse medidas de recaudación que favorezcan el crecimiento económico, y que estén enfocadas en la eficiencia fiscal, la progresividad, la sostenibilidad y la equidad –incluidas la ampliación de la base del impuesto a la renta de personas naturales y la reducción de las exenciones al IVA con mecanismos de compensación para proteger a los hogares más pobres”.
Esta es una versión simplificada de la forma como se busca darle “solidez” a las finanzas públicas. Es el resumen de la reforma tributaria regresiva que está preparando el Gobierno. Aunque se introducen categorías como “progresividad” y “equidad”, las medidas que se proponen no garantizan ni lo uno, ni lo otro.
En lugar de recomendar el aumento de la tarifa del impuesto a la renta de las personas de mayores ingresos, se pide ampliar la base de recaudo incluyendo a más personas naturales. Se aumentaría el número de contribuyentes, así que en adelante deberán comenzar a pagar impuesto a la renta personas con ingresos relativamente bajos, que actualmente no son contribuyentes. Se ensancha la base en el rango inferior, sin aumentarle la tarifa a las personas más ricas. Esta estructura es regresiva, y no favorece la lucha contra la desigualdad.
Y al mencionar el IVA, el FMI deja abierta la puerta para que avance la idea del Gobierno de extender la tarifa del 19 por ciento a todos los bienes. En lugar de criticar esta propuesta, el FMI permite que se consolide. No se atreve a denunciar que esta medida es regresiva, y que no favorece la equidad. Los diversos estudios coinciden en que, como porcentaje de su ingreso, los pobres terminan pagando un monto de IVA más alto que los ricos.
El FMI guarda silencio frente al impuesto al patrimonio, o a los dividendos. Tampoco dice nada sobre la concentración de la tierra, y el bajo predial efectivo que pagan las grandes fincas y propiedades agropecuarias.
Alrededor de un objetivo como la solidez de las finanzas públicas se pueden diseñar mecanismos muy heterogéneos. Además de aumentar el IVA, el Ministerio de Hacienda está proponiendo medidas de austeridad del gasto. Es absurdo que en estos momentos tan difíciles se pretenda reducir el gasto. En su último informe, Oxfam dice que estas medidas de austeridad fiscal están “desfasadas”.
Todos los gobiernos han dicho que buscan la estabilidad de las finanzas públicas. Pero el FMI no se compromete con propuestas específicas que, realmente, llevan a modificar la distribución de la riqueza.
Regla fiscal, expansión monetaria y reservas
A pesar de que la regla fiscal no se ha cumplido, y de que el saldo de la deuda pública, como proporción del PIB, continúa aumentando, el FMI propone volver a la regla fiscal a partir del 2023. No se acepta que este mecanismo ha sido inútil, y que en lugar de insistir en las reglas se debería avanzar hacia una política fiscal de tipo discrecional. El FMI reconoce que en 2022 la política monetaria podría ser más expansiva, pero no precisa el tipo de medidas que deberían tomarse.
Y sobre las reservas internacionales, considera prudente que el país siga acumulando. Actualmente el monto de reservas está alrededor de los 59 mil millones de dólares. En contra de la opinión del FMI hay que enfatizar que no es el momento de continuar acumulando reservas. La coyuntura exige tomar medidas heterodoxas. Y una de ellas es aprovechar parte de las reservas internacionales.
Por vía diferente a lo anotado por el FMI, es indispensable que la sociedad demande otra política económica y financiera, para así garantizar la reducción de la desigualdad reinante en el país. Es la hora del cambio.
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13 de marzo de 2021



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