Popayán, Piendamó, Santander de Quilichao, Cali,
Palmira, Tulúa, así lo confirman. A cada una de estas ciudades se hallegado con ejemplo y decisión
de romper el conformismo y el temor que reinapor todo el país. Cada una de estas urbes ha sido
recorrida, agitando consignas y exhortaciones para que los habitantes se integren a la Red Nacional
en contradel Hambre y la Pobreza.
Trasegando por el Valle
El Valle del Cauca, caracterizado en la historia nacional
por haber sido núcleo de esclavistas y opresores, transcurridoun siglo y medio y sin poder dejar
parte de esa historia atrás, ahora concentra propietarios de inmensas plantaciones de tierra plana
destinadas al monocultivo de la caña de azucar. Territorio de la agroindustria y del poder regional
que, como contrario, da cuerpo al proletariado agrícola y a decenas de sindicatos del sector.

Pero no hay plan sin cordillera. En sus altos se
concentran, expulsados de las mejores tierras de Colombia, pequeños aparceros, indígenas y gente sin
tierra de la cual, con su trabajo, poder derivar el alimento para su sobrevivencia. Tierras de
resistencia. Llegará el día en que todos los negados se encuentren y resistan
juntos.
Esta última situación se hizo importante en Palmira.
Mientras se marchaba, un patrullero se acercó apreguntar, pues temían las autoridades locales que se
unieran los cañeros de esta región, un movimiento de considerable número e impacto, con la marcha
que cruzaba su ciudad. A los cañeros se les conoce por las pancoras, machete de gran tamaño que les sirve para el
corte preciso de la caña. Esta no fue la ocasión para coordinar sus demandas y luchas, las cuales
vienen en ascenso en los últimos meses.

Los que sí se unieron, desde ese momento a la marcha, fue
un importante colectivo de estudiantes de la Universidad del Valle, quienes desde entonces han
estado presentes.
Luego de
concentrarse en horas de la mañana en Palmira, se tomó rumbo al municipio de Buga, en donde fueron
bien recibidos. Desde muchas casas se divisaron banderas de Colombia ondeadas amedida que la marcha
pasaba por sus calles.
Avanzando hacia Tulúa
Tras pernoctar en el municipio
de Buga el miércoles 3 de septiembre, los manifestantes se dirigieron hacia la ciudad de Tulúa.
Algunos percances sucedieron: la presencia de personas ajenas mirando con permanencia a los
integrantes de la marcha, situación que se solucionó con prontitud. Pese a estas presiones, en Tulúa
se congregó un importante contingente de solidarios, entre 60 y 80 personas de distintas
organizaciones de la ciudad.

Luego de caminar prácticamente la ciudad
entera, se llegó al lugar de estadía: el Colegio Ricardo Nieto No. 5, Centro docente. Los marchantes
no ocultaron el cansancio que se va acumulando con cada día que pasa, aunque todos saben que debe
persistirse hasta el final.
El jueves, Bugalagrande
El jueves 4 de septiembre, hombres y mujeres se dispusieron, apenas
despuntó el sol, a lavar ropa y ha prepararse para la nueva jornada. La marcha se
desplegó nuevamente por la ciudad de Tulúa dejando atrás al Colegio Ricardo Nieto. Desde la calle 34
hasta la 9, atravesando las carreras 32 hacia abajo y llegando con el transcurrir de las calles a
la salida del casco urbano, en el cual se encumbran avisos viales que indican el próximo destino
Cartago, Andalucía, Zarzal y a donde nos disponemos llegar: Bugalagrande.

En la salida cogemos la chiva y nos dirigimos a nuestro
destino. Llegamos a Bugalagrande y aparcamos en la entrada. La marcha continúa, se elevan las
pancartas, los cantos y consignas. En el trayecto se unen los sindicalistas de la industria de los
alimentos, Sinaltrainal. Caminamos, mientras la gente curiosa mira desde las ventanas o
puertas. Arribamos a la Plaza central, concentrándonos por espacio de algunos minutos. Finalmente nos
dirigimos a la sede de Sinantrainal, donde nos espera una noche más, que promete descanso seguro y la
espera de un nuevo día: este nos llevará a la próxima parada: Cartago, para luego proseguir hacia
Pereira.
Julián Carreño



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