La situación ya se veía venir, cuando se autorizó el cierre de un basurero
colapsado, donde se depositaban los desechos de una ciudad de cerca de tres
millones de habitantes. Espacio en el cual lograban su sustento no menos de 300
familias, que de manera individual u organizadas en microempresas, procesaban
desechos, seleccionando de los mismos papel, polietilenos, aluminio y otros
materiales que pueden ser reciclados y reutilizados.
El nuevo basurero municipal fue ubicado en Yotoco, un municipio fronterizo
del departamento del Cauca. La lejanía del mismo de la ciudad de Cali y del
sitio de vivienda de los recicladores les impide proseguir su faena
tradicional.
Ante esta realidad, la administración local ofreció un plan de contingencia:
subsidio alimentario e incorporación laboral. Los recicladores alegan que la
administración local no cumplió. En un primer momento les hicieron llegar
mercados mensuales, pero sin explicación alguna éstos comenzaron a disminuir en
cantidades de arroz y otros alimentos, hasta el punto que, según los
recicladores, “sus familias están aguantando física hambre”. Sin capacidad de
ahorro, ahora ven como con cada día que pasa son amenazados de desalojo de sus
viviendas por sus arrendadores, o como sus hijos no tienen de donde comer.
Sin posibilidad de rebuscarse entre los desechos de los más pudientes, y a
la espera de una solución a sus angustias, este miércoles 6 de agosto
amanecieron en la catedral, tras reunirse con la administración local, diálogo
del cual no salió ninguna solución efectiva.
Ante ello, el Esmad presiona en los alrededores del templo, amenazando con
ocuparlo. Para las próximas horas se espera que la alcaldía encare un nuevo
diálogo, sin impedir que los recicladores sean asesorados por dirigentes de la
Central Unitaria de Trabajadores, ni por delegados de concejales
independientes, como Wilson Arias, que se han aceptado cooperar en esta crisis,
ante la solicitud de los propios afectados.
Entre tanto, la ciudadanía caleña espera con expectativa la solución de
esta crisis, que pone el dedo en la llaga de un problema no resuelto de manera
efectiva por ninguna ciudad colombiana: consumo y desechos, pero también,
empleo y vida digna para todos los miembros de su sociedad.


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