El gobierno argentino reconoció a Palestina como “un Estado libre e independiente dentro de las fronteras existentes en 1967” y “de acuerdo a lo que las partes determinen en el proceso de negociación”, en referencia a las empantanadas relaciones diplomáticas con el Estado de Israel. El anuncio fue realizado ayer por Héctor Timerman, y según el canciller está en sintonía con los socios del Mercosur, Brasil y Uruguay, con quienes la Argentina “comparte que ha llegado el momento de reconocer a Palestina como un Estado libre e independiente”. El embajador palestino en Buenos Aires, Walid Muaqqat, manifestó su alegría con la decisión adoptada por la Presidenta y afirmó que de esta manera la “Argentina contribuye a pavimentar el camino hacia una solución definitiva de una paz justa y duradera entre palestinos e israelíes”. En su primera reacción frente al anuncio, el embajador de Israel, Daniel Gazit, afirmó que “el reconocimiento argentino a Palestina como Estado no afecta las relaciones, no cambia las buenas relaciones que mantienen Argentina e Israel”. Pero poco más tarde el portavoz de la cancillería israelí, Yigal Palmor, calificó de “lamentable” la decisión argentina.
“La presidenta Cristina Fernández de Kirchner remitió hoy una nota al presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, por la cual le comunica que el gobierno argentino reconoce a Palestina como un Estado libre e independiente dentro de las fronteras existentes en 1967 y de acuerdo a lo que las partes determinen en el transcurso del proceso de negociación”, leyó Timerman ayer al mediodía al hacer el anuncio desde el Salón Dorado del Palacio San Martín. Dejando en claro el reconocimiento del territorio palestino establecido por la Naciones Unidas, con anterioridad a la Guerra de los Seis Días –en la que Israel anexó parte de los mismos–, también está atado a discusión diplomática entre ambos Estados.
El canciller también señaló en su mensaje que la decisión argentina de reconocimiento del Estado palestino “se inscribe en la voluntad de sus autoridades de favorecer el proceso de negociación que conduzca a la finalización del conflicto y está animada por la profunda vocación por la convivencia entre todos los pueblos”.
Timerman afirmó que “con ese objetivo nuestro país ha apoyado siempre las iniciativas de la comunidad internacional dirigidas a obtener una solución justa, pacífica y definitiva del conflicto palestino-israelí”. Pero al mismo tiempo recordó que, “a pesar de los esfuerzos realizados en este sentido, los objetivos citados por la Conferencia de Paz de Madrid de 1991 y los acuerdos de Oslo de 1993 no han sido alcanzados, lo cual ha conducido a un estado de profunda frustración”.
“Resulta importante destacar que este reconocimiento argentino se suma al de más de un centenar de estados y refleja el creciente consenso de la comunidad internacional sobre el estatus de Palestina, así como el interés generalizado para que se logren avances decisivos en el proceso de paz”. “Argentina ratifica su posición irrevocable a favor del derecho de Israel a ser reconocido por todos y a vivir en paz y seguridad dentro de sus fronteras”, sumó Timerman para reflejar la postura del Palacio San Martín sobre la otra parte del conflicto internacional.
Luego destacó que el gobierno argentino “comparte, con sus socios del Mercosur, Brasil y Uruguay, que ha llegado el momento de reconocer a Palestina como un Estado libre e independiente”. A renglón seguido, Timerman remarcó que el Mercosur “mantiene relaciones de amistad y cooperación con Israel, que quedaron reflejadas en el acuerdo de libre comercio firmado con Israel” y destacó que ese acuerdo “es el primero que ha llevado adelante el bloque regional con un país fuera de América latina”.
Sin embargo Timerman no precisó cómo fue el proceso ni el momento en que los países del Mercosur adoptaron la decisión. El viernes pasado Brasil fue el primero de los tres en reconocer a Palestina en las mismas condiciones en que lo hizo la Argentina ayer. La única explicación que dio el gobierno brasileño es que su decisión correspondió a una solicitud planteada por Mahmud Abbas, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina. Pero está claro que los miembros del Mercosur acordaron la seguidilla de pronunciamientos a favor del reconocimiento del Estado palestino. Desde Montevideo, el vicecanciller uruguayo Roberto Conde ratificó ayer que Uruguay seguirá los mismo pasos que Brasil y Argentina, aunque lo hará formalmente recién el año que viene, “en 2011”.
Aldea global
Los primeros en reaccionar frente al anuncio fue la delegación diplomática palestina en la Argentina. El embajador Muaqqad sostuvo que el reconocimiento va a “acelerar” el proceso de paz en Medio Oriente “porque tendrá incidencia en que toda la comunidad internacional tome la decisión de involucrarse directamente para encontrar la solución de dos estados”. “El pueblo y el gobierno palestino –insistió Muaqqat– valoran altamente la posición de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, de respaldar los derechos nacionales del pueblo palestino y su derecho a establecer un Estado independiente sobre la frontera de 1967”. “Todo el mundo sabe que esta frontera de 1967, de acuerdo a la resolución 242 (del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas) indica que Israel debe retirarse inmediatamente de los territorios ocupados en 1967”, agregó el diplomático antes de remarcar que “esta resolución no fue acatada por el Estado de Israel”.
En ese año, como resultado de una guerra relámpago con países árabes, Israel ocupó Cisjordania, Jerusalén este –que luego anexó– y la Franja de Gaza, los territorios que los palestinos reclaman para fundar su Estado. Israel se retiró de Gaza en 2005, pero conserva el control de gran parte de Cisjordania y Jerusalén este.
El comunicado oficial de la embajada palestina también reflejó la “alegría y entusiasmo” por la decisión argentina. Allí se afirma que reconocer al Estado Palestino “es una reacción noviolenta que la comunidad internacional debe tomar, en respuesta a la expansión y la continua construcción de asentamientos israelíes ilegales en territorio palestino, que pone en evidente peligro la solución de dos estados”.
“Argentina tiene muy buenas relaciones con todos los países”, dijo el embajador israelí en la Argentina para evitar sumarle mayor trascendencia a la decisión anunciada por Timerman, aunque Gazit asumió que Israel “entiende que todo el mundo quiere la solución pacífica del conflicto”.
Gazit también dejó sentada la postura de su país frente al conflicto diplomático-militar con Palestina: “Israel no pone condiciones para sentarse a la mesa de negociación” y que son los palestinos “los que no negocian”. “Hay que convencer a los palestinos que se sienten a la mesa de negociación”, remarcó Gazit.
Luego, Gazit hizo referencia al tema que más incomoda a Israel: “el mismo Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas asume que las fronteras establecidas en 1967 no son viables y que es necesario negociar”. Tras 18 meses sin contactos directos, palestinos e israelíes reanudaron este año conversaciones de paz. Pero las negociaciones colapsaron rápidamente, al expirar una moratoria israelí de 10 meses a la construcción y expansión de colonias ubicadas en tierras que los palestinos reclaman para su Estado.
Desde la Cancillería de Israel fueron menos diplomáticos al analizar la resolución argentina. “Esta lamentable decisión no ayudará para nada a cambiar la situación entre Israel y los palestinos”, afirmó Palmor. Para el vocero de la diplomacia israelí, la decisión de nuestro país “es una declaración decepcionante que va contra el espíritu de los acuerdos entre Israel y los palestinos, y contra las negociaciones de paz”. “Si Argentina –concluyó Palmor– hubiera querido hacer una verdadera contribución a la paz, hay otros medios en lugar de este gesto puramente retórico”.
Por Miguel Jorquera
Pueblo sin nación
En Medio Oriente, el pueblo judío, que venía de una larga diáspora, convirtió a los palestinos en los judíos del mundo árabe. En su diáspora, los palestinos hicieron un proceso similar al que habían hecho los judíos en la suya. Muchos se hicieron profesionales o adquirieron conocimientos y oficios que podían llevarse con ellos si debían emigrar de territorios que nunca eran los suyos. Se convirtieron así en uno de los pueblos árabes más cultos, con un núcleo importante de intelectuales, pensadores y artistas diseminados en todas partes del mundo. Fueron, al igual que los judíos, un pueblo sin nación. Esta idea de pueblo sin nación es difícil de entender en todas sus connotaciones de ausencias y desidentidades para los que no tienen o no han sufrido ese problema. O sea, es difícil para la mayoría, menos para los judíos, que sí han sufrido esa amputación. Y por lo tanto, si son los que más la entienden, tendrían que entender más que los demás que no existe una solución nacional sin territorio propio. Los palestinos, como hicieron antes los judíos, no cejarán hasta lograr su propio Estado en un territorio propio. Cualquier otro camino significará más sangre y más guerra.
Las vueltas de la historia han llevado a la paradoja de que sea Israel, el Estado judío, el principal obstáculo para que otro pueblo, el palestino, se realice como nación integral. El planteo central de los gobiernos israelíes es el de fronteras seguras y por eso son reacios en las negociaciones. Y, en realidad, podrán pensar en fronteras seguras recién cuando el pueblo palestino pueda realizarse como nación y desaparezcan los motivos que lo llevan a confrontar con el que aparece como su principal obstáculo.
La discusión en el Medio Oriente es milenaria y por lo tanto inútil desde ese enfoque. Lo real es que en la actualidad existen dos pueblos que conviven en un territorio reducido. Uno de ellos con territorio y Estado y el otro no. Cualquier solución tiene que partir de esa realidad. Es inoperante pensar en un solo Estado, ya sea judío o palestino, para lo cual habría que tirar al mar a millones de personas en cualquiera de los dos casos. Es muy probable que el futuro de ambos pueblos sea incluso el de hermanarse en un solo estado-nación o confederación, pero en la actualidad cualquier intento de aplicarlo significaría una guerra interminable que, por lo demás, es lo que sucede en la actualidad.
La paz en Medio Oriente requiere la existencia de un Estado palestino independiente y por eso es importante el impulso que tomaron Uruguay, Brasil y ahora Argentina, los tres como parte del Mercosur, para reconocer al Estado palestino.
Esa idea de que la paz en Medio Oriente requiere la existencia del Estado palestino también está en discusión. Porque el gobierno israelí sostiene que no reconocerá al Estado palestino, si antes los palestinos no garantizan la paz. A su vez, en un primer momento Hamas rechazaba de plano la existencia del Estado de Israel. Pero hace poco, uno de sus principales dirigentes, Jaled Meechal, sugirió que podría negociar sobre la base de las fronteras de 1967. Aunque advirtió que no reconocerá a Israel hasta no tener un Estado propio, independiente y sin condicionamientos.
Es un poco el problema del huevo o la gallina. Más pragmática, la OLP eligió un camino intermedio: tomó los territorios ganados y generó el gobierno de la Autoridad Palestina, que está dispuesto a participar en negociaciones de paz. Pero estas negociaciones ahora están interrumpidas por la construcción de asentamientos judíos en tierras palestinas. El gobierno israelí habla de un futuro Estado palestino y se molesta con el reconocimiento argentino actual al Estado palestino, pero al mismo tiempo construye asentamientos en esos territorios, lo cual hace que sus palabras no sean creíbles.
Además, estos años demostraron que la existencia de un Estado palestino sería recién el comienzo. Si ese Estado resulta nada más que un ghetto pobrísimo junto a un Estado israelí próspero, como sucede con Cisjordania y Gaza, la región seguirá siendo un polvorín. El Estado palestino tiene que tener su propia economía, su propia industria y su propio comercio. Tiene que estar a la par del Estado de Israel y no subordinado a él. Y para que sea así deberá contar con el apoyo de todo el mundo, pero sobre todo de Israel y de los Estados árabes. Un Estado palestino próspero puede ser la clave de la paz en Medio Oriente.
Por Luis Bruschtein


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