Cayó sin la extirpación ni demolición aún pendientes. Para esta ocasión El Primo, Mario Uribe, ya no disponía de su mismo poder político y paramilitar ni de lobby en las Cortes. Tampoco, asesinados Carlos Castaño (†) y Pedro Juan Moreno(†), la primera conducción paramilitar (V. Castaño, Mancuso, Macaco, Jorge 40, etc.) se jugaba en su interés contra la extradición. Aunque no se guardó nada y jugó con todo, a Uribe le llegó una derrota. Esto a pesar, que desde el lado popular y de la oposición –sin «unidad popular, revolucionaria y nacional»– hasta ahora incompleta, sólo se pone una parte de movilización y resistencia. Por eso, si bien Uribe perdió su tercer gobierno, continuará con más o menos poder.
(Francis Bacon. Ensayo XXIII: De las innovaciones.)
Es un buen augurio para Colombia. Como una sombra, Uribe encarna de modo pleno, sin reemplazo automático, el ‘único’ liderazgo burgués que permitió a los distintos sectores de la oligarquía, proceder con violación y variación del régimen constitucional, para-desinstitucionalización, “guerra integral, e intervención extranjera” en el marco de una situación de pobreza y miseria que va en aumento. Por tanto, con la derrota del referendo para otra reelección, se debilita el sermón de la ‘seguridad democrática’ y –a favor de la paz justa y contra la relocalización del terror que apunta a los movimientos sociales en la ciudad–, constituye una derrota de la imagen y la ‘autoridad’ en el discurso de una ‘victoria militar rápida’ y un régimen hasta 2019-2020.
De este modo, dos fracciones de la oligarquía: la aristocracia santafereña y del centro del país –autor ‘intelectual’ del paramilitarismo: Estatuto de Seguridad y Hernando Durán Dussán–, y un gran sector de la bancaria, agroindustrial, contrabandista, del gran narcotráfico y ‘lavado’ que da soporte al paramilitarismo y la guerra –en relación con el acierto o no de la acción revolucionaria y popular y el avance integral de su unidad–; tienen mayor o menor libertad y prontitud para un reajuste y renegociación interna, y con el Pentágono y la Casa Blanca, en medio de las declaraciones del Pitirri, Rasguño (sabedor del testaferrato Uribe en las tierras de Urabá) , Mancuso y Don Berna:
• i) de la obediencia de todos lo factores militares, ii) de realineación del empresariado y los propietarios medios a la doctrina de “solución militar”, iii) de renegociación del estatus jurídico de la primera generación de paramilitares y de iv) ‘ratificación’ total o con algunas reservas del Pacto y los acuerdos con el Pentágono y el estado sionista, que reconfortan la iniciativa de la guerra en un contexto regional explícito, y, v) con un Juan Manuel Santos en dificultad de triunfo, con su primo Francisco bajo investigación, y con una imposibilidad ‘reeleccionista’, en el posible papel de peón de una “reunificación liberal” o de la ‘vigilancia’ detrás del trono y continuidad de Uribe para 2014, con el recurso y manipulación de una ‘pequeña constituyente’.

Un mayor desafío frente a la paz
Cualquier variante de jefatura burguesa y de relación con el Pentágono distinta a Uribe significa un nuevo escenario, pero sin el quiebre en la naturaleza oligárquica del poder, una nueva ‘mesa’ de paz no hará parte del escenario político. Es la herencia y el efecto del gobierno Uribe y de uno posterior con idéntico origen.
El objetivo popular de una derrota a fondo del ‘uribismo’ no será posible sin una acción, palabra, escrito, voto y referente de poder alterno, que descanse en la izquierda o –más sensato– en una ¡alianza que la integre! Porque está claro, no será con la exclusiva contabilidad de nuestra propia fuerza ni por la modificación de la abstención, tanto en voto como en beligerancia en las calles, que se obtenga una transformación del cuadro político en nuestro país. Ha sido un primer momento.
Ahora, con la decisión de los jueces, la pelota está en el lado de la cancha popular. Por tanto, para potenciar y extraer todos los beneficios de esta decisión, se requiere desatar múltiples iniciativas por doquier. De no proceder así, si no se complementa la valentía civil y de doctrina del poder judicial, el uribismo podrá maniobrar y neutralizar el efecto de “no más Uribe”.
Desde el escenario político institucional, son las próximas elecciones al Congreso el escenario que permitirá medir fuerzas, con un uribismo obligado a controlar el legislativo, y con el manejo de este poder, evitar las necesarias y posibles investigaciones que vendrán por abuso y violación de los derechos humanos.
Un segundo momento, en el mismo campo institucional, está determinado por las elecciones presidenciales de mayo próximo. Entre una y otra, se podrá desatar en las urbes una profunda arremetida para contener rebeldías, desatar pánico, e impedir el reagrupamiento popular y la reconstrucción de una esperanza.
Y desde la cotidianidad y el escenario político popular, la opción de largo plazo para la reagrupación de los sectores populares, transita por el ámbito y la necesidad de una instancia con capacidad de proyección estratégica y autonomía. El Congreso de los Pueblos, a instalar el próximo 20 de julio, aparece como esa alternativa. Lugar y foro, libertad de palabra, que podrían permitir a los sectores populares reorganizar su actividad. Potenciar los mejores efectos del digno fallo constitucional, irradiarlos en un perfil de la economía, la estructura social y el modelo político que los sectores populares necesitan para dar cuenta de la injusticia y el desangre sin tregua.
El valor de los jueces
El presidencialismo y la acumulación de poder de Uribe ofrecían un blanco político vulnerable. La derrota jurídica del referendo no es porque en Colombia seamos santanderistas. Es porque hay resistencia, memoria y hay lecciones. En la conciencia de una buena parte de estudiantes de derecho, y de algunos abogados y magistrados; los surcos de Gaitán, de Jaime Pardo Leal y de Carlos Gaviria tienen una huella profunda. El ascenso al poder, y el dominio político, institucional y en las Fuerzas Armadas de los paramilitares, en llave con la intervención militar y de ‘inteligencias’ extranjeras, no pudieron borrarla. Derrotado el plebiscito, ahora toca a los colombianos impedir que en la primera vuelta electoral, la fórmula de continuidad de Uribe salga triunfante.



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