
El macrismo se impuso en las urnas, y aunque carece de mayoría propia en el Congreso nacional, podrá negociar las leyes con una oposición fragmentada. Esperanzado por la victoria electoral, el sector empresarial ya le canta la marcha fúnebre al peronismo.
Tan eufórica como amarilla, la alianza Cambiemos anunció su victoria al imponerse en 14 de los 24 distritos. Tendrá a partir del 10 de diciembre 107 diputados nacionales sobre un total de 257. La fuerza oficialista de derecha consiguió así ser la primera minoría en la Cámara de Diputados y podrá fácilmente conseguir los votos que le faltan para avanzar con las tan ansiadas leyes de ajuste de tarifas y reforma laboral gracias a los diputados de los partidos provinciales. En el Senado el panorama es distinto, aunque alentador para la Casa Rosada. Tendrá 24 senadores durante los próximos dos años, en un total de 72. El peronismo tiene 23; diez el kirchnerismo y los 15 restantes se reparten entre el Frente Renovador y los partidos provinciales. Semejante cosecha electoral le permite a Mauricio Macri avanzar con cierta holgura en aquellas batallas legislativas inevitables, cuando no pueda gobernar con decretos de necesidad y urgencia (Dnu). Lo más interesante de las elecciones legislativas argentinas del pasado domingo es el avance de Cambiemos en los parlamentos provinciales y en las legislaturas municipales de cada distrito, algo que condicionará a los mandatarios de signo contrario, en general peronistas.
Como una ola amarilla, Cambiemos se quedó con la provincia de Buenos Aires –históricamente peronista–, desbancó al socialismo santafesino, que lleva diez años gobernando la provincia, se llevó puesto al kirchnerismo en su cuna, la provincia de Santa Cruz, y arrasó también con bastiones históricos del peronismo, como Córdoba, Entre Ríos, La Rioja, Salta y Neuquén. En la Capital Federal se confirmó la hegemonía macrista, que sumó el 50,5 por ciento de los votos en la figura de la polémica Elisa Carrió y se quedó con la mayoría de las bancas de la legislatura porteña.
Un dato interesante: la elección sentó en el Congreso nacional a varios productores agropecuarios vinculados a Cambiemos. Pese a ocupar el Ministerio de Educación, Esteban Bullrich es productor agropecuario en la provincia de Buenos Aires, al igual que quien será su suplente, Juan María Torello, y ambos irán al Senado. A la Cámara de Diputados entraron tres empresarios rurales por Entre Ríos; en Formosa una de las dos bancas en disputa la ganó otro productor agropecuario de Cambiemos; por Jujuy habrá otros dos empresarios rurales en esa Cámara; otro empresario rural irá por La Rioja; otro por San Luis y uno por San Juan. Los sectores empresarios demostraron su conformidad con el modelo macrista y esperan plasmarlo en nuevas leyes de ajuste, o como ellos prefieren llamarlas: “de flexibilización y actualización a los nuevos tiempos”.
INTERNA DEL PRO.
Si bien el macrismo se impuso con claridad en todo el país, esta vez por la imagen de sus principales referentes nacionales, como el propio Mauricio Macri y la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal –y no por sus candidatos, según señalan algunos encuestadores y analistas políticos–, no hay que olvidar la estructura que permitió el lanzamiento presidencial de Macri en 2015. Toda la máquina legal y electoral de Cambiemos está asentada en el mapa y organizada en cada provincia por la centenaria Unión Cívica Radical (Ucr). Eso se traduce en votos a la imagen de Macri a partir de la ingeniería electoral del radicalismo, que sigue conservando sus bastiones en cada provincia. Se verificó con claridad en Jujuy, Mendoza, La Rioja, Santa Cruz, Entre Ríos, Santa Fe, Formosa y la propia Buenos Aires, donde los comités sembrados por toda la provincia volvieron a funcionar aceitadamente para aumentar el caudal electoral de Cambiemos. La Ucr y el peronismo son los únicos partidos con personería electoral en cada distrito del país, es decir, pueden presentar candidatos propios sin necesidad de alianzas. El Pro de Macri debió aliarse con la Ucr para generar la alianza Cambiemos y convertirse en una fuerza de alcance nacional. Pese a esto, tras la reciente victoria electoral del oficialismo, Macri no piensa otorgar más espacios de decisión política a sus socios radicales, tampoco lo había hecho desde el 10 de diciembre de 2015, cuando asumió la presidencia. Ese es uno de los temas que preocupan a la conducción nacional de la Ucr y que será tratado en la próxima reunión de la “mesa chica” del Comité Nacional del radicalismo.
En la provincia de Buenos Aires, por una ley del peronismo de 1946, Cambiemos logró quedarse con más bancas que los votos obtenidos y fue el claro ganador. Así, obtuvo 39 legisladores provinciales, Unidad Ciudadana 24, el Frente Renovador cinco y el Frente de Izquierda y los Trabajadores (Fit) uno. El peronismo como tal no obtuvo bancas en la legislatura provincial, por primera vez en su historia. También en los 125 municipios Cambiemos logró la mayoría de los concejales (ediles): obtuvo 546 contra 373 alcanzados por Unidad Ciudadana, 105 del Frente Renovador y 43 del peronismo. La izquierda no alcanzó un solo cargo legislativo municipal.
De esa manera la gobernadora María Eugenia Vidal fue la ganadora en la provincia de Buenos Aires, no sólo en porcentajes sino en imagen. Durante la campaña fue la cara visible que incidió en todos los cargos en disputa: desde los nacionales hasta los municipales. Durante la segunda etapa de la campaña electoral, iniciada el 14 de agosto, Vidal apareció más veces en los spots de campaña y en los afiches callejeros que sus candidatos nacionales Esteban Bullrich (al Senado) y Graciela Ocaña (a Diputados). En total, todas las listas de Cambiemos que se presentaron en la provincia de Buenos Aires –es decir en territorio de Vidal– obtuvieron tantos votos como Vidal en 2015. Ese año la gobernadora obtuvo más votos para su cargo que Macri para la presidencia en Buenos Aires. El dato no es menor. Sugiere que Vidal está consolidando una imagen propia en el mayor distrito electoral del país, y eso puede ser una luz roja de cara a las próximas presidenciales, sobre todo si se toma en cuenta que Macri repite a quien quiera escucharlo que, en caso de que él no se presente a una reelección en 2019, su candidato será el actual jefe de gabinete, Marcos Peña.
El Fit confirmó, por otro lado, que ya es una fuerza en crecimiento franco y en expansión nacional concreta. Si bien no aumentó su cantidad de legisladores, incrementó sus votos en nuevos distritos y alcanzó 1,2 millones de votos. Coló dos diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires y allí mismo integró un legislador al parlamento provincial. En Jujuy creció y se convirtió en la tercera fuerza al incrementar en un 6 por ciento la cantidad de votos recogidos respecto de las elecciones primarias de agosto. En la Capital Federal, consiguió dos bancas para la legislatura local y se convirtió en la cuarta fuerza electoral. Es un desafío saber hasta dónde este frente electoral podrá sostener en el futuro las ideas de una alianza trotskista en el terreno de la democracia representativa.
¿FIN DEL PERONISMO?
Desde el derrocamiento de Juan Perón, en setiembre de 1955, varios sectores acomodados ligados al campo, las finanzas y la industria fantasean con la extinción definitiva del justicialismo. ¿Será esta la oportunidad? Por el momento está encendida la luz roja en el peronismo, que en las elecciones del domingo tuvo su peor performance desde el regreso de la democracia, en 1983. Su único candidato oficial, Florencio Randazzo, apenas pudo colar un diputado nacional en Buenos Aires, y algunos ediles. Pero es cierto que los caciques peronistas del resto de las provincias cumplieron su rol y lograron sumar 23 diputados nacionales. El peronista Sergio Massa, que ya abrió tienda aparte con su Frente Renovador distanciado del Gen (Generación para un Encuentro Nacional), de la diputada Margarita Stolbizer, apenas alcanzó un magro aunque digno promedio de 10 por ciento de los votos en la elección nacional, y ubicó sólo cuatro diputados en el Congreso de la nación. Unidad Ciudadana, el nuevo proyecto de Cristina Fernández –que salió electa senadora por la provincia de Buenos Aires–, tuvo el mejor resultado entre los partidos de raíz peronista: consiguió 25 diputados nacionales y quedó ubicada segunda detrás de Cambiemos. Fernández, Randazzo y Massa –en orden por cantidad de votos– dicen representar el voto peronista. De modo que, si aspiran a derrotar al macrismo en las presidenciales de 2019, van a tener que llegar en mejores condiciones.
El presidente Macri se apresta a viajar la semana próxima a Nueva York para ofrendar el triunfo en las urnas de su gobierno empresario como señal de tranquilidad jurídica a los posibles inversores, por lo menos durante los próximos cuatro años. Los pronósticos más pesimistas calculan un horizonte de dificultades con el crecimiento de la deuda recién para fines de 2019, lo cual permite oxigenar la economía y mostrar al electorado pocas turbulencias. “Con ese escenario vamos por la reelección de Mauricio Macri”, señaló, entre otros, la propia Elisa Carrió ante la prensa el lunes a mediodía. Camino despejado para los proyectos oficialistas, que además ya sueñan con un cambio de raíz cultural teñido de valores amarillos.
Brecha pregunta: ¿Por qué triunfó el macrismo?
Responde la socióloga Maristella Svampa:
“El macrismo tiene una política social concreta”
El triunfo electoral de la alianza Cambiemos muestra una implantación nacional importante del proyecto de gobierno que encabeza Mauricio Macri, cosa que no había ocurrido en las elecciones de 2015. Esta vez el macrismo logró imponer un escenario de polarización con el kirchnerismo, mostrándolo como el pasado. Curiosamente, sin resultados económicos positivos, el gobierno salió beneficiado. Macri es el futuro, es lo nuevo, sostuvo la alianza Cambiemos durante toda la campaña electoral. Y para mostrarse como lo nuevo potenció esa polarización basándose en los casos de corrupción del kirchnerismo y en las mentiras del anterior gobierno. No hay que perder de vista que en los últimos años del kirchnerismo hubo mucha mentira de parte de un gobierno que no dio datos certeros y rigurosos sobre los índices de pobreza, tampoco mostró con claridad los números de inflación, intervino el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) para enturbiar los patrones de medición de los datos centrales de la actividad económica, como el empleo y el crecimiento económico. Entonces le sirvieron en bandeja hechos que ahora el gobierno supo capitalizar con eficacia para convertir al país a su credo.
El macrismo no representa una continuidad neoliberal en el sentido corriente otorgado a esos modelos a partir de la década de los años noventa en América Latina. Tiene una política social concreta y en ese camino, por ejemplo, aumentó la cantidad de planes sociales y los superó en relación al kirchnerismo. Lo hizo porque, por ser un gobierno de los Ceo, tiene acceso al crédito internacional no sólo a partir de dinero en efectivo para inyectar de manera inmediata a las necesidades económicas, sino por el manejo de situaciones financieras. También es cierto que obtiene ese crédito a partir de un fenomenal endeudamiento externo a costa del país y que pagarán las futuras generaciones argentinas, pero en este momento es lo que oxigena la política macrista y uno de los factores de su momentáneo éxito.
Otro factor importante a la hora de entender cómo el macrismo acaba de irrumpir con tanta fuerza es el uso que le otorga al sentido común y la capacidad de captar ese sentido común en los ciudadanos. Por ejemplo, para polarizar a la sociedad, aprovechó muy bien el antagonismo generado por el kirchnerismo.
Además me pregunto, ¿no hay también una derechización de la sociedad? El caso de Santiago Maldonado sacó a relucir la peor cara del gobierno y, por cierto, también de la sociedad. Desde hace meses se está produciendo un consenso antindígena desde el poder porque la idea es poder avanzar sobre las tierras mapuches, en este caso, en busca de los fenomenales recursos naturales que contiene. La forma en que el poder y los medios expresaron y explicaron a la sociedad paso a paso el caso Maldonado me hace acordar a los años de la dictadura militar de 1976 cuando se pronunciaba la frase “algo habrán hecho”para que desaparecieran. Algo asoma en el argentino con conductas fascistas. Y en ese camino el macrismo apunta a un profundo cambio cultural si fuera posible con un discurso y relato propios.
De todos modos, el triunfo de Macri el domingo y la derrota del kirchnerismo, y del peronismo en general no hace pensar en la extinción del peronismo. Ha quedado muy fragmentado y eso obviamente favorece al gobierno, pero no ha muerto. Hace tiempo que está fragmentándose y el domingo quizá haya sido uno de los golpes más duros que recibió. Pero como sostiene el sociólogo e historiador del peronismo Juan Carlos Torre se trata de una fuerza política y social infinita. El peronismo es infinito.
El gobierno ahora va a seguir avanzando en un modelo de ajuste, represión, aumento de la actividad extractivista en todo el territorio donde pueda llevar ese tipo de inversiones y no va a dudar en generar nuevas situaciones de violencia represiva, como el caso Maldonado, si fuera necesario.
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Responde el antropólogo cultural Alejandro Grimson:
“El cantito ‘Vamos a volver, vamos a volver’ hoy no sirve”
Hay tres razones que explican el triunfo de Macri en las legislativas del domingo. En primer lugar, un proceso de formidable concentración mediática que funciona como blindaje y protección al discurso oficial. En segundo lugar, Mauricio Macri construyó un relato en el que no evitó los problemas, pero evitó que se los cargaran a su cuenta. Por eso su hábil discurso sobre la herencia recibida y las culpas del kirchnerismo. Y un tercer factor es que hay una oposición a este gobierno, pero no al modelo económico. Eso no es menor porque refleja la carencia de alternativas en las propuestas para el país.
Hay un 40 por ciento de votantes que tiene expectativas sobre este gobierno, pero eso no quiere decir que estén satisfechos con lo realizado hasta ahora. Es una forma de entender la coyuntura económica con la resignación y la esperanza de algo mejor. Habrá que ver si esas expectativas son satisfechas en el futuro por esta gestión macrista.
Unidad Ciudadana con Cristina Fernández solamente representa al kirchnerismo y eso no alcanza para ser oposición. El problema es que quienes suscriben a Unidad Ciudadana siguen con el cantito “Vamos a volver, vamos a volver” y eso hoy no sirve. Nadie vuelve en las mismas condiciones del pasado. Ahora son otros los problemas, lo que implica enfrentar al macrismo como oposición, porque las prioridades son otras y otro es el estado del país, social, económica y políticamente. Entonces, ¿a dónde van a volver? La otra cuestión es que Cristina Fernández fue la que mejor parada salió de la elección del domingo frente a otros peronistas que perdieron en sus propias provincias. Juan Manuel Urtubey y Juan de la Sota fueron derrotados en sus provincias, ¿cómo pueden aspirar a ser presidenciables en 2019? No pueden. Cristina, por su parte, tiene un techo para un balotaje que no logra perforar y hoy no puede ganar nada. Pero el peronismo sin Cristina tampoco puede ganar. Si hoy fueran las presidenciales, Macri gana en primera vuelta cómodo.
Tampoco se trata de la muerte del peronismo. El certificado de defunción se lo vienen extendiendo desde 1955 cuando las fuerzas armadas y los sectores del poder económico derrocaron a Juan Perón. Y el peronismo sigue vivo. Es que el peronismo no es una suma de votos en una elección: es el voto y la cuestión cultural instalada en el imaginario de un grupo social importante que sin embargo no es mayoritario. El peronismo no es una mayoría en el país, pero sabe que necesitan aliarse para alcanzar el poder y gobernar. Lo hizo Perón y lo hizo Néstor Kirchner. Siempre el peronismo necesitó de las alianzas sociales, partidarias, sectoriales para alcanzar el gobierno. Con esos factores se construye y se mantiene el peronismo. Es una cultura.
El macrismo desde que llegó al poder está tratando de instalar una nueva cultura, un cambio cultural en valores y percepciones sociales, pero aún no lo lograron. Ganaron políticamente, en las urnas, lo cual no es poco. Que no hayan logrado aún el cambio cultural que pretenden no quiere decir que no lo sigan intentando y que a la larga no lo logren. Hoy no pueden terminar con los juicios por delitos de lesa humanidad, pero lo están intentando. Durante 79 días trataron de sembrar sospechas sobre la suerte corrida por Santiago Maldonado y el papel de la comunidad mapuche. Van a seguir intentando disciplinar la protesta social. Ya hicieron ingresar a la policía a una universidad pública en Jujuy y la Gendarmería en la Universidad de Rosario, dos actos que no se habían visto ni padecido en los últimos 20 años. La cuestión es hasta dónde van a poder hacerlo. Eso va a ser parte de una disputa que habrá que dar día a día porque nada está garantizado. Quienes defendemos una cultura por los derechos humanos estaremos atentos y alertas a esos intentos de torcer el rumbo hacia una cultura y una sociedad encaminadas hacia modelos coercitivos.



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