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Cuestión de pesos

El Center for Responsive Politics (CRP) de Washington acaba de dar a
conocer una investigación sobre la declaración de bie-nes de los
miembros actuales del Congreso –las últimas cifras disponibles
corresponden al año 2006– y halló que 151, casi el 30 por ciento del
total de senadores y representantes, tienen acciones en empresas de la
industria bélica y conexas contratadas por el Pentágono
(www.capitaleye.org, 3-4-08). El valor de esas acciones oscila entre
los 78,7 millones y 195,5 millones de dólares y aunque los legisladores
republicanos son mayoría, los demócratas han invertido mucho más: en el
período 2004-2006 que la investigación abarca, sus acciones les
rindieron ganancias de 15, 8 a 62 millones de dólares. Por ejemplo: las
inversiones del senador John Kerry en tales industrias fluctúan entre
un mínimo de 28,9 y un máximo de 38,2 millones de dólares y embolsó en
los años examinados ganancias de al menos 2,6 millones. No le ha ido
mal al ex candidato a presidente del Partido Demócrata.

La prolongación de la guerra en Irak y Afganistán ha elevado hasta
un 100 por ciento el valor de las acciones de megacompañías como Locked
Martin, Boeing y Honeywell, las preferidas del Pentágono, y en el
período considerado, a las cuentas bancarias de esos 151 representantes
del pueblo norteamericano ingresaron beneficios que van de los 15,8 a
los 62 millones de dólares en total, señala el estudio del CRP. El
conjunto de las empresas en las que invirtieron los legisladores obtuvo
contratos del gobierno por más de 275,6 mil millones de dólares sólo en
el 2006, es decir, 755 millones por día. No todas producen
helicópteros, o aviones, o tanques, o armas de fuego: la ocupación
acrecentó la necesidad de alimentos y de otros bienes y servicios, y no
pocos representantes y senadores han comprado acciones de Pepsico o de
Johnson & Johnson. Tendrán, tal vez, la conciencia más tranquila.

“Muchos de los contratos del Departamento de Defensa se otorgarían
con guerra o sin ella”, manifestó Cheryl Smith, que ocupa la
vicepresidencia ejecutiva de Trillium Asset Management Corporation,
firma que asesora a “inversores socialmente responsables”
(trilliuminvest.com). Claro que, sin guerra, esos contratos serían
mucho más escuálidos. Se esgrimen argumentos muy curiosos: el vocero
del representante republicano Roy Blunt consideró “insultante” toda
insinuación de que éste vinculara sus finanzas personales con su
ejercicio legislativo. Pero es verdad que el demócrata Jay Rockefeller,
presidente del Comité de Inteligencia Selectiva del Senado, no incurre
en un conflicto de intereses: quien tiene acciones por un millón de
dólares en la Pepsico es su mujer y, desde luego, ¿por qué habría de
influir este hecho en la decisiones del senador? Otros aducen que son
herencias de familia. En fin.

El CRP ha detectado que 47 de estos inversionistas –un 9 por ciento
del Congreso– tienen acciones por valor de 4,2 a 8 millones de dólares
en empresas directamente ligadas al Pentágono. El complejo
militar-industrial ha recortado su apoyo financiero al Partido
Republicano en favor de los demócratas (www.politicalinquire.com,
17-10-07) y sobre todo apuesta al triunfo de Hillary en las elecciones
presidenciales de noviembre próximo. Qué cambio: en las del 2004 apoyó
a W. Bush con más del doble del dinero que destinó a la candidatura de
John Kerry. De algún modo tiene la convicción de que las políticas de
la Sra. Clinton no serán pacifistas.

El concepto “complejo militar-industrial” nació públicamente en boca
de Sir Charles Trevelyan en agosto de 1914. Dwight Eisenhower lo empleó
en su mensaje a la nación cuando dejó la presidencia de EE.UU. en enero
de 1961. Se sabe que quienes redactaron el discurso habían utilizado el
término “complejo militar-industrial-legislativo”, pero el general
tachó la última palabra, tal vez porque no quiso ofender al Congreso.
La realidad indica, sin embargo, que el adjetivo debiera incluirse y es
aplicable tanto a los demócratas como a los republicanos.

Las palomas y los “halcones gallina” unidos, jamás serán vencidos.

Por Juan Gelman

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