Home » Ecuador, el mundo es ancho pero no ajeno. Ponencia de Alexis Ponce

Ecuador, el mundo es ancho pero no ajeno. Ponencia de Alexis Ponce


     Amigas y amigos:
   
  “Si la libertad significa algo, será sobre todo el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír.” George Orwell   
   
  Pudiera creerse, quizás, que es cuestión de snobismo el uso de este “kafiah”, de esta bufanda palestina que la llevo conmigo. En modo alguno. Hace muchos años atrás, prometí a la niña palestina que me lo obsequió, conservarla y ponérmela siempre, sobre todo cuando participe en actividades públicas, como el coloquio de esta tarde, y en entrevistas de televisión, como símbolo imperecedero de compromiso con los niños y niñas palestinas, con ella en especial, y con su pueblo largamente atormentado.
   
  Entonces tengo esa razón, y otra más, para llevarla puesta en esta tarde: mientras el mundo entero mira en la pantalla las finales de la Copa de fútbol, se comete un arbitrario y violento ataque y ocupación a esa nación de nombre bíblico. El silencio internacional, con las escasas excepciones de rigor, ha sido patente, y quizás por ello, y amparados en la tristemente célebre teoría de las “Guerras Preventivas”, sus ocupantes nuevamente masacran Palestina, destruyen los edificios de sus instituciones públicas, secuestran sus parlamentarios, cercan sus ciudades sin alimentos ni medicinas, haciendo de la víctima, culpable de un drama que debiera conmover a todos los gobiernos y sociedades de la Tierra, y por cuya vida apelo a la palabra, al inicio de mi exposición, para informarles que con la APDH y otras organizaciones propondré formal e inmediatamente a los Presidentes del bloque regional sudamericano, y ojalá el Ecuador fuese parte activa de la iniciativa, que retiren lo
 más antes posible sus delegados diplomáticos de Israel, como medida mínima de corresponsabilidad internacional y latinoamericana en la condena a los agresores, en la protección de un pueblo masacrado, y en la defensa de la paz y la justicia.  (*)
   
  Dicho esto que, por razones éticas, no podía callar, paso de inmediato a exponer las tesis que motivan el título de nuestra ponencia.
   
  Las consecuencias de la Reelección de Uribe para el Ecuador:
  ANÁLISIS DE ESCENARIOS
   
  Como todos o casi todos lo saben ya, luego de seis años de aplicación, el Plan Colombia no respondió nunca a la complejidad del conflicto interno colombiano y su visión militarista contribuyó:
   
  1) A escalar la salida militar o de fuerza como la mejor opción para acabar con un conflicto armado y social de 50 años de data;
   
  2) A narcotizar la temática de la guerra, que tiene otras aristas, intocadas por ese Plan;
   
  3) A disminuir y cercar las posibilidades de una salida negociada y dialogal;
   
  4) A profundizar la ya grave crisis humanitaria y de derechos humanos en Colombia.
   
 
  5) Al desbordamiento extraterritorial del conflicto, propiciando su regionalización en los hechos y generando efectos visibles en los países vecinos, especialmente el Ecuador, que siempre fue, como lo alertamos desde finales de 1999, el país más vulnerable de todos los de la región andina a los impactos del Plan Colombia, a los efectos del conflicto armado y a las consecuencias de la injerencia estadounidense en Colombia y los Andes.
   
  Ante ese panorama muy general, de lo que fue y ha sido el llamado Plan Colombia, surgido en la administración de Andrés Pastrana, hoy embajador del régimen colombiano en Washington, y continuado por su sucesor y actual Presidente Álvaro Uribe, el Ecuador oficial -desde 1999 hasta el 20 de abril del 2005- actuó bajo el efecto narcotizante de la expectativa, la incertidumbre e incluso, del cómplice enmudecimiento.
   
  Los seis momentos de la Política exterior ecuatoriana:
   
  Seis momentos identificamos de la Política Exterior ecuatoriana, que evidencian la larga travesía desde los profundos mares de la irresponsable indignidad durante los últimos seis años, hasta la costa terrestre de la dignidad y de la defensa de la soberanía nacional en los momentos actuales.
     En un primer momento, el Plan Colombia, sus definiciones y consecuencias, fueron tratados en Ecuador bajo el signo del secretismo oficial. Ese secretismo inconsulto se dio también en lo concerniente a la base militar de EEUU en Manta, componente relacionado a dos ejes:
   
  – Al Plan Colombia, como componente militar logístico de Inteligencia en tiempo real, como lo denunciara el coronel Jorge Brito en el lejano año 2001. Y,
  – A la nueva agenda hemisférica de seguridad de EEUU, como componente estratégico.
   
  Las preocupaciones de la prensa y la presión ciudadana, sobre todo de las agrupaciones de Derechos Humanos y sociales, analistas y académicos críticos, ex-jefes militares y comunidades fronterizas, determinaron que ambos temas empezaran a tratarse un poco más abierta y críticamente desde mediados del 2000, y que desde el 2002 formaran parte de la agenda cotidiana del Ecuador.
   
  En un segundo momento, cuando los medios masivos difunden el tema y sus riesgosas  consecuencias, el gobierno ecuatoriano responde en la fase 1999-2001 que el Plan Colombia era “de exclusiva competencia colombiana”, dejando de lado la visible participación estadounidense; argumentando que el Plan Colombia “no será aplicado o extendido a los países vecinos”; y que “no traerá consecuencias negativas al Ecuador”.
   
  En ambos momentos se sostuvo que el Plan Colombia y la base de Manta traerían beneficios materiales, producto de las supuestas grandes inversiones en la frontera norte y Manta. Los tres últimos gobiernos ecuatorianos (Mahuad, Noboa y Gutiérrez) simplemente se adaptaron a la lógica de Washington y Bogotá, y no antepusieron un propio y autónomo criterio de Estado en torno al tema. Ecuador pasó, desde entonces, a ser un aliado táctico de la estrategia militar estadounidense y bogotana por aceptar el emplazamiento de una base  extranjera en su territorio y por insertarse en la estrategia regional de EEUU para toda la zona.
   
  En un tercer momento se multiplicaron las visitas de funcionarios políticos y militares del más alto nivel de los EEUU (la ex-Secretaria de Estado, Madeleine Albright; los Jefes de la DEA; los tres últimos Jefes del Comando Sur, varios senadores, etc.); en tanto que, de Colombia, llegaron dos Presidentes, Pastrana y Uribe, y otras autoridades militares y políticas que, en última instancia siempre intentaron minimizar los impactos, negar los hechos y legitimar la regionalización y la tesis del “yunque y martillo”, como lo admitió el ex-embajador colombiano Eliseo Restrepo en Quito. Empero, el discurso oficial colombiano y ecuatoriano en ese tercer momento, que cubre el período 2001-2003, continuó minimizando ante la crítica pública, la composición y los efectos del Plan Colombia.
   
  En un cuarto momento ya no se aludió al Plan Colombia sino a la “Iniciativa Regional Andina”. Desde ahí cambió bruscamente el discurso oficial ecuatoriano: en EEUU el General Collin Powell y varios senadores hablaron sin tapujos de que empezaría la “Iniciativa Regional Andina”, estrategia que se aceptó por parte del Ecuador oficial y que se tradujo en los siguientes aspectos:
   
  – La (supuesta) estrategia de lucha anti-drogas “debe ser regional”.
  – Los países vecinos y Ecuador, “deberán prepararse para posibles efectos en su territorio”.
  – Como paliativo se mencionaron las “ayudas” ofrecidas incluso desde la suscripción del Acuerdo para establecer la base militar de EEUU en Manta, y dirigidas al rubro militar en armamento, equipos, helicópteros, control policial y militar; y en segundo término, al “desarrollo fronterizo”.
   
  Los montos de esa ayuda variaron escandalosamente: desde 24 y 40 millones de dólares ofrecidos (inicios del 2000) a supuestos 600 millones en el 2001, a través de la inefable tesis del “Plan Ecuador” del ex-canciller Heinz Moeller. Pero la “ayuda”, como era evidente, siempre fue la menor de toda la asignada para el área andina, y está definida esencialmente a lo militar. Esto fue más claro aún en el quinto momento, bajo la devastadora “era Zuquilanda”. 
   
  Una anécdota “De La Vida Real”:
   
  Mientras se realizaban las mesas de diálogo entre las organizaciones indígenas y el Gobierno de Noboa en la sede de la OEA y la Cancillería de entonces, a donde la Apdh y el Grupo de Monitoreo asistimos como asesores nombrados por los indígenas para el tema Plan Colombia, los voceros gubernamentales y diplomáticos de la cancillería de entonces insistieron en manifestarnos: “No hay problemas con las fumigaciones en la frontera y no hay ningún efecto del Plan Colombia, todo es una exageración de la prensa y las ONGs”.
   
  Indignado les respondí: “disculpen, señores, pero quiero recordarles que este diálogo es con las autoridades del Ecuador, no de Colombia o EEUU, porque nos parece que estuviéramos dialogando con la embajadora de EEUU o el embajador de Colombia, y no con el gobierno que se supone nos representa a los ecuatorianos”
   
  El quinto momento quizá fue el más dramático porque esa misma conducta se ahondó a niveles de indignidad extrema bajo la administración de Gutiérrez y su canciller Zuquilanda. El “yunque y martillo” fue fortalecido y las consabidas declaraciones de Gutiérrez de desear ser “el mejor aliado”, trajeron consecuencias fatales al propio régimen. Es en este período que se multiplican las visitas de jefes militares de EEUU y Colombia, que se niega el impacto de las fumigaciones y que se concretan compromisos de acción bilateral e intervención, en los hechos, en el conflicto colombiano y en dicho Plan.
   
  El sexto momento es el actual, y tiene dos fases: desde abril a octubre, la fase “Antonio Parra”, canciller que tradujo, a su manera, el sentimiento mayoritario del país en defensa de la soberanía, seguridad y dignidad, y desde entonces a hoy, la fase “Francisco Carrión”, que guarda la misma línea progresista, de dignidad y defensa de la soberanía, con su propio estilo y personalidad, que le permite mirar a nuestro país más allá de su frontera norte, por fin, ver a Sudamérica, a China, a Europa, a Cuba, a Venezuela, guardando relaciones diplomáticas realistas con Bogotá y Washington, sin ceder en los principios que demanda la ciudadanía.
   
  Entre abril del año pasado e inicios del presente, fue claro que Washington y Bogotá quisieron presionar al Ecuador para que apoye la estrategia militar de largo plazo denominada “Yunque y Martillo”, ampliamente alertada por nuestra entidad en sus análisis, estrategia que han buscado aplicar en la zona fronteriza entre ambos países a lo largo de los últimos seis años. EEUU amenazó a Ecuador con la suspensión de su ayuda militar por negarse a otorgar la inmunidad a sus soldados y miró con preocupación las tesis que en materia internacional empezó a esgrimir nuestro país.
   
  El giro en la política exterior vivido desde abril del 2005, respecto del gobierno de Gutiérrez, es inocultable. Cuando Gutiérrez estaba al frente era “el mejor aliado”, que estaba para preparar al Ecuador como “el Yunque” del Plan Colombia y, más tarde, en el Plan Patriota. Gutiérrez aceptó a Washington y Bogotá todo tipo de compromisos e imposiciones contrarias al interés nacional y a la mayoritaria voluntad de nuestro país. Desde abril, el Ecuador ya no pudo ser más ese “yunque” del “Martillo”, y esto implicó que de manera abrupta se le haya presentado un problema más o menos grave al gobierno colombiano y a sus estrategias de internacionalización y regionalización del conflicto, promovidas constantemente en todos estos años.
   
  Alegóricamente, en nuestro país durante los últimos seis años y, en especial, durante el régimen de Gutiérrez imperó oscuridad, y a partir del 20 de abril se descorrió la cortina y entró algo de sol: la luz enceguece casa adentro y casa afuera, porque como  se acostumbraron a la sombra, en Bogotá y en las elites nacionales las muestras progresistas de la política exterior ecuatoriana post-abril, parecieron inauditas y no pragmáticas. Ocurre que esa postura fue siempre de las mayorías, pero no de los gobiernos y la elite, y a partir de abril hasta hoy esa postura empezó a ser del Ecuador en su conjunto.
   
  El nuevo Eje Retrógrado en los andes:
   
  Desde 1999 había un eje disperso pero visible: Washington-Bogotá-Quito. Hoy el centro de gravedad ha variado y será un nuevo eje, ya alertado por nosotros en un encuentro al que fui invitado como panelista con Oficiales de las FFAA y sociedad civil en Manta para la reestructuración del llamado “Libro Blanco” (la Política Estratégica de la Defensa Nacional del Ecuador, donde -a propósito- de manera insólita compartió la mesa con nosotros, civiles y militares de nuestro país, un ex oficial del Comando Sur de EEUU, “invitado por su amigo el Ministro de Defensa” según dijo, hablando sobre NUESTRA política de Defensa Nacional), en el que advertí que se veía venir el eje Bogotá-Lima-Washington, con las consecuencias, amenazas y, quizás, oportunidades, que recaerán en el Ecuador.
   
  Ese eje ya actuó  a mediados del mes de mayo del pasado año, en pleno régimen toledista, cuando el Gobierno de EEUU lanzó la propuesta, apoyada por el diplomático peruano Alberto Borea, de que la OEA acepte crear un “Veedor del avance democrático en Ecuador”, tesis intervencionista destinada al fracaso más estrepitoso, debido a que la nueva correlación de fuerzas abierta en el continente impidió que la tesis de EEUU de crear un “Inquisidor hemisférico” determinara qué tipo de democracia les interesa avalar en Ecuador y Sudamérica, y a qué país es necesario apoyarlo, bloquearlo o aislarlo.
   
  En prevención de las estrategias en contra del país y en el objetivo de construir un “paraguas geoestratégico internacional” que es la tesis que sostengo, ó como ha señalado Alexéi Páez esta tarde “un anillo andino-amazónico”, que nos ampare internacionalmente, es necesario, a partir de la reelección democrática del Sr. Álvaro Uribe Vélez en Colombia y de la reñida elección democrática del Sr. Allan García en Perú, que Ecuador acelere su participación en la Comunidad Sudamericana de Naciones, en el MERCOSUR, y que dispongamos de una ofensiva mixta, diplomática y de la sociedad civil, en el continente y el mundo, incluida la Unión Europea, Asia y Norteamérica, para lograr ese paraguas de protección aliada en torno del Ecuador. Resulta obvio que nuestro país es “clave” para EEUU, no por su dimensión geográfica o su peso geopolítico en el continente, sino por quedar cerca de Colombia, Perú, Venezuela y Bolivia, es decir por un criterio geo-político-económico y militar, o de
 “retaguardia” como lo ha indicado Alexéi Páez, para operaciones de carácter militar, policial o de seguridad.
   
  A propósito de las consecuencias que acarrea al país la reelección del Sr. Uribe, en Colombia hay un preocupante proceso de institucionalización de la impunidad y serias probabilidades de que se pueda estar configurando lo que hemos dado en llamar el primer neo-Estado paramilitar en democracia en el continente sudamericano, con las implicaciones que eso puede tener en los países vecinos. Y, por último, coincido con Alexéi en que hay un “empate catastrófico” entre el ejército oficial y las FARC, empate en el cual se ha evidenciado el fracaso del Plan Patriota, y de ese empate y de las nuevas iniciativas, tanto gubernamentales cuanto insurgentes, en los próximos cuatro años habrá consecuencias en nuestras fronteras.
   
  De hecho, el gobierno bogotano no está “ganando la guerra” como lo prometió en el 2003 y se encuentra crecientemente aislado en la región sudamericana por su alianza incondicional con EEUU en los temas centrales. De allí que veamos como seriamente peligrosa la jugada magistral de Perú en el ajedrez andino para incorporar, desde Lima, a Chile en la fragmentada y casi moribunda Comunidad Andina de Naciones. Se trata de esfuerzos tendientes a aislar a Bolivia en esa inútil CAN, a atacar geopolíticamente a Venezuela, pero sobre todo, miramos el peligro o la amenaza de un “Cerco asfixiante” o una “Operación Tenaza” contra el Ecuador, desde el eje Lima-Bogotá-Washington. (Es bastante decidora la visita sorpresa de García esta tarde a Quito, a donde llegó nada más y nada menos que en el avión del Sr. Uribe).
   
  Independientemente de lo dicho, ese eje aún no está del todo consolidado, en él pesa ahora mucho más Uribe que García, pero la larga experiencia política y mayor capacidad geo-estratégica del último, hará que Uribe sea desplazado en el eje retrógrado Lima-Bogotá, aunque históricamente ambas capitales políticas se han mostrado, desde el siglo XIX contrarias a la integración latinoamericanista.
   
  Dificultades de Bogotá, Lima y Washington para consolidarse
  como “Eje Retrógrado”:
   
  Internamente, dentro de Colombia quiero decir, puede tener mucha fuerza y legitimidad la política del Sr. Uribe, pero en Venezuela, Brasil, Ecuador, Chile, Argentina, Uruguay y Bolivia, su influencia es nula, por no decir que su presencia es hasta mal vista. Está cercado en sus fronteras y ahora entra al antiguo eje alicaído, la otra capital: Lima, con EEUU como aliado estratégico, pues como todos saben, otorga la mayor ayuda militar en el mundo a Colombia, después de dársela a Israel y a los Emiratos Árabes.
   
  Dos errores de apreciación geo-estratégica han mostrado Bogotá y Washington en todo el período:
   
  1) Bogotá no ha entendido -en toda su complejidad y amplitud- que América Latina cambió vertiginosamente en los últimos tres años y que varias naciones empezaron a erigir “nuevos centros de gravedad” en el hemisferio, distintos al invariable “centro” de la relación exterior de Colombia (EEUU).
  2) Washington no ha entendido que, en espacios colectivos de decisión -y no por separado o en espacios bilaterales, donde ha tenido éxito- sus iniciativas en lo militar, comercial y político, le han conducido a repetidas derrotas, inusuales en las pasadas décadas.
  Desde el sur soplan nuevos vientos para América Latina y la correlación de fuerzas empezó a desplazarse desde el Atlántico al mar caribe y el norte. A los andes sudamericanos tocó el reverso de esos vientos: en el Pacífico estaban localizados los principales bastiones del bloque geopolítico opuesto. Bogotá, Lima y, hasta abril de 2005, Quito, conformaban una suerte de “triángulo de contención” al nuevo bloque sudamericano.
   
  Ese triángulo de contención intentó sostener hasta el 2005 un rol distante del vertiginoso desplazamiento geopolítico evidenciado en el Sur, pero no pudo resistir mucho tiempo, pues su influencia externa limitada no lo permitió. La “teoría del dominó”, anunciada por la APDH a fines del 2004, se demostró como una tesis geopolítica acertada.
   
  Decíamos entonces: “A ese proceso se enfrentan Uribe, Toledo y Gutiérrez, que tienen a las principales potencias de la región, por su peso geopolítico, extensión territorial, densidad poblacional, recursos naturales y energéticos, cultura y experiencia política, como ‘Centro de Gravedad Estratégico’ al que más temprano que tarde se sumarán la Bolivia que emergería en diciembre de 2005, el Ecuador post-Lucio Gutiérrez, Nicaragua en el mediano plazo y México en el norte, a través de un proceso electoral con amplia probabilidad de desplazamiento político” (Aunque hoy las desalentadoras denuncias de fraude contra López Obrador, pudieran significar un compás de espera al indetenible “Tsunami” de la integración latinoamericanista como bloque geopolítico propio, con capacidad de poder mundial y de convocatoria a la conformación de nuevos bloques emergentes hacia el planeta multipolar, en cuyo parto estamos participando y al cual nos acercamos.
   
  “Sudamérica no podrá integrarse sin antes arreglarse el conflicto de Colombia”, dicen analistas colombianos de distintas academias. Pero pese a él y  por encima del conflicto interno de Colombia, Sudamérica ya empezó a integrarse, pues se ha puesto en evidencia la existencia de un fenómeno político regional adverso a Bogotá: el “hechizo autoritario” del modelo Uribe se rompió en el sur, si alguna vez ese ‘embrujo’ tuvo connotación supra-nacional, y existen mayores niveles de soledad subregional de Bogotá, quien intenta romper el aislamiento con Lima y sirviendo a Washington en sus propósitos de balcanización sudamericana, o de división en el Tercer mundo (lo demuestra su prometido contra-voto por Guatemala para el Consejo de Seguridad de la ONU, en contravía con la tesis sudamericana de apoyar para ese estratégio puesto a Venezuela, a cuya presencia se oponen EEUU e  Israel, sus alfiles, los aliados trasatlánticos, así como sus peones en el continente).
   
  En el nuevo marco sudamericano exigir como ha exigido tantas veces Bogotá que los otros países se involucren militarmente en su conflicto, significa remar a contravía, porque eso no va a ocurrir en un subcontinente que está yendo aceleradamente hacia otros esquemas de solución a los conflictos.
   
  Por eso la importancia de analizar las fortalezas y debilidades que traerá consigo la reelección del Presidente Uribe para su política en Colombia; y por eso la necesidad de tomar en cuenta la creación de ese nuevo “eje de contención emergente” que es Lima-Bogotá-Washington.
   
  El segundo período de Uribe no podrá ser igualmente mellizo que el primero. Tiene fuertes demandas internas y presiones de EEUU, una oposición de izquierdas y social más sólida que en su primer mandato, su estrategia de “Seguridad Democrática” se erosionará y, con la experiencia de reelecciones en la región (con un Fujimori y un Menem destinados al fracaso), hay sombras de incertidumbre en el futuro de la nueva administración uribista.
   
  No puede ofrecer por sí sola, ninguna contrapropuesta de peso a Sudamérica (más allá del divisionismo, en el que jugará a brazo partido con Allan García del Perú). Por ello, quizás los escenarios colombianos y latinoamericanos prefiguren una salida política realista, dialogada y negociada del conflicto antes del fin de esta década en Colombia, tanto por razones internas como externas.
   
  Una América Latina que se preocupe por intervenir en tal sentido sería la expresión más eficaz de solidaridad. Pero también podría ser la muestra de que ese aislamiento de Colombia empezó a superarla su propia elite y sociedad organizada. Mirar a Latinoamérica y repensar una experiencia como la del “Grupo Contadora”, que permitió diseñar una salida dialogal desde Latinoamérica con la ayuda de la Unión Europea a los graves conflictos centroamericanos en la década de los ochenta, tiende a vislumbrarse como una salida futura tal vez con la intervención “internacionalizada” de otros bloques de poder emergente en la actualidad que apunten a la paz en el único país que mantiene un “empate catastrófico” y un conflicto armado inviable a las partes.
   
   
  DESAFÍOS INMEDIATOS:
   
  En fin, ¿qué va a pasar en estos siguientes años?
   
  Uribe (con el soporte de Bush) ha dejado la puerta abierta a la continuación de su estrategia binacional, y eso es lo que tiene que entender el país. En el caso de nuestra nación y sus regiones fronterizas, lo que más nos preocupa son los nuevos elementos que aparecen en la escena de manera difusa aún, pero sobre los cuales alertamos desde hoy de manera pública y abierta. Esos elementos son:
   
   
  1)     La ampliación financiera y, ante todo, conceptual del Plan Colombia. EEUU ha hecho nuevos aportes (700 millones de dólares) a dicho Plan, para un nuevo eje de la matriz militarista de regionalización que siempre ha poseído Ese desconocido nuevo eje, que acompaña a la vieja cantinela que hasta hoy ha imperado, de la “lucha contra las drogas” y la “lucha antiterrrorista”, es lo que EEUU ha dado en llamar “Ayuda para la Seguridad Nacional de Colombia”.
   
  2)     La decisión oficial del gobierno de Uribe, de incorporar a miles de paramilitares ‘desmovilizados’, en el proceso de erradicación manual forzosa de cultivos de coca en los lugares donde no fumigarán, y ello quiere decir la elaboración –a futuro- de un complejísimo arco de presión paramilitar (ya no de los aviones y helicópteros de su ejército oficial) en nuestras fronteras de Carchi, Esmeraldas y Sucumbíos. La estrategia de “reordenamiento territorial” que el narco-paramilitarismo busca con su participación en dicho proceso de ‘erradicación manual’, tenemos que preverla ya, protegiendo con más fuerza la frontera, donde la criminalidad descarnada y brutal de esos actores, puede significar un ‘mensaje’ del Establecimiento colombiano al Ecuador post-Gutiérrez, a la población fronteriza, vista como “auxiliar de los terroristas”, a nuestras Fuerzas Armadas miradas como “poco cooperadoras”, a nuestra Política Exterior, en especial a la tesis de la franja fronteriza de 10
 kms. donde no se debe fumigar.
   
  3)     La probabilidad de que el eje Washington-Bogotá-Lima intente cierre sus tenazas ante un Ecuador dubitativo en formar parte ACTIVA de un bloque nuevo, emergente y superior que en Sudamérica se ha erigido.
   
  4)     La posibilidad de que EEUU presione aún más a Bogotá para que continúen las fumigaciones, pues la lógica gringa de la “lucha contra las drogas” tiene en ese componente (el roundup ultra) y en la no descartable estrategia del uso de  micro-herbicidas en los andes, asideros difíciles de romper. Aunque, en contraposición con aquellas opiniones negativistas y apocalípticas que consideran que todo está perdido, que no hay bloque emergente, que los andes son una región “inviable”, yo sostengo que el espinazo de la Bestia (la política antidrogas y el antiterrorismo), ha comenzado a romperse en América Latina, a raíz de otro hecho que demuestra las fortalezas de Sudamérica: el triunfo de Evo Morales en Bolivia, cuyo gobierno se opone tajantemente a la visión estadounidense de la lucha militar y policial contra la droga y a la criminalización de la hoja de coca.
   
  5)     Las llamadas ‘incursiones’ van a continuar. Esa es nuestra tesis. Se trata de acciones planificadas y premeditadas. Como ha argumentado el Coronel en retiro Jorge Brito: “El Sistema de Defensa Aéreo o Sistema de Alerta Temprana es adecuado para detectar la intromisión de aeronaves no ecuatorianas, funciona las 24 horas del día, los 365 días del año, y no es que se activa cuando ordena el Ministro de Defensa, o el Comandante del Ejército. Ese Sistema está activado todo el tiempo y hay un Código de Identificación de las aeronaves que se comunican directamente con los radares, a través de códigos especiales, y puede saberse de inmediato que es una aeronave de la Fuerza Aérea Ecuatoriana o no. Se obtiene el número que se reporta, hay un espacio aéreo del Sistema que permite identificar dónde están detectadas todas las aeronaves que están volando en nuestro territorio, ¡pero resulta que ingresan helicópteros o los aviones fantasma, y no pasa nada! Once horas de
 infiltración y combates, y no salen nuestros aviones de Defensa Aérea, en este caso a hacer un simple sobrevuelo de la zona…”
   
   
  Ecuador: una Política exterior progresista, pero ambigua y reactiva:
   
  El Ecuador ha logrado, después de seis años de protesta y presión, que primero fue social, de la ciudadanía (los gobiernos estaban separados totalmente en Ecuador de las demandas ciudadanas), y después fue asimilado por el gobierno ecuatoriano, poner en su sitio al gobierno colombiano en el tema de las fumigaciones, por lo que se obtuvo una promesa temporal de Uribe, de no fumigar en la franja de diez kilómetros lejos de la frontera. Es decir, el un componente del Plan Colombia -las fumigaciones- es cuestionado y se logra su temporal suspensión: eso no había pasado en Colombia, a pesar de las denuncias y protestas internas contra las fumigaciones, y se suspenden gracias a la presión de un país de la región andina: el Ecuador. Pero, mientras tanto, el otro componente del Plan Colombia, el eje militar y bélico, derivado hoy en el Plan Patriota, el gobierno colombiano lo profundiza y en nuestra frontera, precisamente.
   
  De otro lado, y esto es parte de la ambigüedad que caracteriza nuestra política exterior, se consolidó un convenio militar firmado por los Ministros de Defensa de Ecuador y Colombia el 12 de enero de este año en Bogotá, que es un convenio que -más allá de las palabras- desde el punto de vista militar admite una estrategia de coordinación combinada-fronteriza, con la advertencia o voto salvado del lado ecuatoriano de que ‘no intervendrá militarmente en el conflicto’ como tal.
   
  Por otra parte, lo que no se le dice al país, y eso me parece una de las principales omisiones  de la política de los mass media, los analistas y académicos conservadores, y de algunos sectores del gobierno, es que no hay “dos actores” en este conflicto. No son Colombia y Ecuador los dos únicos actores de las diferencias o convergencias fronterizas en el tema militar, así como en el tema de las fumigaciones.
   
  Cuando se toca el tema fronterizo ecuatoriano-colombiano, el tema Plan Colombia, el tema militar y el tema de las fumigaciones, hay que referirse inevitablemente al “tercer actor”, ese actor poderoso y silencioso cuya influencia y presión se siente en la agenda regional y en la agenda colombiana más todavía. Y ese actor es Washington. Toda la política estructural de fumigaciones y operaciones militares del gobierno colombiano en estos seis años, es corresponsabilidad del gobierno de los EEUU. Pero, quizás por esa ambigüedad, por evitar mayores niveles de enojo de la arrogante potencia que ha demostrado su animadversión sistemática contra Ecuador desde que echamos del gobierno a su peón de cuadra, Gutiérrez, la diplomacia y el Estado no dicen lo que se sabe a gritos: que aquí hay tres actores, no solo Colombia-Ecuador, sino también los EEUU, en el escenario geopolítico de las disyuntivas actuales y futuras.
 
La política exterior ecuatoriana ante Bogotá y Washington hoy es digna, pero adolece de una falla: aún es reactiva, pues una cosa es sostener una política exterior sistemática de dignidad, y otra tener una política dignamente reactiva. La actual etapa diplomática, a pesar de tener reconocidas muestras de soberanía y dignidad, es reactiva, y por ello  puede ser forzada desde el exterior a la condena de ‘controlar’ trimestralmente la multiplicación, abierta o encubierta, de las incursiones fronterizas del ejército oficial colombiano o los actores irregulares, que es la ‘otra forma de fumigación’ que se nos ha impuesto. Como lo dijo un líder campesino ecuatoriano de la zona fronteriza: “Antes nos fumigaban con glifosato, ahora con bala”.
   
  Cuando Uribe citó meses atrás que ‘El Ecuador debe cooperar en la estrategia combinada de lucha contra el terrorismo’ e inculpó al país de “facilitar su territorio a los terroristas”, estuvo admitiendo entre líneas algo que no quiere admitirlo, y que todos los ecuatorianos lo sabemos: que la elite colombiana no se basta sola para derrotar a la subversión interna, que no ha podido durante 4 años cumplir su promesa de aniquilar la subversión, que en los próximos años puede debilitarse su estrategia -e inclusive, alejarlo de la presión de Washington en busca de ciertos niveles de autonomía para pactar casa adentro con los paramilitares en la conformación de ese neo-estado narco-paramilitar en democracia.
   
  La elite colombiana ha llegado al extremo de pedir en tres ocasiones la intervención multinacional militar en su propio territorio para regionalizar la salida bélica al conflicto interno con su permanente llamado al Ecuador a la presunta cooperación combinada binacional de carácter militar, ayuda que -como lo dijo la revista Semana de Colombia- ‘no es capaz de pedir a países fronterizos más fuertes como Brasil o Venezuela’, que le han negado con firmeza cualquier apoyo a una solución bélica al lamentable conflicto que mantienen por más de 40 años, en donde los subversivos no han requerido de territorios de otros países para poner en jaque a unas fuerzas armadas oficiales con su autoestima baja.
   
  Vale la pena recordar, como prevención futura, que en Centroamérica durante los ochentas, los ejércitos de El Salvador, Guatemala y Nicaragua, países que vivieron graves conflictos bélicos como Colombia, incursionaban frecuentemente en los territorios de dos países vecinos: Honduras y Costa Rica, incluso con la misma coartada de que ambas naciones eran supuestos ‘santuarios guerrilleros’ contra las que usaban la dinámica de los “sobrepasamientos involuntarios” por parte del ejército salvadoreño, guatemalteco y somocista. Es decir, lo que estamos viviendo en la frontera con Colombia no es nuevo en América Latina, y tenemos que recordarlo para evitar que la historia se repita en los andes y nuestro país.
   
  Hoy, sobre todo, presentimos que se quiere impedir que el Ecuador tenga una política autónoma, pro-activa, ya no sólo reactiva, de paz en la región. Y esa es la tarea conjunta de la sociedad civil y del Estado en los próximos años.
   
  Por todo lo dicho, en todo este período la posición de la APDH en materia diplomática y política exterior, así como en las Fronteras, está signada en consolidar la organización civil y el tejido social, hacia los Territorios de Paz Fronterizos y hacia un Ecuador como “Territorio integral de Paz”, y en presionar al Estado para que el Ecuador recupere, como por fin lo ha hecho, aunque tímidamente, la ejemplar política exterior de paz, autodeterminación y soberanía que tuvo a inicios de 1980 con la “Doctrina Roldós”, que fue la tesis correcta para esa época, y a que mantenga la postura tradicional e histórica que tuvo el país antes del año 1999, es decir antes del Plan Colombia y la base de Manta.
   
  Es clave que se reafirme y sostenga la política exterior y la visión militar soberana de esa época, cuando Ecuador convivía de manera normal con el país vecino y, sobre todo, se respetaba el derecho internacional humanitario y de refugio, sin que la xenofobia alcanzara los peligrosos niveles de la actualidad.
   
  Iniciativa Emergente de la APDH
   
  Nosotros proponemos que el Ecuador (en conjunto, estado y sociedad civil, sin cortapisas ni desconfianzas, antes de que concluya este año) en aras de defender su soberanía nacional y autodeterminación, y para hacer valer internacionalmente sus tesis de paz y no injerencia, realice un evento mundial en Quito, reuniendo a lo más destacado de los Nóbel de la Paz y la Literatura, a personalidades mundiales, a organizaciones sociales y academias, a líderes políticos y civiles de peso internacional, para tejer las primeras alianzas, para que la comunidad mundial, la ONU, la OEA, la Unión Europea, la Comunidad Sudamericana de Naciones, la China, el Mundo Árabe, etc., puedan mirar el espejo de nuestra realidad fronteriza y para visibilizar ante ellas el papel de víctima del Ecuador por los impactos del conflicto colombiano, de todos sus actores armados, del Plan Colombia y del tercer actor ‘silencioso’ y hegemónico que pretende forzarnos a participar en sus planes regionales de
 guerra y conflicto.
   
  La disyuntiva estratégica que tiene el Ecuador:
   
  Debemos ser claros: no hemos mirado ninguna visión estratégica a largo plazo en materia de Política exterior, en ninguna de las opciones electorales actuales, sean de izquierda, centro, nueva derecha o derecha. Pero lo que resulta más grave aún, no hemos visto esa visión en Política Exterior en NINGUNO DE LOS CANDIDATOS Y NINGUNA DE LAS TENDENCIAS DE IZQUIERDAS, sean partidos, movimientos o grupos sociales, incluyendo el movimiento indígena, más allá de las consignas generales del “No Plan Colombia”, “No Base de Manta”, “Sí a la integración latinoamericana” y “Abajo el imperialismo”.
   
  Los desafíos son mayores y complejos, y por ello exigimos a esas candidaturas y movimientos sociales y políticos, que rebasen el slogan e internalicen estos mensajes, propuestas y tesis de Política Exterior en sus agendas y compromisos con su país.
   
  Allan García, el alfil más peligroso del nuevo triángulo retrógrado en los Andes, vino hoy a Quito y sabemos que a puertas cerradas se reunió en su hotel (obviamente después de cumplir su cita oficial con el Presidente ecuatoriano), únicamente con el candidato León Roldós y con los mega-empresarios que demandaron “por pique” al Estado cuando se les fue de las manos el TLC. Este hecho es ya muy llamativo. ¿Qué están haciendo, mientras tanto, las opciones electorales y movimientos de la tendencia de izquierdas? Peleándose, desuniéndose, dividiéndose, parroquializando su cotidianidad, mirando hasta la esquina de este año, obviando los graves desafíos y grandes oportunidades que tenemos de hoy en adelante.
   
  Un ejemplo de ello es la base de Manta. El próximo año podemos y debemos levantar un movimiento nacional unificado para denunciar (el término es jurídico) el convenio entre Ecuador y EEUU y lograr su fin, para recuperar nuestra soberanía en ese territorio confiscado por el Comando Sur desde 1999.   
   
  El Ecuador tiene una disyuntiva estratégica, con el ejemplo de Centroamérica en la década de los ochentas: debe escoger su destino, si quiere ser la Honduras de los Andes, país que se convirtió en los ochentas en la Camboya centroamericana, o si quiere emular la posición pacifista y digna de Costa Rica durante esos años, que sin tener ejército y con una fuerte diplomacia internacional hizo respetar sus fronteras, amparándose en alianzas internacionales que el Ecuador debe hallar en Sudamérica, la Unión Europea y otros bloques ahora, antes de que sea tarde.
   
  Desde la perspectiva militar, hemos tenido un ejército estructuralmente nacionalista, es hoy por hoy la única institución que ha elaborado y tenido por décadas una política de Estado ante sus países vecinos (ahora el Ministerio de RREE realiza un plan estratégico denominado PLANEX, que puede converger en similares tesis) y esa política hay que fortalecerla, casa adentro entendiendo que hay matices, corrientes, y visiones diversas en FFAA, que existe una tendencia pro-Washington sobre todo y que ha demostrado estar dispuesta, en los hechos operacionales a enlazarse con Bogotá, tendencia que es reducida pero poderosa, pero que hay una tendencia mayoritaria, de corte nacionalista, progresista y soberana que debemos defenderla y con la cual debemos entablar diálogos desde la sociedad civil.
   
  Casa afuera, necesitamos ese “paraguas estratégico” sólido, inclusive en un tema tan polémico como en lo militar (donde proponemos construir un eje de integración militar progresista con Venezuela y Brasil, por el momento), con la misma –y mejorada, incluso- línea de alianzas multilaterales de paz que tuvo Costa Rica en Centroamérica. Costa Rica lo hizo sin ejército, nosotros tenemos que hacerlo con nuestro ejército. Por eso es importante fortalecer la política exterior desde el Estado, pero también desde la sociedad civil.
   
  Debemos trabajar en el desarrollo -mutuo y unido- de una política internacional multilateral, audaz y autónoma del Ecuador, para visualizar su posición y defender sus tesis en la comunidad mundial. Y eso significa mirar a Sudamérica, no solo a Bogotá y ahora a Lima, que intentarán atenazar al Ecuador en los próximos cuatro años, y hacer parte del ALBA, del TLP, del MERCOSUR democratizado, de la Comunidad Sudamericana de Naciones consolidada, y ver más lejos, a Rusia, a China, la India, el Mundo Árabe, Europa, Norteamérica (no vista dicha región como EEUU solamente), y al Asia y África.
   
  Es decir, mirar desde la mitad del mundo, por vez primera quizás, al mundo entero, que es ancho, pero no ajeno.


 


   
        *Ponencia de Alexis Ponce en el Coloquio   “Ecuador, más allá de su frontera norte”  Foro realizado en la Cancillería Ecuatoriana
  transmitido en vivo por Radio La Luna
  Jueves 6 de julio de 2006, 17h00
   
   
  Alexis Ponce
   
  (*): Un día después del Coloquio, hoy viernes 7 de julio la APDH envió a los Presidentes de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela, es decir a los mandatarios del emergente bloque sudamericanista, la solicitud emergente de que procedan a retirar sus misiones diplomáticas de Israel.

Información adicional

Autor/a:
País:
Región:
Fuente:

Leave a Reply

Your email address will not be published.