Permanecerá –por el momento al menos– como Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), lo que está lejos de ser una función menor en un sistema político de partido único. En principio deberá anunciar la dimisión de este cargo en un congreso del PCC, pero no ha habido congreso desde 1997.
Hasta el momento, el cargo de primer secretario no ha estado disociado
Del de jefe del Ejecutivo en ningún país comunista. Es por lo tanto poco probable que Fidel Castro conserve su cargo en el seno de Partido, pues ya ha renunciado también a ser Presidente del Consejo de Ministros (primer ministro) y al grado de Comandante en jefe.
De todos modos, su inmensa influencia sobre la opinión pública cubana perdurará. Permanece en la lucha aunque cambie de frente. Ha dicho en su mensaje que ahora se consagrará al “cuarto poder”: continuará escribiendo en el diario de mayor tirada de la isla, Granma, “órgano central del Partido”.
En su actual cuartel general clandestino, persiste como el combatiente
Que siempre ha sido, aunque sus armas sean ahora exclusivamente las palabras y su batalla más que nunca la de las ideas. El frente en el que lucha es, como diría Gramsci, el de la hegemonía cultural por la cual siempre ha batallado.
Los periodistas que, estos últimos días, se han alegrado con estruendo
de su “retirada definitiva”, han simulado olvidar la influencia que ejercen los medios de comunicación sobre la opinión pública. En el mundo de hoy, el cuarto poder tiene a veces más poder que el primero. Y Fidel Castro ha precisado que los artículos que no ha dejado de escribir durante su larga convalecencia, van a continuar apareciendo. Sólo cambia el nombre de la rúbrica: en lugar de “reflexiones del Comandante en jefe”, se leerá a partir de ahora simplemente “reflexiones del camarada Fidel” (por otra parte ha solicitado que sus artículos no aparezcan más en la portada de Granma sino más discretamente en la página 2). Podemos apostar a que los cubanos, al igual que los observadores internacionales, continuarán leyéndolo con la mayor atención, pues nadie reemplaza a Fidel Castro como guía ideológico de
En la historia de su país, su recorrido es único, no solamente en razón de sus cualidades de líder sino también porque las circunstancias históricas que lo han modelado no volverán a ser jamás las mismas. Fidel Castro ha pasado por todo: la guerrilla en Sierra Maestra,
El hecho de que abandone el Ejecutivo en vida debería permitir, en
Cuba, una evolución pacífica. En su mayoría, los cubanos aceptan ver su país dirigido por un equipo diferente, pero de la misma manera y por la misma vía socialista. Después de todo, Raúl Castro tiene las riendas del gobierno desde hace más de un año y medio, y la vida ha seguido su curso sin sobresaltos. Con pragmatismo, ha puesto en el centro de la acción de su gobierno las cuestiones que preocupan a la gente: la alimentación, el transporte, la vivienda, el coste de la vida.
Los ciudadanos han tenido tiempo para habituarse a la idea de que Fidel Castro no iba a pilotar más el ejecutivo. En sus artículos más recientes ha tenido cuidado en destilar, con pedagogía, informaciones muy claras anticipando la decisión que acaba de tomar. Así, en diciembre de 2007, había advertido: “Mi deber elemental no es aferrarme a cargos, ni mucho menos obstruir el paso a personas más jóvenes, sino aportar experiencias e ideas cuyo modesto valor proviene de la época excepcional que me tocó vivir.”
Más tarde, tras haber sido reelegido diputado del Parlamento constituido el domingo 24 de febrero, había agradecido a sus electores y se había excusado ante ellos de no haber podido hacer campaña sobre el terreno a causa, explicaba, de su condición física que no le permite más que escribir.
En fin, en su mensaje de 19 de febrero, ha añadido: “Traicionaría por
consiguiente mi conciencia si ocupara una función que exige movilidad y entrega total, que no estoy en condiciones físicas de ofrecer.”
Personalidad con principios éticos y morales rigurosos, y cuyo modo de
Vida es de gran austeridad y frugalidad, es también, y se ignora a menudo, un apasionado por las cuestiones ecológicas y del medioambiente. No es ni el monstruo que describen ciertos medios de comunicación occidentales, ni el Supermán que presentan a veces algunos medios de comunicación cubanos. Con una increíble capacidad de trabajo, es sobre todo un estratega de excepción, un dirigente que ha vivido, frente a la potencia norteamericana hostil, una vida entera de resistencia. Sin haber cedido, ni haber sido vencido. Esa es su gran victoria.
Fidel Castro es una curiosa mezcla de idealismo y pragmatismo. Sueña
con una sociedad perfecta aun sabiendo que las condiciones materiales son extremadamente difíciles de transformar. Deja su función presidencial convencido de la estabilidad del sistema político cubano. Su preocupación principal hoy no es tanto el socialismo en su propio país como la mejora de la vida en un mundo desigual en el que millones de niños siguen analfabetos, hambrientos y con enfermedades que podrían fácilmente curarse.
El ex-Presidente está convencido de que Cuba debe mantener buenas relaciones con todas las naciones, cualquiera que sea la naturaleza de sus regímenes o sus orientaciones políticas. Pasa el testigo a un equipo experimentado, en el que tiene toda la confianza y este relevo no debería implicar reformas espectaculares. A pesar de Washington, la mayoría de los cubanos, incluso los que critican algunos aspectos del sistema (limitación de libertades y de derechos políticos), no contemplan ni desean un cambio de rumbo radical. No quieren perder algunas ventajas que el socialismo les ha ofrecido: educación gratuita; cobertura médica universal; pleno empleo; vivienda gratuita;
agua, electricidad y teléfono casi gratuitos; y una existencia tranquila, con seguridad, con poca delincuencia en un país en paz.
No hay duda, porque todo cambio de hombre implica cambio de método, que el socialismo cubano evolucionará. ¿Lo hará a la manera de China o de Vietnam? Probablemente no. Cuba proseguirá su propia vía. Las nuevas autoridades introducirán seguramente cambios en el ámbito económico, pero es poco probable que asistamos a una “Perestroika cubana”, o a una “apertura política”, o a elecciones multipartidistas. Las autoridades están convencidas de que este tipo de “transición” reabriría la vía a una intromisión estadounidense y a una forma más o menos disimulada de anexión. Consideran que el socialismo es la buena elección aunque puede –y debe– ser perfeccionado. A corto y medio plazo, su preocupación principal será, verdaderamente, mantener la unidad.
En el momento en que Fidel Castro pasa a convertirse en periodista-editorialista con plena dedicación, la tarea principal que sus herederos deben resolver es sobre todo remontar el eterno desafío de las relaciones con Estados Unidos. Es un asunto determinante. En varias ocasiones, Raúl Castro ha anunciado públicamente que estaba dispuesto a sentarse a una mesa de negociaciones para discutir con Washington el conjunto de los contenciosos entre los dos países.
Y es probable que sea de Estados Unidos de donde pueda venir el signo político más importante para la evolución en Cuba. ¿No ha anunciado claramente el candidato actualmente en cabeza para la investidura demócrata, Barack Obama, – quien, en 2003, en calidad de candidato al Senado, había abogado por levantar el bloqueo económico y había reclamado rebajar las restricciones para viajar y enviar fondos a Cuba-, su intención de discutir con todos los países considerados como “enemigos” o “adversarios” de Estados Unidos? Entre otros con Cuba. Él mismo ha reclamado, el 22 de febrero, una necesaria transición en Estados Unidos, al menos sobre esta cuestión, declarando que si hay signos de cambio en la isla, “Estados Unidos debe estar preparado para avanzar hacia la normalización de las relaciones y atenuar el embargo”. Esto significaría una revolución copernicana en la política exterior de Estados Unidos desde 1961.
Si bien nadie debe esperar un cambio político radical e inmediato en
Estados Unidos podrían modificar la atmósfera de las relaciones cubano-americanas. Sobre todo si el nuevo presidente decidiera efectivamente poner fin al injusto embargo comercial unilateral impuesto a Cuba desde hace más de cuarenta años. Ello además correspondería a la actual sensibilidad de los cubanos instalados en Estados Unidos puesto que, según una encuesta de
Según Fidel Castro, George W. Bush habrá sido, para Cuba, pero también para el pueblo estadounidense y para el mundo, el más nocivo de los diez presidentes estadounidenses con los que le ha tocado bregar. La salida de Bush en un año debería conducir a Washington –escaldado por las desastrosas lecciones de Irak y de Oriente Próximo– a una revisión de la política exterior estadounidense y sin duda a reorientarse hacia América Latina.
Los Estados Unidos van a descubrir una situación drásticamente diferente a la que ellos mismos moldearon en los años 1960-1990. Cuba ya no está sola.
En el campo de la política exterior, los cubanos han reforzado mucho sus lazos con el conjunto de Estados latinoamericanos. Por primera vez,
Es importante recordar que, en gran parte, la evolución interna en
(1) Ignacio Ramonet, autor de este artículo, ha escrito un libro de conversaciones con el dirigente cubano titulado: Fidel Castro, biografía a dos voces, Editorial Debate, Madrid, 2007.


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