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George Cipriani. El último de los mohicanos

Un día distinto a los demás. Luego de 23 años pasados en la cárcel, Georges Cipriani salió el miércoles de la prisión de Ensisheim gracias a un régimen de semilibertad otorgado por la Corte de Apelaciones de París. Cipriani es uno de los últimos miembros del grupo de extrema izquierda francés Acción Directa que recobran la libertad. Jean-Marc Rouillan, Nathalie Ménigon, Joëlle Aubron y Georges Cipriani, los cuatro principales responsables de Acción Directa, fueron arrestados en febrero de 1987 y condenados a cadena perpetua por el asesinato del presidente director general de la empresa automotriz Renault, Georges Besse, y de René Audran, un ingeniero general del ejército. De los cuatro que componían el núcleo duro del grupúsculo francés, Joëlle Aubron fue liberada en 2004 por razones médicas –falleció en 2006 de un cáncer–, Nathalie Ménigon obtuvo la liberación condicional en 2007, Jean-Marc Rouillan salió en libertad condicional el mismo año y volvió a la cárcel por haber violado los requisitos legales de la liberación. Georges Cipriani obtuvo ahora el mismo estatuto. El hombre, a los 59 años, va a trabajar para un banco alimentario en Estrasburgo y colaborar con el Socorro Popular.

Con la liberación parcial de Georges Cipriani se termina un ciclo que comenzó en los años ’70 con la aparición de Acción Directa. En su corta existencia, este grupo que se definía como “comunista revolucionario” reivindicó 80 atentados y asesinatos. Surgido de la fusión de varios grupúsculos anarquistas y extremistas, Acción Directa se plasmó con los militantes más intransigentes del llamado movimiento “autónomo”. Los autónomos son anarquistas irrevocables que rompieron sus lazos con las organizaciones históricas y rehúsan toda relación con los esquemas partidistas. La encarnación contemporánea de esa tendencia es visible hoy en las manifestaciones contra las cumbres del G-7, el G-20, la OTAN o el FMI. Son ellos quienes destruyen los emblemas del capitalismo y buscan el enfrentamiento directo con la policía dentro de los llamados Black Blocs. Acción Directa protagonizó una lucha frontal contra el Estado francés mediante atentados, ataques a mano armada y asesinatos. En suma, una acción terrorista asumida en nombre de la lucha de clases con el objetivo de derrotar “al capitalismo y al imperialismo”. Los años ’70 y ’80 se prestaban a esos juegos, era la época de las Brigadas Rojas en Italia y de la Fracción del Ejército Rojo en Alemania, la RAF.

AD fue la versión francesa de esos años de plomo europeos. El grupo extremista se estructuró en torno de Jean-Marc Rouillan, un militante antifranquista, y tuvo dos existencias. Una, entre finales de los años ’70 y principios de la década siguiente. Entre 1977 y 1979, Acción Directa perpetró decenas de actos terroristas de guerrilla urbana contra los símbolos del poder político y económico –ataques contra la sede del patronato francés, edificios del ejército, bancos, etc.–. Esos operativos no tenían mucha envergadura y, sobre todo, no habían causado víctimas mortales. En ese momento, entre los grupos de extrema izquierda que existían en Francia sólo las “Brigadas Internacionales” –grupo de ascendencia maoísta– había cometido asesinatos: un general uruguayo en 1975 y el embajador de Bolivia en Francia (1976). En septiembre de 1980 dos de los miembros más activos de Acción Directa, Jean-Marc Rouillan y Nathalie Ménigon, fueron arrestados por la policía gracias a un informador de los servicios secretos, Gabriel Chahine. Condenados a varios años de cárcel, ambos recobraron la libertad luego de la elección del presidente socialista François Mitterrand a la presidencia de la República. Una vez electo, Mitterrand amnistió a los prisioneros de AD a cambio del fin de la lucha armada. Algunos aceptaron, otros no.
Allí comienza la segunda etapa, la más violenta. El ala que permaneció activa decidió coordinar sus acciones con otras organizaciones de extrema izquierda de Europa y de Turquía. La lucha armada, hasta ese momento, no había traído los beneficios esperados. El famoso credo del “sabotaje del capitalismo” para “despertar a la clase obrera” no había suscitado ninguna adhesión popular ni motivado a la clase obrera a unirse a esa lucha. El 13 de mayo de 1982, el informador de la policía, Gabriel Chahine, fue asesinado cuando entraba a su taller de artista. Tres años más tarde, el 25 de enero de 1985, AD mató a René Audran, el ingeniero general del ejército. El 17 de enero de 1986, el director de Renault, George Besse, cayó a balazos en la puerta de su casa. En febrero de 1987, los cuatro dirigentes de AD fueron cercados por la policía al cabo de un amplio operativo.

Detenidos en condiciones extremas denunciadas constantemente por los grupos de solidaridad con los prisioneros de AD, los cuatro dirigentes extremistas fueron recobrando la libertad condicional poco a poco. De los 23 años que Georges Cipriani estuvo preso, siete los pasó en un régimen de aislamiento absoluto. Apenas liberado, su abogado y los comités de defensa adelantaron que Cipriani no daría el paso en falso que Jean-Marc Rouillan dio unos años antes. La liberación en el régimen de semilibertad exige el silencio. Rouillan lo rompió: dio una extensa entrevista al semanario L’Express y con ello anuló los beneficios obtenidos. Entre sacrificar el silencio o la libertad, Rouillan eligió la libertad. Esa entrevista revela el estado de ánimo y las convicciones intactas de quien promovió la lucha armada extrema en una sociedad con seguro de desempleo, salud gratuita, sistema educacional gratuito, vacaciones extensas y pagas y universidades accesibles. Rouillan no renegó de su pasado y dijo que seguía “convencido de que, en un momento del proceso revolucionario, la lucha armada es necesaria”.

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