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Guerras y conflictos diplomáticos amargan el final del mandato de Obama

Guerras y conflictos diplomáticos amargan el final del mandato de Obama

El presidente estadounidense no acabará en paz; traspasará a su sucesor o sucesora una serie de conflictos empantanados

Barack Obama llegó a la Casa Blanca en el 2008 prometiendo acabar con todas las guerras que había iniciado su antecesor, George W. Bush, y a pesar de sus esfuerzos abandonará la presidencia de Estados Unidos sin conseguir su objetivo, pero no sólo eso. Traspasará a su sucesor o sucesora una serie de conflictos empantanados. Guerras, fracasos diplomáticos y desacuerdos políticos están amargándole al 44.º presidente de EE.UU. lo que había de ser un fin de fiesta.

La guerra de Irak exige el envío inmediato de un nuevo contingente de soldados estadounidenses. La retirada definitiva de tropas de Afganistán ha tenido que aplazarse. La guerra en Siria se complica cada vez más. Estados Unidos ha aumentado progresivamente el envío de fuerzas de operaciones especiales en contra de lo anunciado en un principio y la actividad diplomática con Rusia está resultando un enorme fracaso. Las tomaduras de pelo del líder ruso, Vladímir Putin, alimentan el discurso de los republicanos que presentan a Obama como un presidente débil.

Y en el frente interno, los quebraderos de cabeza del presidente sobre asuntos exteriores no son menores. La anulación del veto presidencial a la ley que autoriza demandar a Arabia Saudí por su implicación en los ataques del 11 de septiembre, además de una sonora bofetada al presidente ,va a complicar la relación de Estados Unidos con un aliado principal en Oriente Medio y probablemente con otros países que puedan sentirse agredidos. El presidente no ha podido disimular su enojo. “Los congresistas han cometido un error y han sentado un precedente peligroso”, dijo.

Y un objetivo comercial tan prioritario para Obama como es el Acuerdo Comercial Transpacífico (TPP), la mayoría republicana del Congreso ha dejado claro que no lo ratificará antes de las elecciones de noviembre, lo que pone difícil su aprobación, teniendo en cuenta que tanto Donald Trump como Hillary Clinton se han desmarcado de la iniciativa de Obama. “Estados Unidos debe actuar en Asia y el Pacífico como la potencia que es –declaró el secretario de Estado, John Kerry, en el Centro Wilson– y si no ratifica el acuerdo transpacífico, el rechazo tendrá graves conse¬cuencias”.
El resumen es que a Obama se le han movido todas las piezas del mapamundi en la dirección que no quería y ni las circunstancias ni el tiempo que le queda en el cargo le permitirán revertir la situación.

Sin ir más lejos, esta semana Obama no ha tenido más remedio –seguramente con dolor de su corazón– que autorizar el envío de 600 soldados más a Irak, que según los expertos militares son imprescindibles para asegurar el éxito en el asalto a la ciudad de Mosul, la segunda ciudad iraquí y el principal baluarte del Estado Islámico. El portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, se apresuró a dejar claro que pese a las circunstancias no hay cambio de estrategia y las tropas estadounidenses no entrarán en combate. “Estas fuerzas militares se limitarán a preparar a las fuerzas iraquíes para la ofensiva”, aseguró el portavoz.

Mucho peor es la situación en Siria, donde está fracasando estrepitosamente el trabajo diplomático. El apoyo ruso a Bashar el Asad agrava y prolonga el conflicto que ha costado ya medio millón de muertos y diez millones de desplazados. La aviación rusa sigue bombardeando posiciones rebeldes de aliados de Washington en Alepo, sin importarle los daños colaterales causados a los civiles. Kerry declaró ayer en Washington que “el apoyo que presta Moscú a Asad va en contra de las leyes de la guerra, de la decencia y de toda moralidad”. El secretario de Estado formuló un ultimátum: “Estamos a punto de suspender el diálogo con Moscú y considerar otras alternativas, porque no tenemos ninguna constancia de que Rusia esté dispuesta a actuar con seriedad”.

Después de la guerra preventiva, a Obama le concedieron un premio Nobel de la Paz que también tenía carácter preventivo. A sus detractores les encanta recordar ahora que Obama es el presidente que ha mantenido en guerra a Estados Unidos durante más tiempo. Más que Lincoln, que Roosevelt, que Johnson o que Nixon. Pero eso es injusto. En algunos casos –el cierre de Guantánamo, por ejemplo–, los adversarios republicanos han boicoteado sus iniciativas antibelicistas. Y, a fin de cuentas, cuando llegó a la Casa Blanca, EE.UU. tenía 200.000 soldados guerreando por el planeta y ahora entre Irak, Siria y Afganistán, apenas llegan a 15.000.

 

Por Jordi Barbeta, Washington
30/09/2016 02:29 | Actualizado a 30/09/2016 08:34

Información adicional

La política exterior de Estados Unidos
Autor/a: Jordi Barbeta
País: Estados Unidos
Región: Norteamérica
Fuente: La Vanguardia

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