
Un soldado israelí se interroga
Sólo conocía Gaza por las historias. Era la zona militar de la que era responsable la Brigada Givate, pero todos conocemos las historias acerca de cómo consiguieron matar a varios militantes en una emboscada. Sinceramente, estábamos un poco celosos. Fui llamado a filas por las Fuerzas de Defensa de Israel (idf) al final de la segunda Intifada, para integrar una unidad de operaciones especiales de la brigada de paracaidistas. Desde el comienzo de mi servicio sabía que Nablus y Yenín serían las zonas de las que seríamos responsables, aparentemente un juego de niños comparado con las historias que se contaban de Gaza, pero mi juego de niños. Nunca olvidaré la primera vez que me dispararon, ni el primer cadáver palestino que vi en mi vida, ni el miedo y la adrenalina durante mi primera operación militar.
Mi primera misión consistió en el ataque a un hogar palestino. Nunca había tenido la oportunidad de estar en el interior de una casa palestina, y mi pelotón se sorprendió momentáneamente por el hecho de que era la vivienda de una familia entera que abarcaba tres generaciones. Despertamos a todos y tomamos el control del inmueble. Metimos a todos en una habitación, mujeres, hombres, niños y ancianos. Uno de los hombres se colocó en la puerta para asegurar de que no saliesen. Mientras tanto, nos ocupamos de nuestros asuntos. Recuerdo preguntarme: “¿Qué piensan de todo esto? ¿Qué haría yo si un grupo de soldados irrumpiese en mi casa?”, pero inmediatamente reprimí estas preguntas y continué con la misión. Con el paso del tiempo el miedo se convirtió en aburrimiento, la adrenalina se estabilizó y mis dudas acerca del alcance de la lógica operativa y su justificación volvían a atormentarme. Sin embargo, al día siguiente ya había nuevas operaciones. Esta era nuestra rutina diaria y, como resultado, en la siguiente ocasión en realidad no pensé en cómo se sentía la familia en cuya casa habíamos entrado. Mi línea roja moral personal se desdibujaba muy rápidamente. Siempre me decía a mí mismo que eso aún estaba bien, pero la esencia de las líneas rojas es que se mueven en una escala imaginaria. No me preocupaba cuando destruíamos hogares enteros durante operaciones de búsqueda, ni cuando mi pelotón le disparó accidentalmente a una mujer inocente; enterramos el incidente y seguimos adelante. Hoy sé que mi capacidad de distinguir si una acción en particular cruza la línea no existía por aquel entonces.
Lo que me sucedió a mí le ocurre a las idf y a la sociedad israelí a gran escala. Durante la operación Plomo Fundido (Cast Lead) yo ya llevaba más de un año siendo un ciudadano activista de Rompiendo el Silencio, pero todavía estaba conmocionado por los incidentes que oí que habían tenido lugar allí. Recuerdo a un amigo que había participado en Plomo Fundido. Regresó conmovido por el hecho de que los hogares de “miembros de Hamas” se considerasen objetivos legítimos para bombardeos, sin relación alguna con el riesgo que suponían para nuestros soldados en el campo de operaciones. Esa fue la primera vez que él había encontrado tales órdenes durante su servicio militar. Esto es lo que atestiguó: “Por la mañana identificamos a cuatro hombres de 25 a 40 años, con kufiyas, que estaban hablando fuera de la casa. Era sospechoso. Informamos de ello a inteligencia, especificando la casa en la que estaban a punto de entrar. Inteligencia pasó esta información al Shabak (agencia de seguridad israelí), que informó de que se sabía que esta casa era de un activista de Hamas. En estos casos la respuesta es automática. No recuerdo qué utilizamos, si fue un helicóptero u otra cosa, pero la casa fue bombardeada mientras estos hombres estaban dentro. Una mujer salió corriendo de la casa con un niño en brazos y escapó hacia el sur, es decir, había inocentes dentro”.
La misma línea roja que se cruzó durante la operación Plomo Fundido se ha convertido en la línea inicial de la operación Barrera Protectora (Protective Edge). Se añadieron hogares de “miembros de Hamas” a la lista larga de las idf como objetivos potenciales en la Franja de Gaza.
Los políticos que nos enviaron a hacer estas tareas ni siquiera fingieron prometer la esperanza de un futuro mejor, sólo usar más la fuerza y la violencia. Nuestras dudas en cuanto a la lógica y la justicia ya no nos interesan, ya que nuestras líneas rojas morales se mueven constantemente a la luz de nuestra realidad, de forma muy parecida a las mías durante mi servicio militar. 150 muertos en Gaza en los seis primeros días de la operación, de los cuales la gran mayoría eran civiles y la cuarta parte de ellos niños. Millones de israelíes y palestinos viven con el miedo existencial a que un cohete o misil caiga sobre sus cabezas. El final de un brote de violencia no hace más que activar la alarma para el siguiente.
La línea roja en la que nos detuvimos durante la operación Plomo Fundido (2009) es la misma desde la que comenzamos la operación Pilar Defensivo (Pillar of Defense) (2011). El punto en el que nos detuvimos durante Pilar Defensivo es el mismo lugar desde el que hemos comenzado Barrera Protectora. ¿Cuál será nuestra próxima línea roja? ¿Y cuándo cruzaremos también esa? Sólo nosotros podemos responder esa pregunta. Depende de nosotros y de lo que permitamos que otros hagan en nuestro nombre.
* Avner Gvaryahu sirvió en las idf como sargento de las fuerzas especiales desde noviembre de 2004 hasta noviembre de 2007. Columna enviada a Brecha por Rompiendo el Silencio, grupo de israelíes contra la guerra.



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