
El informe Chilcot dice que Blair fue el principal responsable porque “no agotó los medios pacíficos para resolver el conflicto” y presentó con una “certeza injustificable” el peligro de las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein.
En medio del Brexit, el Chilcot. El devastador informe de Sir John Chilcot sobre la guerra en Irak no dejó títere con cabeza. El entonces primer ministro Tony Blair fue el principal responsable porque “no agotó los medios pacíficos para resolver el conflicto”, presentó con una “certeza injustificable” el peligro de las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein y no calculó los riesgos de la posguerra, pero cayeron también en la redada los servicios de inteligencia con su evaluación “errada”, las fuerzas armadas por el pobre equipamiento de las tropas y los políticos que colaboraron o dejaron que todo sucediera. “La consecuencia de toda esta cadena de errores es que unos 150 mil iraquíes murieron, más de un millón fueron desplazados y unos 200 efectivos británicos perdieron la vida”, subrayó Sir John Chilcot.
En la presentación del informe Chilcot indicó que no “expresaba un punto de vista sobre si la acción militar era legal”, pero indicó que la base sobre la que se había decidido la guerra “estaba muy lejos de ser satisfactoria”. El procurador general, Lord Goldsmith, máxima autoridad legal del reino en aquel momento, fue duramente criticado por no haber aportado un “asesoramiento escrito”. Como recuerda el informe, Glodsmith opinó primero que la guerra sin una segunda resolución de la ONU era ilegal, pero cambió de idea luego de viajar a Washington en marzo de 2003 y reunirse con las autoridades legales estadounidenses.
Los familiares de las víctimas de la guerra señalaron que podrían llevar el caso a la Justicia y que en todo caso, “nunca más” puede haber un “fiasco” con tantos errores “que lleven a la pérdida de tantas vidas británicas y a la destrucción de un país”. En una conferencia de prensa de más de una hora, el ex primer ministro Tony Blair indicó que lamentaba muchas cosas y que no pasaba un día “sin revivir y volver a pensar en lo sucedido”.
Blair asumió plena responsabilidad por los fallos identificados por el informe, admitió que la información de inteligencia estaba errada y reconoció que los familiares de las víctimas nunca lo perdonarían, pero dijo que no había manipulado a la opinión pública y que había tomado la decisión correcta. “Hay que recordar el clima que se vivía después de los atentados del 11 de septiembre, cuando no se sabía de dónde vendría el próximo ataque. El régimen de Saddam Hussein era capaz de acciones agresivas y catastróficas. Era un dictador que había usado armas químicas contra su propia población y contra otros países y había mentido sobre su arsenal de armas de destrucción masiva”, se justificó Blair.
En los 12 volúmenes y más de dos millones y medio de palabras del informe, la conclusión es distinta. Sin poner en duda que Saddam Hussein era un “brutal dictador”, el informe indica que había tiempo para negociar y que Blair había subestimado los problemas que presentaría una invasión a pesar de todas las advertencias recibidas al respecto. El dosier que Blair presentó al Parlamento británico para justiticar una acción militar en septiembre de 2002 no bastaba para sostener sus alegaciones de que Irak contaba con un programa activo de armas químicas y biológicas.
Creada en 2009 por el reemplazante de Blair en el cargo, Gordon Brown, la investigación liderada por Sir John Chilcot atravesó dos elecciones (2010 y 2015), amenazas de acciones legales por la demora en publicar sus resultados, la muerte de uno de los cinco miembros del panel e intentos de bloquear el acceso a los documentos. El volumen mismo del material, que incluyó documentos desclasificados del Gabinete, evaluaciones de inteligencia, la correspondencia privada entre Blair y el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, tenía como objetivo “aprender las lecciones necesarias”.
En el Parlamento, el primer ministro David Cameron, quien votó a favor de la invasión, asumió su “cuota de responsabilidad”, señaló que se “aprenderían las lecciones necesarias”, pero indicó que no debían pensar que de acá en más, “toda intervención militar es inútil”. El atribulado líder de los laboristas, Jeremy Corbyn, uno de los políticos que encabezaron la lucha contra la guerra, señaló que fue “un acto de agresión militar lanzada con un pretexto falso” y recordó que sus consecuencias se sienten hoy mismo. “El atentado suicida del domingo, que mató a 250 personas, fue responsabilidad de uno de los grupos que surgieron como consecuencia de la invasión”, señaló.
En un acto, por la noche, al que asistieron familiares de los caídos en la guerra, Corbyn pidió perdón en nombre del Partido Laborista por la desastrosa decisión de ir a la guerra con Irak. “El pedido de perdón es primero para el pueblo iraquí. Se perdieron cientos de miles de vidas y el país todavía vive las consecuencias de lo sucedido. También pedimos perdón a los soldados británicos que, en cumplimiento de su deber, perdieron la vida. Y por último a los millones de británicos que sintieron que se traicionaba la democracia con esta guerra”, indicó Corbyn.
Un informe sobre lo que ya se sabía
Rodolfo Bueno | Rebelión
“Por qué usted optó sumarse al ‘diktat’ de Bill Clinton en su ‘Iraq Liberation Act’, de 1988, y al deseo de George W. Bush de ponerlo en práctica”, le pregunta en carta abierta a Tony Blair el diplomático de la ONU, Hans Von Sponeck. Nunca tuvo respuesta alguna. Luego de recalcar la gravedad de la situación, generada en Irak por las injustas sanciones que le fueron impuestas, cita a Hamsy Agam, representante de Malasia ante la ONU, quien observó con sarcasmo: “Qué irónico resulta que la misma política destinada a quitar a Iraq sus armas de destrucción masiva sea, en sí misma, un arma de destrucción masiva”. Acusa a Blair de haber contribuido a crear la época peligrosa que se vive, pues “Ni el Consejo de Seguridad de la ONU es capaz de resolver las crisis de forma pacífica y hay una tremenda doble moral en el debate respecto a la dirección que lleva nuestro mundo” y añade: “Nada de lo que usted y Bush, su compañero de armas, habían planeado para Iraq se ha cumplido, con la única excepción del derrocamiento de Sadam Husein. Y en este punto, usted optó por señalar a Irán como el nuevo peligro”.
¡A buena hora! no se metieron con Irán. Las certeras palabras de Von Sponeck son ahora confirmadas por el informe de sir John Chilcot, que ha investigado la participación del Reino Unido en la invasión a Irak, coordinada por Washington sin el auspicio de la ONU, donde se señala: “Hemos llegado a la conclusión de que el Reino Unido decidió unirse a la invasión de Irak antes de que se agotaran las opciones pacíficas para el desarme. En aquel momento las acciones militares no eran la última opción”. También destaca que la acción militar se hizo “cuando no había ninguna amenaza inminente por parte de Irak, que no tenía capacidad para crear una bomba nuclear”, que “la base legal para la acción militar del Reino Unido estuvo lejos de ser satisfactoria”, que la invasión fue un error cuyas consecuencias se pagan hasta ahora y que “la invasión ha provocado la llegada de armas a manos de los terroristas”.
Vale la pena recalcar que este genocidio, y no existe otro nombre para esta acción armada criminal, se realizó sin contar con el apoyo de la mayoría de los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, que se opusieron porque Irak no poseía armas de destrucción masiva, por más que Colin Powell, Secretario de Estado de EE.UU., intentara demostrarlo blandiendo una retorta de contenido desconocido.
El informe de sir Jonh Chilcot señala, como una de las consecuencia de la acción militar, que “el pueblo de Irak sufrió enormemente y millones de ciudadanos resultaron desplazados” y que los fallos en la planificación por parte del Reino Unido “siguen afectando la vida de los británicos hasta el día de hoy”. Más vale tarde que nunca, aunque no está claro si alguna vez Tony Blair pagará por este crimen y, menos aún, Bush, culpable directo, ni Aznar, que también los acolitó. Por algo, los familiares de los militares británicos muertos en Irak sostienen que “Blair es el peor terrorista del mundo”.
Blair se defiende de la amistad y la adulación con Bush, de estar con él “pase lo que pase” y del “siempre suyo, Tony”, afirmando que “actuó de buena fe”. Valdría la pena recordarle que el infierno está empedrado de buenas intenciones.



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