Brasil podría estatizar la producción de fertilizantes para frenar un
brusco aumento de los precios de los alimentos. “Es un tema estratégico
para Brasil porque somos altamente dependientes de la importación de
fertilizantes. Si es necesario vamos a actuar reestatizando parte del
sector”, aseguró ayer el ministro de Agricultura, Reinhols Stephanes.
Según explicó el funcionario, los fertilizantes absorben el 40 por
ciento del costo de producción de alimentos y el gobierno ha decidido
intervenir en el sector debido al clima de preocupación por la
inflación.
Brasil importa cerca de 70 por ciento de los fertilizantes que utiliza
y el 75 por ciento del mercado interno está dominado por tres empresas.
“Este oligopolio perjudica a los productores”, aseguró el ministro,
pero en realidad su preocupación son los consumidores finales. Durante
su conferencia de prensa de ayer, Stephanes aseguró que, aunque Brasil
es uno de los principales productores y exportadores mundiales de
alimentos, también está sufriendo el aumento generalizado de los
precios, como el resto del globo.
Esta semana el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva anunció un aumento
del diez por ciento al sueldo mínimo, como un paliativo a la inflación.
A pesar de que según las cifras oficiales la inflación es sólo del 4,5
por ciento, los alimentos han aumentando hasta un 12 por ciento. Este
incremento golpea principalmente a los sectores más pobres que gastan
casi todo su sueldo en alimentos.
El ministro de Agricultura prometió que una nacionalización podría
ayudar a mejorar la productividad del sector y, en consecuencia, toda
la estructura productiva. “Cuando uno habla de estatizar, no significa
aquella antigua idea de estatismo, sino que Petrobras podrá asociarse a
algunas empresas privadas brasileñas y cooperativas para actuar en
determinados sectores”, explicó.
Según datos aportados por el Palacio del Planalto, sólo 40 países
producen fosfatos y otros 12 potasio, que junto a los nitrogenados
(extraídos a su vez del gas natural) son los principales componentes de
los abonos químicos. “No podemos darnos el lujo de ser dependientes de
la importación de fertilizantes”, advirtió el ministro, recordando los
años de crisis alimentaria que ya pronosticaron organizaciones
internacionales como la ONU, la FAO y el BM.
Brasil tiene sus propias minas de fosfatos como para tornarse
autosuficiente en el plazo de cinco a 10 años, pero debe optimizarse su
explotación. “En el caso de potasio tenemos una gran mina que necesita
de un análisis más técnico y ambiental porque queda en el Amazonas”,
agregó Stephanes. Además, Petrobras controla la explotación de gas
natural en el país, lo que le asegura al Estado tener materia prima de
los fertilizantes.
Hace tres años, Petrobras de-sistió de explotar una mina en Nova
Olinda, cerca de la frontera con Bolivia, en las márgenes del río
Madeira, a 1200 metros de profundidad, porque ninguna empresa se
presentó a la licitación. Brasilia cree que en el contexto actual y con
la escasez de alimentos y el aumento de precios, los incentivos podrían
ser más tentadores para los inversores brasileños.
El lunes pasado, la multinacional Bunge anunció que invertirá 2000
millones de dólares en nuevos proyectos para la producción de fósforo,
en minas de Minas Gerais y Santa Catarina. El producto podría entrar en
el mercado en 2010. Con este aumento en la producción de fosfato, Bunge
espera lograr el tercer lugar en el sector fertilizantes, que es
dominado a nivel mundial por la marroquí OCP, Cargill Fertilizantes e
IMC Global, según la empresa.
En la última reunión de gabinete, Lula les habría dicho a sus
funcionarios que no quiere quedarse afuera de ese mercado y les pidió
que piensen en proyectos mixtos para proponer en los próximos meses.


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