Haití rindió homenaje ayer a los 225.550 muertos que hace un año dejó un terremoto devastador, en medio de una tormenta política y una epidemia de cólera.
La plaza del Campo de Marte, ubicada en la capital Puerto Príncipe, que antes de la catástrofe era el parque histórico de la ciudad y que después se llenó de carpas de desplazados por el sismo, fue el mayor lugar de concentración.
Varios miles de personas, vestidas con pompa y Biblia en mano, acudieron también a la misa católica prevista en la destruida catedral.
Con la llegada de los sacerdotes tras una larga procesión, los fieles cantaron himnos y muchos de ellos parados sobre las ruinas se secaron las lágrimas al grito de “Aleluya”.
“Es un día de reflexión, un día para la oración”, expresó Roger Jean, de 64 años, quien le pidió al Señor “una oración especial para Haití, para que Haití cambie, para que Haití continúe viviendo”. Roger Jean perdió a su esposa y tres hijos en el terremoto.
Vestidos en su mayoría de blanco y negro, sus colores ceremoniales, muchos habitantes dejaron a un lado sus actividades cotidianas para dedicarse a recordar a sus parientes fallecidos. Los negocios en su mayoría permanecieron cerrados.
“Por primera vez veo un día verdaderamente dedicado a la memoria de las víctimas del terremoto”, expresó el joven Ricardo, al constatar que los grandes y medianos comercios formales estaban cerrados en esta jornada no laborable, declarada por el gobierno Día de Recuerdo y de Recogimiento.
El bullicio se fue aplacando de a poco hasta que, a las 16:53, se celebró un minuto de silencio, hora exacta en que el sismo de magnitud 7 hizo temblar la tierra en la isla.
La gente comenzó a reunirse desde la madrugada en torno a los templos en pie o en carpas transformadas en centros de oración en diversos lugares de la ciudad, con las mujeres vestidas de blanco y sus niños de la mano.
Cerca del Campo de Marte, a diez metros del Palacio Presidencial en ruinas, más de mil personas se reunieron para escuchar el testimonio de un pastor estadounidense que sobrevivió al sismo.
“Aquí estamos para celebrar la vida: El 12 de enero era la muerte, hoy es la vida que nos reclama”, expresó Livio Dubernard, director de la radio protestante.
Así, a un año de la tragedia, sus habitantes se mantienen en pie, pero con las heridas abiertas. La economía y la infraestructura están paralizadas, una epidemia de cólera que apareció en octubre continúa azotando la población, y un millón de personas sobreviven en campos de refugiados, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Ante ello, el director del PNUD para América Latina y el Caribe, Heraldo Muñoz, consideró que no se ha progresado con toda la celeridad que la comunidad internacional desearía en los trabajos de reconstrucción.
Además, el encargado del organismo hizo referencia a la “demora” en la materialización de las donaciones concedidas por la comunidad internacional, ya que tan solo un 63% de los 5.600 millones de dólares comprometidos en la conferencia de donantes de marzo pasado se ha materializado.
España prevé donar más de 130 millones de dólares a ese país para impulsar su reconstrucción.
Haití, con balance en rojo
Las huellas que dejó el terremoto de 7 grados hace un año en Haití siguen marcadas en las calles y en el sentir de sus habitantes. Los escombros en Puerto Príncipe continúan visibles: apenas se ha recogido el 10% de los 10 millones de metros cúbicos de destrozos, mientras que la reconstrucción todavía no empieza.
La situación de los damnificados del sismo, que causó 225.550 muertos y 2,3 millones de desplazados, es todavía precaria. De un millón y medio de personas que perdieron sus casas y quedaron alojadas en carpas, solo 500 mil han sido reubicadas en viviendas temporales (casas más rígidas) o viven con algún familiar, según el último censo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo del país caribeño (PNUD).
Desde Puerto Príncipe, vía Skype, la directora del PNUD en Haití, la ecuatoriana Jéssica Faieta, considera que el tema de la vivienda, “que es un problema muy grande”, va de la mano con la remoción de escombros.
La representante de la ONU explica que los desechos de las edificaciones que resultaron destruidas son de gran magnitud. “Es veinte veces más que los escombros que se generaron en los atentados del 11 de septiembre”, ejemplifica. Por lo tanto, la profesional precisa que este año la ONU aspira a remover gran parte de los escombros y a construir alrededor de 120 mil viviendas temporales. En 2010 apenas se hicieron mil.
Para este tipo de ayuda, de los 5.000 millones de dólares que la comunidad internacional se comprometió a entregar, Haití ha recibido el 40%. “Estamos hablando de casi 2.000 millones de dólares que se han gastado en necesidades básicas”, detalla Jéssica Faieta. Todavía quedan por llegar los fondos para la reconstrucción, que aún no tiene fecha de inicio.
Sin embargo, las Naciones Unidas se comprometió esta semana a acelerar la reconstrucción de Haití en 2011, en el que espera completar 3.000 millones de dólares en proyectos, tras reconocer que el proceso de recuperación del país “podría haber ido más rápido”, según el coordinador humanitario, Nigel Fisher.
La lentitud del proceso de reconstrucción genera más críticas. En una entrevista con El Telégrafo, el representante de Intermon Oxfam en la nación caribeña, Iván Muñoz, manifiesta que tras la eficaz respuesta de emergencia humanitaria por el terremoto, se debió haber puesto en marcha un plan de reconstrucción, pero este se encuentra en “un punto muerto”.
Muñoz plantea dos razones que han generado este problema: por un lado, la descoordinación de los países donantes, “obstinados en desarrollar su ayuda humanitaria de acuerdo con sus propios intereses y agenda”. Por ejemplo -indica- se desembolsó un gran monto para refugios básicos y de emergencia, y muy poco en tareas de remoción, construcción y reparación de viviendas.
Por otro lado, la Comisión Interina de Reconstrucción de Haití (CIRH), copresidida por el ex presidente de EE.UU., Bill Clinton, y el primer ministro haitiano, Jean-Max Bellerive, no ha cumplido con su principal objetivo: coordinar la ayuda de los países donantes, agrega el representante de Oxfam.
Otro obstáculo que enfrentan los haitianos es la deficiente atención sanitaria, debido a que los hospitales también se derrumbaron en el sismo, complementado con el cólera, que apareció en octubre pasado y se ha cobrado, hasta el momento, la vida de 3.759 personas y afectado a 181.829. El director de la ONG Médicos Sin Fronteras en Sudamérica, Luis Paiz Bekker, hace un balance de la situación sanitaria. El especialista manifiesta a El Telégrafo que después del sismo, la atención primaria (dolores estomacales, infecciones respiratorias) en salud ha mejorado.
El problema radica en las atenciones secundarias y terciarias, como son las emergencias obstétricas o materno infantil, pues “la ayuda es escasa o casi nula”. Por ello, Médicos sin Fronteras ha concentrado su atención -asegura- en la atención materno infantil, pues solo el año pasado asistieron 15 mil partos.
Haití también enfrenta la falta de agua potable y el servicio de saneamiento. El profesional, que califica la ayuda internacional como deficiente, calcula que antes del terremoto el 12% de la población (9’800.000 habitantes) tenía acceso a agua clorada, pero ahora apenas el 5% de las personas lo posee, además de que no hay una disposición adecuada de las excretas. “Insisto en la parte de agua y saneamiento -enfatiza Paiz-, porque es urgente. Si ya lo era antes del cólera, imaginemos ahora”.
Por Redacción Mundo


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