P: Casi ya cuatro años del gobierno Lula, con las próximas elecciones
presidenciales en vista…. ¿Qué deja esta experiencia?
R: Fui uno de los más entusiastas cuando se dio la elección de Lula.
Escribí más de diez artículos sobre la revolución brasileña que sería
inaugurada por él. Fue mi ilusión y desilusión. Tuve que confrontarme
al “realismo” de la política de lo posible en el cuadro histórico en
que se mueve la sociedad brasileña.
Nunca hay que olvidar que estamos sentados sobre el pasado colonial;
sobre el genocidio de los indígenas -eran seis millones cuando vinieron
los portugueses, hoy son apenas ochocientos mil-; sobre el esclavismo
(doce millones de negros fueron arrancados violentamente de África y
traídos a Brasil y hoy son sesenta millones de afro descendientes); y
sobre una elite que tiene, según datos del Banco Mundial, los más
altos niveles de acumulación del mundo. Un rico común en Brasil es mucho
más rico que un inglés o un norteamericano. Al lado de todo esto, existe
una masa enorme de “empobrecidos” que sólo a partir de la mitad del
siglo pasado logró organizarse en movimientos sociales y sindicatos
libres, que fueron acompañados por sectores importantes de la Iglesia
Católica. Que inventó y promovió las comunidades de base y las pastorales
sociales de la tierra, techo, salud, educación, derechos de los pobres
y otras iniciativas similares.
Cambiar esta realidad histórica tan condicionante exigiría una
revolución. Lula, a mi juicio, no tenía la consciencia suficientemente clara
de su misión histórica. Su preocupación inicial fue la de salvar al país
de un desastre económico inminente en detrimento de las grandes
reformas estructurales que podrían, éstas sí, salvar la nación del
desastre. Se desperdició una oportunidad. Él pertenece a la parte más
izquierda del sistema imperante, pero no deja de ser un elemento del sistema.
Por eso los grandes organismos económicos mundiales y los principales
Jefes de Estado están tan felices con él. Se pospuso la tan temida
revolución desde la periferia.
“SE DESCOLGÓ DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES”
P: ¿Esta reflexión implica un balance más negativo que positivo?
R: A pesar de estos límites, Lula ha hecho lo que ningún gobierno antes
había intentado: dar mucho más énfasis a los temas sociales. En esa
esfera, de hecho, el Gobierno fue innovador con la “Bolsa de Familia”;
“Luz para todos”; el apoyo a la agricultura familiar y otros proyectos
sociales. Con estos planes se han beneficiado cerca de once millones de
familias lo que equivale a unas cuarenta millones de personas. Pero
hay que ver este avance en el contexto de la política global. Mientras
transfiere diez mil millones de reales – un dólar equivale a 2,12
reales- a los proyectos sociales, otorga ciento cuarenta mil millones de
reales al sistema financiero que le presta el dinero necesario para
llevar adelante su política y le permite pagar las cuentas gubernamentales.
Esta contradicción es dolorosa y muestra como la macroeconomía
neoliberal sigue chupando la sangre del pueblo, mientras selectivamente
atiende sólo las exigencias de una pequeña porción de la población. Así los
operadores de la macroeconomía tranquilizan su mala conciencia, y al
mismo tiempo Lula se muestra fiel a algunas raíces de su biografía
personal.
P: Saliendo del plano estrictamente brasilero y teniendo en cuenta las
enormes expectativas que el Gobierno del Partido de los Trabajadores
(PT) creó en amplios sectores del continente. ¿En qué medida una
experiencia de esta naturaleza fortalece o debilita al movimiento social en
su conjunto, en sus apuestas estratégicas de cambio?
R: A mi juicio, una de las limitaciones del Gobierno Lula fue
descolgarse de los movimientos sociales que eran su base real de sustentación
y apoyo. Prefirió optar por una base de apoyo parlamentaria articulada
con partidos que no tenían nada que ver con el ideario del PT. Hay que
reconocer que Lula no criminalizó a los movimientos sociales como se
hacía sistemáticamente antes, aunque no les dio la importancia que les
correspondía porque consideraba que ya estaban de su lado. Entre
ellos hay mucha decepción y hasta rabia. Pero tienen inteligencia
política. Dicen: “Lula es nuestro, viene de nuestro lado, conoce nuestras
tribulaciones”. Por más errores que haya cometido no vamos a entregarlo a
la burguesía. Al revés, vamos a presionarlo para que se reconvierta a
sus antiguos sueños y como el hijo pródigo del Evangelio redescubra el
camino de vuelta hacia los movimientos sociales. Votarán por Lula
pero con el propósito de cobrarle las antiguas promesas y de algún modo,
atenuar o cambiar la propuesta macroeconómica del Gobierno.
“A LULA LE FALTO VALENTÍA”
P: Un balance tan mitigado de la parte de los actores y movimientos
sociales, nos confrontan a la pregunta de fondo sobre la viabilidad de
cambios profundos en Latinoamérica el marco de un sistema de democracia
formal parlamentaria.
R: Objetivamente lo que se necesita es una revolución. Pero sabemos
que el tiempo de las revoluciones clásicas ha pasado. Es decir, la
revolución posible en el cuadro globalizado de la política mundial bajo el
imperio norteamericano implica meter, lentamente, cuñas en las brechas
del sistema. Esto lo ha entendido el presidente de Argentina Néstor
Kirchner. No ha dicho al sistema financiero mundial y a Bush: “no voy a
pagar la deuda”. Lo que constituiría un atentado contra el sistema y su
lógica. Ha dicho: “yo pago. Pero por cada dólar pagaré solamente diez
centavos”. Y tuvieron que contentarse con esto. Lula tenía mucha más
autoridad moral para hacer algo parecido y quizás, incluso, más
radical. Pero le faltó valentía, la capacidad de captar la potencialidad de
una situación y actuar en correlato con determinación. Fue otra ocasión
desperdiciada. Ahora tenemos que contentarnos con reformas que alivian
los problemas, perpetuándolos, sin cambiar la estructura de base, lo
que significaría una revolución o el comienzo de la misma.
“JUAN PABLO II DECAPITÓ A LOS PROFETAS”
P: ¿Los teólogos progresistas, la iglesia de avanzada, tienen en esta
etapa una palabra/reflexión profética para relanzar la esperanza en
Brasil? ¿Qué habría realmente que inventar en esta etapa para
alentar la esperanza?
R: La actuación conservadora del Papa Juan Pablo II ha decapitado a los
profetas. Para la política en América Latina, es decir, para la
práctica de la Iglesia en la sociedad y su enraizamiento popular, ese papado
fue un flagelo. Otra cosa hubiera sido si el Papa hubiera tenido una
mínima iluminación espiritual y una sensibilidad pastoral hacia la
pasión dolorosa del pueblo latinoamericano, cristiano y explotado. Si
hubiera apoyado a las comunidades eclesiales de base – y la dimensión
liberadora de la fe con su reflexión llamada teología de la liberación-,
sustentándolas en las conferencias nacionales de obispos en vez de
someterlas a pesada vigilancia llevándolas hasta, en algunos casos, a una
verdadera desmoralización. Si todo hubiera sido de otra manera,
diversa sería la situación política de América Latina. Su ceguera
anticomunista le ha impedido ver lo nuevo que nacía en esta parte del continente
que no tenía nada a ver con el marxismo pero sí mucho que ver con una
alternativa viable al capitalismo salvaje imperante. Por lo tanto,
otra ocasión desperdiciada. Vivimos en los últimos veinte años pérdidas
irreparables y un invierno espiritual implacable. Recién comenzamos a
rehacernos. Surgen algunos profetas y se reaniman las comunidades, no
por contar con el apoyo de Roma, sino por que quieren dar una
respuesta apropiada, desde el Evangelio, a la miseria a la que están sometidos
tantos millones de seres humanos.
P: La experiencia brasilera actual nos indica un cierto agotamiento de
las formas tradiciones de hacer política. O de la política como
mecanismo “tradicional”. ¿Desde dónde habría que destrabar y superar este
freno?
R: Es voz corriente que la forma de representación social mediante los
partidos está absolutamente obsoleta. Es engañadora y permite la
reproducción de las condiciones de desigualdad y de injusticia social. La
convicción que crece en los movimientos sociales como los “Sin Tierra”,
que acompaño, es que este tipo de democracia es buena para mantener
la situación, pero inadecuada para hacer los cambios necesarios que
respondan a las demandas fundamentales del pueblo. Lo que se está
pensando es dar un carácter político a los movimientos sociales que hasta
ahora tenían apenas un perfil social. Es decir, transformar el poder
social acumulado en un poder político por encima de los partidos o
atravesando los partidos; creando articulaciones con sectores de partidos que
se propongan cambios sustanciales en la sociedad. Esta iniciativa está
madurando en varios movimientos sociales en Brasil y ya se están
articulando en este sentido para, eventualmente, hacer su aparición oficial aún en estas elecciones presidenciales de octubre. Yo no sé cual es el camino. Pero estoy
convencido que el mismo se hace caminando.
“O CAMBIAMOS O MORIMOS COMO ESPECIE”
P: Al mismo tiempo que “se desperdician oportunidades”, los grandes
poderes económicos no dudan ni un segundo. Las grandes empresas
transnacionales avanzan, masacran especies y biodiversidad. ¿No es casi
dramática esta complementación entre gestión política decepcionante y
destrucción abusiva cotidiana del planeta?
R: Este es un tema que me ha ocupado bastante en los últimos años,
escribiendo, hablando, intentando influenciar políticamente sectores del
Gobierno Lula. A excepción de la Ministra del Medio Ambiente, Marina
Silva, que piensa como nosotros, este discurso es considerado como de
locos en una sociedad pretendidamente de bien pensantes. Todos hablan
de crecimiento. Lula es el que más habla. Todos los administradores
del mundo, desde los Gobiernos hasta las corporaciones más sencillas se
proponen crecer más y más. Infeliz del país que no presente
porcentajes importantes de crecimiento cada año. Pero este objetivo es suicida.
La Tierra no aguanta el tipo de producción y consumo que supone y que
propone explotar sistemáticamente todos los recursos disponibles de la
naturaleza. China e India van a hundir la humanidad, por que son como
una esponja que chupa todos los recursos posibles del planeta. Y ambos
tienen una clase media de trescientos millones de personas -equivalente a toda población de Europa- que quiere consumir a la occidental. Esta lógica nos lleva al
abismo. No soy yo quien lo dice. Sino los grandes nombres de la ecología,
de la astrofísica como el astrónomo inglés Martin Rees, en su libro
“La hora final”, o el promotor de la teoría Gaia, James Lovelock, en
su reciente libro “La venganza de Gaia”. Ellos nos anuncian escenarios
dramáticos para los próximos años. Estoy convencido de la teoría que
dice que el ser humano no aprende nada de la historia pero que aprende
todo del sufrimiento. Esto es trágico pero parece ser el camino
infalible del aprendizaje. O cambiamos, o morimos como especie.
P: La tierra en crisis, amenazada por un sistema. ¿De dónde vendrán
las fuerzas para poder estructurar una propuesta alternativa
diferente para frenar esa tendencia?
R: Pienso que la crisis es tan global que ya no funcionan políticas
convencionales ni extraordinarias. Solamente una coalición de fuerzas
basadas en una ética mínima fundamental, en otros valores que pongan la
vida, la Tierra, la humanidad y la naturaleza en el centro. Esta
coalición podrá ofrecer una alternativa que nos pueda salvar. Cada año
desaparecen, naturalmente, en el proceso de la evolución, trescientas
especies de seres vivos. Con la agresión sistemática de los humanos
desaparecen cerca de tres mil. Esto equivale a una verdadera devastación.
Pregunto: ¿será que no ha llegado el momento de desaparecer y dejar la
tierra libre de este cáncer que somos nosotros y permitir que siga el
proceso de la evolución con la aparición de otras formas de vida y con
otro sentido de cooperación de todos con todos? Ya que el espíritu y
la conciencia están primero en el cosmos y solamente después en
nosotros, esta desaparición de la especie humana no sería una tragedia
absoluta. Dentro del proceso de la evolución, el principio de
inteligibilidad y amor reaparecerían en seres complejos y de un orden más alto.
Espero que con mas compasión y ternura que nuestra especie…
P: Sigue siendo la vida de la tierra uno de tus temas principales de
reflexión. ¿Se sigue sintiendo sobre todo teólogo o “simple enfermero”
de la Pachamama?
R: Las religiones pueden tener una función pedagógica muy grande en le
proceso de respeto, salvaguardia y veneración de lo creado. Todas
ellas dan centralidad a la vida. Más que hablar de naturaleza, hablan de
creación que salió de las manos del Creador. Ellas pueden educar a las
personas a cuidar de esta herencia que nos fue entregada por Dios.
Debemos comprendernos, y esto está en el capítulo segundo del Génesis –
como jardineros y cuidadores del Jardín del Edén. Esta es nuestra
misión: cuidar, regenerar lo dañado y permitir que todos puedan convivir.
Mejor aún: no permitir que la selección natural que privilegia los más
aptos y fuertes prevalezca en el proceso de evolución. Nuestra misión
debe ser la de salvar los débiles, permitir que sigan dentro del
proceso que ya tiene por lo menos 13 mil millones de años de existencia. El
propósito de la evolución no se resume en privilegiar a los más
fuertes, sino en permitir que cada ser, también los débiles, muestren nuevas
posibilidades de la naturaleza, revelen dimensiones nuevas que vienen
del Abismo alimentador del Todo (el vacío cuántico como lo llaman los
cosmólogos) y que yo prefiero llamar la Fuente originaria de todo el
ser, en una palabra, la reverencia o Dios.
*Colaboración E-CHANGER,
ONG de cooperación solidaria
__________________________________________________________________
La vida y la muerte según Boff
“Yo acepto la vida y la muerte como dimensiones del proceso de la
evolución. Todos somos mortales no por defecto sino por marca evolutiva.
Pero hay que entender bien la muerte. Ella es una invención
inteligente de la vida para que cada uno pueda progresar, pasar a niveles más
altos de complejidad y de comunicación. No nacemos para morir. Morimos
para vivir más y mejor. En lenguaje cristiano: morimos para resucitar.
Desde que irrumpió en el proceso de la evolución, en nuestra galaxia,
en nuestro sistema solar y en la Tierra, la conciencia y la capacidad
de percibir un hilo conductor que liga y religa a todas las cosas;
desde que surgió la percepción de que hay una Energía originaria por
detrás de todos los movimientos y un Espíritu que a todo preside;
alcanzamos un punto altísimo en el proceso global. Los humanos lo denominan
Dios, Javé, Tao, Olorum, Krishna y otros mil nombres a esta realidad.
Se han curvado con reverencia y profunda veneración delante de ella.
Por eso a mi juicio el próximo paso para nosotros humanos es morir
para encontrarse con esta Suprema Realidad, hecha de amor,
enternecimiento y compasión. Ella nos espera y cuando llegaremos seguramente nos
dirá: *Caramba, hijito mío, hijita mía, ¡cómo tardaste en llegar! Tenía
una infinita nostalgia de vosotros. Finalmente llegasteis. Vamos a
convivir para siempre, de eternidad a eternidad*. Y nos cubrirá de besos y
abrazos. Cada uno estará contento y feliz como quien está en el seno
del Padre y de la Madre de infinita bondad.”
Por: Sergio Ferrari


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