El Programa Mundial de Alimentos (PMA) afronta “un grave déficit presupuestario”, pues en 2009 solo ha recibido US$ 2.600 millones de un total de US$ 6.700 millones que necesita para dar de comer a 108 millones de personas en 74 países.
El problema se agrava con el anuncio de su directora Josette Sheeran, quien informó que el número de personas que pasa hambre en el mundo superó este año los 1.020 millones, una cifra récord histórica. La falta de fondos -según la agencia de la ONU- se traduce en el recorte de programas que se desarrollan en países como Guatemala, Kenia y Bangladesh.
El representante del PMA en Guatemala, Willen van Milink, confirmó a El Telégrafo que el organismo tiene un déficit de US$ 6 millones para asistir a la población y que solo hasta noviembre se podrá mantener el programa para asistir a 6.000 madres embarazadas, lactantes y niños menores de tres años.
El Gobierno del país centroamericano decretó, la semana pasada, un estado de calamidad pública por la grave crisis alimentaria que sufre la mitad de la población, estimada en 13 millones de habitantes, y sus dificultades económicas para hacer frente a esta situación.
Un 50.9% de la población guatemalteca vive en la pobreza, mientras un 37% está en la extrema pobreza. Además, más de 400 mil familias están en riesgo por la desnutrición crónica, que ya ha cobrado la vida de 47 personas, entre ellas 25 niños, confirmó a este diario el viceministro de Seguridad Alimentaria y Nutricional de Guatemala, Edmundo Álvarez.
El subsecretario general de la ONU para Asuntos Humanitarios, John Holmes, llegó esta semana a la nación centroamericana con un equipo de asesores y junto al Gobierno estudia la situación para buscar la manera de aumentar la asistencia humanitaria para miles de familias pobres y hambrientas en 7 de los 22 departamentos del país afectadas por la sequía.
Mientras en Kenia más de diez millones de personas sufre hambre desde hace varios años y dependen de la ayuda humanitaria para subsistir, señaló la ONG europea Ayuda en Acción, que trabaja en el país africano.
La responsable del PMA remarcó que con menos del uno por ciento de las inyecciones económicas que han hecho los gobiernos para salvar al sistema financiero global, se podría resolver la calamidad de millones de personas que son víctimas de la hambruna.
Sheeran hizo un llamado “urgente” al Grupo de los Ocho (G-8) -los siete países más industrializados y Rusia-, y el Grupo de los Veinte (G-20) -los países más ricos y emergentes del mundo-, para que atajen un problema que requiere algo más que “soluciones a largo plazo”.
Según los datos del Programa Mundial de Alimentos y de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en América Latina y el Caribe hay 53 millones de hambrientos (12.8% de la población), ocho millones más que hace dos años, pese a que producen un 30% más de los alimentos que necesitan. Además, 10 millones de niños sufren desnutrición crónica en América Latina y el Caribe.
La cifra de hambrientos se extiende a 642 millones en Asia y el Pacífico, 265 millones en África subsahariana, 42 millones en Medio Oriente y África del Norte y 15 millones en países desarrollados.
Mientras tanto, el número de desnutridos en el mundo pasó de 825 millones en el bienio 1995-1997 a 873 millones de 2004 al 2006.
En 2008, la cifra cayó de 963 millones a 915 millones “debido a una mejor distribución de los alimentos”, pero esa tendencia se revirtió con la agravación de la crisis económica y financiera a fin de año.
El representante regional del organismo, el brasileño José Graziano da Silva, señaló que el alza de los precios de los alimentos y la crisis económica empujaron a millones a una situación de inseguridad alimentaria.
Para la FAO, el objetivo que se fijó en 1996 la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de reducir a la mitad el número de personas desnutridas antes del 2015 y ratificado el año pasado por la comunidad internacional en Roma, no será alcanzado.
Los expertos recomiendan mejorar la producción agrícola, el acceso a los mercados y fomentar la agricultura familiar, que emplea a dos de cada tres agricultores y de la que dependen alrededor de 100 millones de personas para reducir el hambre.



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