Ayer fue día de descanso para millones de brasileños. En Brasilia, sin embargo, se trabajó duro y mucho. Con puntualidad germánica la presidenta Dilma Rousseff llegó al Palacio do Planalto, sede del gobierno, a las nueve y veintisiete de la mañana. Tres minutos después tuvo su primera reunión presidencial, con el príncipe Felipe de Asturias, heredero de la corona española. Cuarenta minutos después –y ahora con puntualidad brasileña, es decir, diez minutos de retraso– se reunió con el presidente uruguayo José Mujica. Hubo otras cinco reuniones, todas con media hora de duración, de Dilma con los mandatarios de Corea del Sur y Portugal, con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, el primer vicepresidente cubano José Ramón Machado Ventura, y con el ex primer ministro japonés Taro Aso. Poco después de las dos de la tarde Dilma Rousseff volvió a la Granja do Torto, su residencia provisoria.
Por Eric Nepomuceno. escritor y periodista.


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