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Suramérica recupera el rastro del plan para exterminar a la izquierda

Es una de las huellas más siniestras que ha dejado la historia del siglo XX en el Cono Sur latinoamericano, pero tuvieron que pasar muchos años para que aquel horror, que intentó desvanecerse en la impunidad, quedara desvelado por su propia documentación.
 
Es el Plan Cóndor, el pacto de coordinación que existió entre las dictaduras de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay en las décadas de los setenta y ochenta. Los archivos existentes son hoy indispensables para conocer sus detalles, le otorgan una concreción, un rostro, una identidad. Su descubrimiento fue el único modo de acallar a quienes durante mucho tiempo negaban la existencia misma del plan o recelaban de un supuesto objetivo conjunto de aniquilar a todos los opositores a los regímenes dictatoriales derechistas de la región.
 
“El tributo generado por la represión en el Cono Sur fue de unos 50.000 asesinatos, 30.000 desaparecidos la mayoría en Argentina y 400.000 encarcelados. Entre los asesinados y los desaparecidos se cuentan unos 3.000 niños”, según resume la periodista argentina Stella Calloni, autora de dos libros sobre el operativo, Los años del lobo y Operación Cóndor, pacto criminal. Calloni considera que el plan fue una política de Estado terrorista “cuya base estuvo diseñada en Washington”.
 
Juicio a Videla
 
Muchos de los procesos sobre delitos de lesa humanidad que ahora se llevan a cabo en América Latina se nutren de expedientes que esclarecen al detalle el funcionamiento de un sistema represivo impecable.
 
El ex dictador argentino Jorge Rafael Videla, que ya tiene múltiples procesos abiertos en su contra, deberá en breve rendir cuentas en la causa del Plan Cóndor, elevada ya a fase de juicio. Los archivos, que mencionan su nombre como partícipe de aquel operativo criminal, pueden ser fundamentales a la hora de dictar sentencia.
 
Los documentos sobre el Plan Cóndor aparecieron allá por 1992, cuando una de las víctimas de la dictadura paraguaya de Alfredo Stroessner (1954-1989), Martín Almada, descubría en una comisaría lo que luego se conocería como los archivos del terror, los registros más completos sobre el pacto de las dictaduras que se han encontrado hasta ahora.
 
“Yo estuve por Europa tratando de saber por qué el ex dictador chileno Augusto Pinochet usó la palabra cóndor”, relata Almada. “Al parecer, viene de España, de cuando Hitler envió la Legión Cóndor a tirar bombas sobre Guernica. Es ahí cuando por primera vez aparece ese nombre”.
 
Gracias a las cuatro toneladas de archivos encontrados en Paraguay, se puede deducir que la operación Cóndor tenía dos cabezas. “El ejecutor fue Pinochet, pero el cerebro o mentor fue el ex secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger, que elaboró las bases de lo que sería el Plan Cóndor. Premiado con el Nobel de la Paz, Kissinger es el terrorista más grande del mundo, pues ordenó en aquellos años la limpieza del aparato del Estado, de la sociedad civil y la política de comunistas”, aclara Almada. “Kissinger no puede viajar ahora a Europa, porque tiene un juicio abierto en Francia, y mucho menos a América Latina, porque yo he interpuesto una querella criminal en su contra”, añade.
 
Otra de las personas que participó en el descubrimiento de los archivos del terror es María Stella Cáceres, directora del Museo de las Memorias, Dictadura y Derechos Humanos en Paraguay. “Gracias a estos archivos, se ha podido saber que el Plan Cóndor tiene su propia acta de creación, que es la convocatoria realizada por el ex dictador Augusto Pinochet para la reunión que se efectuó en octubre de 1975 en Santiago de Chile y a la que acudieron todos los jefes policiales de la región”, explica.
 
“También se encuentra el organigrama de qué función le corresponde a cada país, el modus operandi e incluso los nombres de las personas que participaron. Así se pudo estudiar y leer la función de cada país”, sostiene la experta.
 
“En los archivos añade, hay libros de guardia con las novedades de todo lo que ocurría en las comisarías: hay fichas de detenidos, al estilo nazi, que tienen la indicación de circulación internacional; hay informes de los delatores que iban a los distintos países e informes de los embajadores que seguían y delataban a ciudadanos en el exterior. Toda la vida del país estaba allí”.
 
Casos trágicos como el de una maestra que delató a su alumno de 6 años por haber llevado a clase un diario del Partido Comunista aparecen igualmente entre los documentos.

Por ANA DELICADO 19/07/2010 08:00

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