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Viaje hacia adentro. CAMINO A LA CASA BLANCA

Pero en la histeria de la crisis petrolera, iniciar, una vez más, el mítico
recorrido en auto por Estados Unidos parece ser un ejercicio a contramano, a
menos que al final del camino esté la convención del Partido Demócrata, donde el
petróleo y la energía serán el centro de mesa de toda reunión. Más de cuatro mil
kilómetros y una decena de estados separan a Nueva York de Denver, ciudad en la
que los demócratas elegirán a Obama como su candidato a presidente para las
elecciones de noviembre. También los separan una multitud de realidades tan
distintas que hacen de este tipo de viajes un recurso tan inagotable como, a
veces, necesario.

Puede, por ejemplo, que en gran parte del país esté bastante atenuado el
entusiasmo avasallante que Obama despierta en Nueva York, donde los candidatos
presidenciales demócratas ganan con más del 70 por ciento de los votos. Desde
1933, Richard Nixon y Ronald Reagan fueron los únicos republicanos que ganaron
el estado de Nueva York y, en verdad, el interregno lo perdió Gerald Ford por un
desafortunado rechazo a brindarle ayuda a la ciudad a semanas antes de las
elecciones. Con Nueva York, Ford perdió también la presidencia en manos de Jimmy
Carter. El candidato republicano de esta elección, John McCain, no parece tener
ningún atributo que lo haga atractivo en estas zonas, pero sí en buena parte del
resto del país, y el temprano agotamiento mediático de la figura de Obama
preanuncian un camino ríspido hasta noviembre.

Con o sin petróleo en el centro, lo que sí unifica a todo Estados Unidos es
su renovado asombro por la inflación. Los precios mayoristas de julio crecieron
un 9,8 por ciento respecto de un año atrás, la inflación más alta de los últimos
27 años, justamente el año en el que Reagan llegaba al gobierno. Aun cuando los
más optimistas suponen que ése ha sido el pico, los efectos en el poder
adquisitivo de una masa salarial urbana y rural inserta en un esquema de
inflación baja son considerables, más aún si parte del incremento se asienta en
los alimentos. El pico inflacionario de una economía que tampoco crecía a pasos
descomunales muestra alguna evidencia del carácter global del proceso
inflacionario. Por cierto, las góndolas norteamericanas sobreexponen cierta
necedad discursiva de gobiernos como el de Argentina, inicialmente esforzados
por presentar la inflación en términos estrictamente locales que sólo le quitó
fuerzas y le sumó enemigos. Y contando que hasta acá no llega la mano de
Guillermo Moreno o Julio De Vido, exhibe la versión maniatada que centra la
inflación argentina en el manejo del Indec, cuando la inflación mayor que
impacta en Argentina es el mismo diferencial que afronta desde 1880 debido a la
extrema vulnerabilidad de su sector externo.

En Nueva York, el precio de la nafta empezó a bajar en las últimas semanas y
en las estaciones de servicio puede verse a 3,70 dólares el galón (3,6 litros) y
los temas de campaña empiezan a ser otros, aun cuando las perversiones del
sistema electoral norteamericano hacen que la campaña electoral desaparezca
progresivamente de las grandes ciudades. En la medida en que los demócratas
tienen casi asegurado el triunfo, y éste le garantiza la totalidad de los
delegados del Estado, es absurdo que McCain se esfuerce por mejorar su resultado
si no le va a reportar delegados, o que Obama intente ganar por una diferencia
mayor si va a obtener la misma cantidad de delegados. Quizás por esa paradoja de
tener a la política nacional eclipsada en las grandes ciudades, es necesario
iniciar un viaje hacia adentro para tratar de entender lo que está pasando. O al
menos tratar.

Por Ernesto
Semán

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