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Victoria traicionada

La Segunda Guerra Mundial fue el momento central del siglo XX. Constituyó sin duda una de las tragedias más violentas de la historia. En primer lugar por su amplitud nunca vista. Con la ampliación progresiva del conflicto, el campo de batalla se extendió a todo el planeta, y afectó a todos los continentes, excepto el Antártico. En 1945, casi todos los Estados independientes se hallaban enfrascados en la guerra. Las grandes potencias habían alistado en el enfrentamiento a sus colonias africanas o asiáticas. Y todos los países de América Latina acabaron por declarar la guerra al Eje (Alemania, Italia, Japón) y por hacer causa común con los aliados (Estados Unidos, Reino Unido, Unión Soviética). Brasil hasta envió un cuerpo expedicionario a combatir en los frentes de Italia. El día en que cayó Berlín sólo nueve Estados soberanos en el mundo (Afganistán, Dinamarca, España, Irlanda, Mongolia, Nepal, Portugal, Suecia y Suiza) permanecían, de modo oficial, neutros en el conflicto.
El número de soldados movilizados alcanzó una cifra jamás vista. Alemania alineó más de seis millones de hombres (entre ellos los españoles de la División Azul) para invadir la Unión Soviética, la cual le opuso unas fuerzas de más de once millones de soldados. Y Estados Unidos, cuando entró en el conflicto después de padecer el ataque preventivo de Japón en Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, movilizó a más de doce millones de militares…
Fue una guerra planetaria pero también una guerra total, porque la zona de muerte se extendió mucho más allá del campo de batalla. Las poblaciones civiles sufrieron toda clase de represiones y bombardeos. Sin hablar de las persecuciones por odio racial; millones de judíos y de gitanos fueron deportados y exterminados en los abominables campos de la muerte.
El costo en vidas humanas fue el más elevado de la historia. El número total de muertos se estima en unos cincuenta millones… El ejército soviético perdió unos catorce millones de efectivos, once en los campos de batalla (de ellos dos millones en los frentes de Extremo Oriente) y tres en los campos de concentración alemanes. Algunas de las batallas más sangrientas, como Stalingrado (septiembre de 1942-febrero de 1943), el desembarco de Normadía (junio de 1944) o la toma de Berlín (20 de abril-8 de mayo de 1945) causaron más víctimas que los peores enfrentamientos de la Primera Guerra Mundial.
Una de las principales causas de pérdidas en vidas humanas fue el enfrentamiento, en el este de Europa, entre la Whermacht alemana y el Ejercito rojo de la URSS, que causó la muerte de unos once millones de soldados y más de veinticinco millones de heridos. Sin embargo, por primera vez en la historia, el número de civiles muertos en una guerra fue superior al de los militares.
Por sus dimensiones apocalípticas, la Segunda Guerra Mundial no sólo cambió la geopolítica del planeta sino hasta las mentalidades. El ser humano había caído en un abismo de maldad, y en cierto modo llegó a deshumanizarse. En particular en Auschwitz. Por eso, al final de la guerra se pensó que había que rehumanizar al ser humano.
Pero este proyecto parece olvidado. Sobre todo cuando constatamos que, el próximo domingo, los presidentes Putin de Rusia y Bush de Estados Unidos presidirán las ceremonias de la victoria. Dos dirigentes que -tanto en Chechenia como en Irak- siguen pisoteando los valores de respeto de los derechos humanos que triunfaron aquel 8 de mayo 1945.

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