En términos generales, el mensaje para países como Venezuela, Cuba, Irán, Corea del Norte y otros opositores radicales es bastante evidente: Estados Unidos ya no es lo que fue, ni siquiera es lo que creía ser antes de 2001. Pero también para países como Brasil, Argentina, Sudáfrica o China, que no buscan romper con Washington sino renegociar las condiciones de su relación, la señal es que hasta aquí se habían sobrestimado los alcances de su capacidad hegemónica. (Con el Partido Acción Nacional en el gobierno, México se ha convertido en una suerte de aliado tonto de Washington, porque comparte los costos de su política internacional y no logra -¿o no sabe cómo?- capitalizar los dividendos.)
Otro de los factores que se aduce para explicar el showdown de Irak es la impaciencia creciente de la opinión pública estadunidense, que no ve salida a una guerra que tal vez no la tenga. También en esta dimensión la situación es muy distinta a los años 60. El ejército actual estadunidense está constituido por voluntarios y no, como hace cuatro décadas, por reclutas. Léase: hombres y mujeres que se enrolan a cambio de paga, beneficios sociales, opciones de estudios universitarios y, muy frecuentemente, a cambio del derecho a la ciudadanía misma (que es lo que ha llevado a tantos mexicanos a morir en aquellas desoladas arenas). El movimiento pacifista de los 60 fue también una respuesta al reclutamiento obligatorio que pendía como una amenaza sobre quienes cumplían 21 años. Precisamente para evitar una situación similar, el ejército cambió su política de reclutamiento. El cálculo era que quienes reciben salario y beneficios, y además se enrolan voluntariamente, no deberían tener motivos para protestar. Pero en 2007 no son los estudiantes ni los jóvenes los que han tomado las calles, sino las madres y los familiares de los caídos (que ya suman más de 3 mil). Políticamente hablando, se trata de un golpe particularmente sensible a la moral del imperio. Para el Pentágono, en Irak, los soldados están “realizando su trabajo”, entre cuyos riesgos anunciados está la muerte. ¿Cómo, entonces, asimilar en esa lógica las protestas?
Una buena parte de la energía antibélica que durante el conflicto de Vietnam se desplegó en las calles de San Francisco, Nueva York y Chicago, hoy se concentra en el Congreso mismo. Los demócratas han convertido a la consigna de la “retirada de Irak con fecha” en el eslogan central de la campaña presidencial que se avecina. Y es difícil que alguien los pueda contener. Así obtuvieron la mayoría en las elecciones intermedias de este año, y así creen que pueden volver a la Casa Blanca. La pregunta es si el espíritu que requiere un imperio no logra asimilar la muerte de (tan sólo) 3 mil de sus hombres (en comparación con cifras de otras guerras), ¿puede seguir aspirando a actuar como tal?
Por: Ilán Semo


Leave a Reply