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Solidaridad entre afroamericanos y palestinos. Pueblos unidos contra la opresión

Solidaridad entre afroamericanos y palestinos. Pueblos unidos contra la opresión

En los años 60, al calor de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, y con el rechazo a la Guerra de los Seis Días iniciada por Israel, nació la fraternidad entre afroamericanos y palestinos. Debilitada en los años 90, la solidaridad entre estas comunidades ha vuelto a afianzarse en los últimos años.

En el corto video en blanco y negro, los rostros oscuros de los oprimidos en lucha se suceden uno tras otro. Algunos usan rastas, otros un fular o una kufiyya. Todos ellos están unidos por el mismo mensaje, que proclaman las pancartas: “Dejen de matarnos”, “Devuélvannos nuestra humanidad”. Las imágenes de Ferguson, Missouri, donde la comunidad negra expresó su indignación ante la impunidad policial, se alternan con las de los territorios ocupados. Los palestinos sostienen “Black Lives Matter” [“Las vidas de los negros importan”], mientras que los negros estadounidenses interpretan la opresión de los palestinos como racismo. La lucha de ambos colectivos tiene algo común: la compañía estadounidense Combined Systems, que provee de gas lacrimógeno y otras armas represivas a la policía de Ferguson, también equipa a las fuerzas israelíes de ocupación de la Franja de Gaza y Cisjordania.

Producida en 2015 y ampliamente difundida en las redes sociales, esta película de tres minutos no sólo da voz a desconocidos, sino también a importantes figuras del mundo afroamericano: la militante Angela Davis, por supuesto, autora de un ensayo titulado La libertad es una batalla constante: Ferguson, Palestina y los cimientos de un movimiento (1), pero también el filósofo Cornel West, el actor y productor Danny Glover (que encarnó a Nelson Mandela para la televisión, en 1997), la cantante Lauryn Hill e incluso la escritora Alice Walker. La universitaria y abogada Noura Erakat, impulsora del proyecto, enseña en Estados Unidos y conoce el poder de convocatoria de estas personalidades, reconocidas por su disidencia. La película, llamada When I see them, I see us [Cuando los veo, nos veo] es un ejemplo de la solidaridad que existe entre los militantes afroamericanos y los palestinos (2). Si bien la violencia estatal que padecieron ambos pueblos fue particularmente fuerte durante los años 2014 y 2015, la historia de su camaradería es antigua y tumultuosa.

Apoyo y desencuentros

1967, el año de la Guerra de los Seis Días y de la conquista de Cisjordania y Gaza por parte de Israel, fue crucial para el movimiento estadounidense por los derechos civiles. Este se alejó de la filosofía de la no violencia y de su arraigo cristiano para reclamar justicia en otro tono. El movimiento y pensamiento Black Power reanudó sus lazos con el internacionalismo tercermundista y con la virulencia anticolonial de los militantes negros de las décadas del treinta y cuarenta, ya fueran comunistas, como Paul Robeson, o nacionalistas, como Marcus Garvey y Malcolm X, quien visitó Jerusalén en 1957 y Gaza en 1964, y así preparó el terreno para una lucha de liberación transnacional y cosmopolita. En un ensayo de septiembre de 1964 llamado “Zionist logic” [“La lógica sionista”], Malcolm X denunciaba el “camuflaje” de la “colonización” israelí, que disfrazaría la violencia de benevolencia gracias al apoyo estratégico de Estados Unidos, a lo que denominó “dolarismo” (3).

Los dos grupos más importantes del momento, el Student Nonviolent Coordinating Committee (SNCC) y los Panteras Negras, también pusieron a Israel y Estados Unidos en la picota. Emancipados del sustrato bíblico de sus ancestros, esos jóvenes militantes de la liberación negra se alejaron de la simpatía espontánea que los afroamericanos experimentaban por Israel, Tierra Santa y refugio de un pueblo otrora esclavizado e históricamente martirizado. El Éxodo era una de las metáforas bíblicas más apreciadas por los Pueblos Negros desde el siglo XVII y la creación del Estado hebreo les parecía providencial. En este sentido, en 1948, el novelista James Baldwin escribía: “Los negros más piadosos se consideran como judíos… Esperan al Moisés que los guiará fuera de Egipto” (4). El Baldwin exiliado, que visitó Palestina en 1961, expresaba la profunda empatía de los negros estadounidenses por todo pueblo en búsqueda de una patria, un lugar al que volver, una tierra con sus raíces e historia. Nadie más que un negro estadounidense podía entender la búsqueda de los judíos por una tierra de libertad. Pero también podía entender lo que la desposesión y el desplazamiento forzado significaban.

La ocupación de nuevas tierras palestinas en 1967 aniquiló las tendencias sionistas de los militantes afroamericanos, quienes pasaron de identificarse con la esclavitud de los hebreos a sentirse más cercanos a los árabes. No deja de resultar irónico el hecho de que, mientras Martin Luther King había celebrado la creación de Israel, dos de sus mentores, Mohandas Karamchand Ghandi y el ghanés Kwamé Nkrumah, condenaran públicamente el sionismo en nombre de su combate anticolonial. En 1967, los militantes del SNCC, hijos rebeldes de King, publicaron un llamado a la solidaridad para con los palestinos.

El antiimperialismo de la nueva generación de militantes negros era, ante todo, un tercermundismo “etnicizado”, solidario con los pueblos de piel oscura. Esa generación también se percibía como prisionera de una colonia del interior, y los más nacionalistas reclamaban una solución binacional para Estados Unidos. Este juego de espejos dio lugar a lo que el historiador Alex Lubin llamó un “imaginario político afro-árabe” (5). Los Panteras Negras se pusieron rápidamente en contacto con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP); con esa meta, asociar la cuestión palestina al combate anticolonial, antirracista y anticapitalista parecía oportuno. Asimismo, permitía universalizar la lucha al incluir a Palestina en la larga historia de dominación colonial y del derecho a la tierra.

Las acusaciones de antisemitismo contra el SNCC, y luego contra los Panteras Negras, no tardaron en llegar. Conscientes de que quizás hubiera tendencias antisemitas entre sus militantes, los portavoces de ambas organizaciones expresaron claramente su posición: antisionista, pero no antijudía. En 1967, el presidente del SNCC, H. Rap Brown, declaró: “No somos antijudíos ni antisemitas. Simplemente no creemos que los dirigentes de Israel tengan derecho sobre esa tierra” (6). En 1970, bajo la pluma de su dirigente Huey Newton, los Panteras Negras también repudiaron las afirmaciones marginales de algunos militantes y defendieron su internacionalismo revolucionario, hostil a la supremacía blanca, no a los judíos. Newton reafirmó el derecho a la autodeterminación de los pueblos sofocados por el militarismo y el “nacionalismo reaccionario” israelo-estadounidense (7).

La coalición entre negros y judíos estadounidenses, determinante durante el período de lucha por los derechos civiles (1954-1968), pendía de un hilo. No se trataba de una situación de poca importancia. Desde la creación de la National Association for the Advancement of Colored People (NAACP), en 1909, hasta el compromiso del rabino Abraham Joshua Heschel de marchar junto a Martin Luther King, el papel de las elites progresistas judías fue esencial en la lucha por la liberación negra (8).

Esta asociación no estuvo exenta de tensiones y las acusaciones de paternalismo –de los judíos educados hacia los negros oprimidos– eran recurrentes. Sin embargo, el tema palestino marcó un punto de quiebre. Ya en 1967, en su libro, The crisis of the negro intellectual (9), el ensayista afroamericano Harold Cruse cuestionaba las premisas de la alianza entre judíos estadounidenses y negros, según las cuales ambos pueblos eran víctimas de la misma opresión y padecimiento. Los primeros, afirmaba, tienen el poder y lo ejercen, incluso para pensar “nuestra” emancipación en “nuestro” lugar. Cruse se pregunta dónde está la empatía por los oprimidos al momento de denunciar la ocupación israelí en Palestina. “¿Cuál es la posición de los intelectuales judíos de la revista Commentary sobre el sionismo?”. Los negros que buscan justicia, sostuvo, tendrán que deducir la legitimidad de la asociación con los judíos estadounidenses en base a la respuesta a esa pregunta.

La mención a la revista neoconservadora señala el deslizamiento, que tiene lugar a fines de los años sesenta, de una parte de los intelectuales judíos estadounidenses, como Norman Podhoretz, hacia una doble crispación: a nivel nacional, respecto de los afroamericanos, a quienes retiran todo apoyo; a nivel internacional, respecto de Israel, al que pasan a defender de manera incondicional. Poniendo en relación ambas esferas, estos sostenían que el modelo social estadounidense, liberal y universalista –el mismo que permitió a los judíos americanizarse– se veía amenazado por los detractores del racismo y la dominación.

Justamente, la polémica generada en Estados Unidos por la Resolución 3.379, que condenaba el sionismo como una forma de “racismo y discriminación racial” (10) y que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó en 1975, fue tanto mayor cuanto que tuvo lugar en ese contexto. Daniel Patrick Moynihan, embajador de Estados Unidos en la ONU, se mostró particularmente indignado, aunque conocía muy bien los engranajes de la discriminación estatal. Diez años antes, cuando era un universitario cercano a Lyndon Johnson, había redactado un difundido informe que promovía políticas sociales ambiciosas a favor de los negros estadounidenses, cuya exclusión social y estructural había puesto en evidencia. Desde el momento en que se pasó al bando neoconservador, expresó su hostilidad por los afroamericanos que hablaran del “racismo” de Israel.

La nueva generación

Las repercusiones de la cuestión palestina entre los negros estadounidenses deben leerse a la luz de la redefinición de las relaciones de fuerza internas que produjo el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. A través de ese prisma, los actores replantean cuestiones arraigadas en la larga historia del país, sobre todo, la naturaleza imperial de la República estadounidense y la exclusión de las minorías de piel oscura del ámbito de la ciudadanía. Afirmar su apoyo a Palestina equivalía a proclamar su derecho a la disidencia respecto de esa potencia estadounidense que, después de haber confiscado la tierra y el poder de los negros, mexicanos e indígenas, multiplicaría su dominación en Medio Oriente. Conscientes de la resonancia en la historia nacional, en 1968, los judíos y los árabes estadounidenses emprendieron respectivos movimientos de afirmación política inspirados en el movimiento estadounidense por los derechos civiles. Es en ese momento, por ejemplo, cuando el rabino Meir Kahane, fundador de la Jewish Defense League (Liga de Defensa Judía) en 1968 y futuro dirigente de extrema derecha, evocó el concepto de “Jewish Power”.

El régimen del apartheid en Sudáfrica generó una ferviente movilización en los campus, pero también en los barrios populares, a través de los militantes que no habían abandonado los guetos. El poder sudafricano, símbolo de la dominación colonial y capitalista, se apoyaba en el sostén y las armas provenientes de Estados Unidos e Israel, que se ubicaba cada vez más del lado de los opresores. Comenzó a hablarse en ese entonces del “apartheid israelí” (11). En contraposición, los palestinos se convirtieron en miembros de la diáspora de los despojados. Al igual que con Sudáfrica, los militantes reclamaban un boicot, el oprobio y la desinversión por parte de cualquier institución estadounidense, desde las universidades locales hasta el Departamento de Estado.

En 1979, el militante por los derechos civiles Andrew Young perdió su puesto de embajador estadounidense ante Naciones Unidas por haberse reunido con los dirigentes de la OLP el año anterior. A un James Carter ya irritado por las reticencias de su embajador respecto de su política pro-israelí, ese gesto le valió la ira de los representantes afroamericanos. James Baldwin replicó en el semanario The Nation, el 29 de septiembre de 1979: “El Estado de Israel no fue creado para la salvación de los judíos, fue creado para la salvación de los intereses occidentales. […] Los palestinos están pagando por la política colonial británica del ‘divide y reinarás’ y por el sentimiento de culpa cristiana que acosa a Europa desde hace más de treinta años”. Sin embargo, como el tema era menos geopolítico que doméstico, numerosos afroamericanos señalaron el papel de los judíos estadounidenses en esa renuncia forzada. Las acusaciones de antisemitismo resurgieron con fuerza y desacreditaron fatalmente la crítica antisionista de los afroamericanos.

La camaradería afro-palestina se debilitó en la década de 1990, a falta de un movimiento radical negro estadounidense lo suficientemente fuerte. La reorientación de los principales líderes negros hacia la moderación demócrata, la disolución de los últimos revolucionarios del Partido de los Pantera Negra y las esperanzas de paz en Medio Oriente tras la firma de los Acuerdos de Oslo, en 1993, fueron más fuertes que las críticas al imperialismo que tanto habían marcado la liberación negra estadounidense.

La fraternización con los palestinos volvió a renacer en 2015-2016, cuando la revuelta de Ferguson fue reprimida a pesar de los numerosos crímenes de la policía contra jóvenes negros desarmados que salieron a la luz. Black Lives Matter retomó la bandera del SNCC y articuló una vez más la cuestión racial con las lógicas de la dominación mundial. Las redes sociales permitieron que se reavivara esa solidaridad que había quedado en el letargo: por ejemplo, se creó un grupo de Facebook llamado Blacks For Palestine (B4P) [Negros por Palestina]. En 2017, el grupo antirracista Dream Defenders organizó un viaje para llevar artistas negros a los territorios ocupados. Asimismo, se dictaron conferencias en los campus estadounidenses, donde los llamados a boicotear a Israel generaron polémica (12).

Si bien estas iniciativas provienen de apenas un puñado de militantes y universitarios, se trata de una nueva generación que defiende la unión de negros y palestinos en la lucha. Vic Mensa, una joven joya del rap de Chicago, visitó los territorios ocupados en 2017 y relató su desasosiego en un artículo de opinión que lleva como título “What Palestine taught me about American racism” [“Lo que Palestina me enseñó sobre el racismo estadounidense”] (13). Allí describió el brutal efecto de espejo que le produjo ver cómo un soldado israelí interpelaba a un joven palestino. En un primer momento, sintió alivio de no ser el sospechoso, pero luego entendió que allá “Los negros son ellos”.

 

1. Angela Davis, La libertad es una batalla constante: Ferguson, Palestina y los cimientos de un movimiento, Capitán Swing, Madrid, 2017.
2. “When I see them, I see us”, Black Palestinian Solidarity, www.blackpalestiniansolidarity.com.
3. Malcolm X, “Zionist logic”, The Egyptian Gazette, El Cairo, 17-10-1964.
4. James Baldwin, “The Harlem Ghetto”, Commentary, Vol. V, pp. 165-169 (1948).
5. Alex Lubin, Geographies of Liberation: The Making of an Afro-Arab Political Imaginary, The University of North Carolina Press, col. “The John Hope Franklin Series in African American History and Culture”, Chapel Hill, 2014.
6. Citado por Douglas Robinson, “New Carmichael Trip”, The New York Times, 19-8-1967.
7. Huey P. Newton, “On the Middle East”, en To Die For the People, Random House, Nueva York, 1972.
8. Murray Friedman, What Went Wrong? The Creation and Collapse of the Black-Jewish Alliance, The Free Press, Nueva York, 1995.
9. Harold Cruse, The Crisis of the Negro Intellectual: A Historical Analysis of the Failure of Black Leadership, Morrow, Nueva York, 1967.
10. Adoptada por 72 países contra 35 (con 32 abstenciones), fue revocada por la Resolución 46/86, adoptada el 16 de diciembre de 1991. Esta fue una exigencia de Israel para participar en la Conferencia de Madrid.
11. Véase Alain Gresh, “Regards sud-africains sur la Palestine”, Le Monde diplomatique, agosto de 2009.
12. Véase Alain Gresh, “Cómo espía Israel a ciudadanos estadounidenses”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, septiembre de 2018.
13. “Vic Mensa: What Palestine taught me about American racism”, Time, Nueva York, 12-1-18.

*Investigadora asociada en Harvard y Stanford, profesora en el Instituto de Estudios Políticos de París. Autora de Martin Luther King. Une biographie intellectuelle et politique, Seuil, París, 2015.
Traducción: Georgina Fraser

 

Información adicional

Autor/a: Sylvie Laurent*
País:
Región: Mundo
Fuente: Le Monde diplomatique, edición Argentina Nº235, enero de 2019

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