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Cinco escalones entre enero 2007-agosto 2009. El Polo, prueba de fuego


Aunque se pudieran relacionar una multitud de temas urgentes, son cinco los principales que el Polo debe sortear de inmediato: (i) Tlc. (ii) Paramilitarismo. (iii) Plan y vocación de poder. (iv) Elecciones locales y nacionales (v) Su Congreso Ideológico. Tres de estos temas son del interés de todo el país y la opinión, pero hay dos en especial que cargan con el futuro inmediato, mediato y de largo plazo de todos los colombianos: Tlc y paramilitarismo. Los otros dos, para su decisión son del orden interno del Polo. Uno debe ser: la realización del Congreso Ideológico –que está por ver si aprueban su realización– y su resultado una definición orgánica y de tareas con un contenido “no solo representativo” sino de ser poder y ser gobierno.




Tlc y paramilitarismo, cargan con el futuro de los colombianos. El primero por que si se sella el Tratado, como quiere Uribe II, nos reducen a productores de materias primas. Es decir, se clausura de una vez y por lo menos para las próximas cinco o seis décadas, la posibilidad de emprender la consolidación de aquello que siempre se pudo pero la oligarquía criolla temió con toda conciencia: una nación de verdad, con su fuerza productiva propia.




El tema es crucial, además, porque una vez firmado el dicho Tratado, el Polo y la fuerza de poder con la “unidad necesaria” que se proponga la presidencia de la República, estarían atados; podrían hacer poco desde el gobierno y la dirección del Estado. Sólo la formal administración de unos pocos pesos, pues los asuntos estratégicos de la economía, de la función del Estado y de la política internacional ya estarían definidos y determinados, además, por la legislación internacional, que protegería a los Estados Unidos y sus multinacionales.




Quedaremos, estaríamos ante un atasco de confrontación internacional frente al cual sólo quedaría una posibilidad: –antes que una transición en tiempo institucional como es el caso de la Revolución Bolivariana– el cuaje de una revolución que de al traste con todo el orden heredado y asuma el costo inmediato de un aislamiento del país; que en todo caso obtendría solidaridad de los pueblos de Venezuela, Brasil, Bolivia, Uruguay, Argentina, Ecuador, Nicaragua y Cuba que ya dan pasos de soberanía, y de capitales árabes y del lejano oriente que enfrentan ya el plan unipolar y de intervención extensiva de los Estados Unidos. Atafagado en la inercia de ‘partido electoral’ predominante, ¿considera el Polo siquiera esta posibilidad?




De la manera como se resuelva el tema del Tratado depende, en gran medida, constatar una voluntad de paz y de inclusión con la insurgencia. Porque es obvio: La aprobación del Tlc trae consigo la negación de toda soberanía, y con ello la exacerbación de las raíces del conflicto; un sentir crucial de los alzados en armas. El reto no es cualquiera. El futuro de todo colombiano está en juego. No sólo por temas como trabajo, ciencia y tecnología, educación, propiedad intelectual, bienes colectivos (agua, energía), y muchos más, sino por la paz y por la misma posibilidad de tomar una ruta estratégica del país con prioridades distintas a las del Norte.




Para el Polo se impone con urgencia irrenunciable: sacar el trámite del Tlc del recinto de Congreso y volcarlo a las calles y al conjunto del país. Se impone llenar la agenda con multitud de foros sobre el tema, de asambleas informativas, de consultas, de protestas y movilizaciones que culminen en la gran toma de Bogotá, la cual no debe ser desocupada ni concluida hasta tanto el Congreso niegue la aprobación del Tratado. Un Tlc que en algunos aspectos reproduce las consecuencias de las 18 preguntas que Uribe perdió en el referendo de octubre.




Entonces, esa multitud exigente, esa misma que en Gran Coalición derrotó el referendo y que demanda soberanía y gobierno de nuevo tipo, en caso de ver desconocido su mandato debe transformarse ahí mismo en Parlamento de los Pueblos y disponer una dualidad de poderes que permita al Polo –como motor de una fuerza de “unidad necesaria y nacional”– propender por ser Gobierno inmediato. Tomar decisiones radicales y demostrar en los tribunales internacionales que el desconocimiento de la demanda popular volcada en las calles reflejaría, que el Tlc con los Estados Unidos se aprobó contra la voluntad mayoritaria de los colombianos.




El paramilitarismo




Tema en cuya clarificación también descansa, se afinca la posibilidad de acercar la paz y obliga al Polo a resolver la verdad histórica, hoy confusa, frente a dos interrogantes:




1.- ¿Responde el paramilitarismo al interés de unas cuantas personas que decidieron armarse para su defensa ante desafueros de la guerrilla? O,


2.- ¿Es el producto de una política de Estado –con antecedentes en la ‘chulavita’ y en los ‘pájaros’ y con culpabilidad sobre la clase dirigente tradicional– para enfrentar sus enemigos, para eliminar, a todos aquellos armados o no y fuera de combate; que consideraba y macartice como aliados de sus enemigos?




No tanto hacia el llamado ‘centro político’, de la manera como se enfoque este dilema se puede decidir el qué hacer político del Polo con mayor horizonte hacia los desposeídos. Es evidente que si la mirada se inclina por el segundo interrogante, y por lo tanto se acepta que el paramilitarismo surgió y se consolidó como una política de Estado, estamos ante un crimen de tal calado y responsabilidad. Que como trasfondo de la crisis, estamos ante una clase dirigente que delineó, financió, armó y propició (valiéndose de grupos de narcotraficantes organizados en bandas armadas) un conjunto de acciones militares que significaron el asesinato aleve de miles de colombianos, bien por medio de crímenes individuales, selectivos, o masacres, que como se sabe ocurrieron por todo el país durante los últimos 20 años. Pero además significó el despojo de millares de familias, la concentración de sus bienes en otras manos, y el desplazamiento de millones de connacionales, que como se sabe, se eleva a varios millones de seres humanos en sufrimiento y despojo.




Si esta es la mirada que domina en el Polo, es imposible una ‘ley de punto final’, como algunos de sus dirigentes, con deuda de valor civil ambientan. Mas bien se trata, ante la culpabilidad de la élite económica, latifundista y política, de ahondar la crisis institucional que socava al Estado, con la evidente relación entre políticos regionales y nacionales, jueces, gremios económicos, terratenientes, militares, medios de comunicación, agencias de inteligencia de los Estados Unidos, y otros, con narcotraficantes y mercenarios. Ahondando la crisis de la institucionalidad que permite toda la injusticia y somete a millones de colombianos desde hace cerca de dos siglos y la barbarie impuesta en las últimas dos décadas, se puede emprender la necesaria tarea de construir una nueva institucionalidad, una República Nueva, que sin exclusiones y en un nuevo marco legal integre la mayoría nacional, con perspectiva histórica, integracionista a plenitud en las fronteras, latinoamericana y mundial.




La posibilidad con que cuenta el Polo, como motor de unidad y liderazgo nacional legítimo, para incrustarse en las entrañas de la nación, y jugar un papel histórico en el país, sembrando bases para una paz duradera, descansa en esta decisión. De otra manera, su papel será insignificante, y su declive (con el nuevo desengaño de millones) vendrá en poco tiempo. Antes de comentar el “Plan y vocación de poder” a definir, el cuarto y quinto retos comparados con los dos anteriores, tienen otro nivel de impacto y el resultado de uno de ellos, las elecciones, depende en gran medida de la definición colectiva ante el Tlc y la responsabilidad paramilitar.




Elecciones y Congreso ideológico




Las elecciones regionales y locales de octubre de 2007, si se aprueba el Tlc y Uribe cierra con éxito la coyuntura legitimadora del paramilitarismo, se convertirán en un trámite formal de prolongación del poder parainstitucional realmente existente.




Una vez impuestos los intereses de los especuladores e importadores, inclinados por la agenda de “libre” comercio con los Estados Unidos, ¿qué políticas de largo plazo se pueden poner en marcha en las grandes y medianas ciudades, que no sean las que ellos pretenden e imponen? Pero, además, una vez cubierto el paramilitarismo con el velo de la impunidad, ¿cómo removerlo en los cientos de municipios donde controla hasta el mover de hojas de los árboles? De esta manera, las elecciones municipales y departamentales no serían más que la legalización de un poder que durante los últimos años ha sido y es paramilitar en su contenido. No libre de los riesgos de exterminio, la izquierda podría evidenciar fuerza en un mayor número de poblados y departamentos de los que hoy dirige, ¿pero con cuál espacio real, legal y de Fuerza Pública, para poner en marcha los giros estratégicos que la miseria y la pobreza necesitan para superarlas en el corto y mediano plazos? Es innegable, que tanto el Tlc como el paramilitarismo, definen la agenda y el vencedor de esas elecciones, y la decisión previa que tome el Polo sobre los mismos determinará sus resultados.




El Congreso Ideológico como reto de no poca importancia para el Polo y como propuesta llevada a su Congreso constitutivo, en tanto dicho evento se concentró en asuntos de forma, quedó para una decisión posterior de su Junta Nacional.




Más de quinientos mil votos para la elección de los delegados a su congreso constitutivo expresan la inmensa expectativa que despierta su posibilidad, tras más de 180 años de bipartidismo, como alternativa política de izquierda en el país para romper el formalismo e invitar a esa inmensa cantidad de colombianos a que se hagan carne de un cuerpo que tomará forma si ellos brindan su energía. Un primer espacio es el debate abierto de ideas.





Un Plan y una ‘vocación de poder y oposición verdadera’




Con el jaque de un conflicto interno que afecta los resultados de gobernabilidad oligárquica, justo, la narcopolítica creciente en el poder regional y el paramilitarismo en su fase actual de control del gobierno y del Estado, que otorgan ‘permisos para hacer oposición decente y moderada’ esa, que no multiplique la movilización en la masa, sino que ayude a mostrar una imagen ‘democrática’ ‘plural’ del régimen, como lo enunció Uribe II en su viaje a Europa; ha tenido como fundamento limitar, coartar, atemorizar, impedir el crecimiento y consolidación de una oposición política activa, no solo ‘representativa’ ‘ciudadana’ ‘individualista’ ‘de carrera electoral’ en el decisivo territorio urbano. Superar esa limitación es un reto para el Polo.

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