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Amnesia parcial, amnesia total. Televisión

 


 


Mi madre, muy preocupada –pues sin memoria soy un ser medianamente inútil–, intenta de todo: me muestra fotos familiares, me cuenta diversos episodios de mi vida, lleva hasta la casa a un montón de personas que al parecer son mis amigos, parientes, vecinos. Es un desfile de palabras, imágenes y cuerpos. No los recuerdo a todos, y la angustia se incrementa en mí y en mi madre.


 


Pasan los días y hemos avanzado poco. Entonces surge una idea casi genial: poner en mi cuarto el televisor de la familia para que me entere o me ubique por lo menos en el presente. Por momentos parece que la memoria es la acumulación de cosas y, como la mía está vacía, puede ser una buena terapia para llenarla. ¿Qué mejor manera de hacerlo que la televisión, que recoge lo mejor de nuestra identidad y nuestra realidad?


 


Iniciamos el experimento por la noche. Son las 8 y veo uno de aquellos programas que esperaba que nunca hubieran existido; un seriado del cual su recuerdo fuera sólo un mal recuerdo, pero no: es uno de esos que se desarrollan en la playa, realizado por gente común que frente a las cámaras se convierte en una montonera de personas comunes, ‘actores’ que realizan pruebas físicas y se insultan entre ellos, en fin, ‘identidad nacional’. A los pocos minutos me surge una duda: ¿esta versión es nueva o es la misma que recuerdo repetida año tras año? La duda se transforma en angustia: ¿qué año es? Casi inmediatamente la publicidad me responde: 2007. Esa precisión ya es un avance porque al menos sé en qué año estoy. Mi madre tenía razón, pues ya voy llenando el vacío de recuerdos.


 


Al fin termina este programa de seudoentretenimiento, falso entretenimiento y más bien programa distractor que es de concurso pero parece una telenovela. Se inicia otro, suena vallenato, es Carlos Vives o su hijo o su nieto… no sé. Tengo un recuerdo algo borroso; me parece que era más viejo, más gordo y melenudo… entonces, ¿este es el presente o es el pasado? Lo peor de la amnesia es la recuperación desordenada de la memoria, ya que recuerdo a Vives pero, ¿por qué lo evoco viejo y lo veo joven? Me invade la desesperación de no entender. Estoy solo en mi casa pero necesito una explicación. Sin embargo, prefiero esperar, quizás así procede la memoria, me relajo, sigo frente a la tele. Cuando he recuperado el aliento, comienza otra telenovela, que recuerdo más que lo de Vives, claro, las muchachas bonitas, bueno, más que bonitas, exuberantes, pero de nuevo creo que ya la he visto. La angustia llena mi mente y me sobresalto; creo que es mejor llamar al médico.


 


Las sensaciones que me recorren me hacen pensar que no es buena idea tratar de recuperar la memoria a través de esta caja ‘boba’ llamada televisión. Eso también lo había pensado antes. ¿Será qué la memoria retorna fragmentada, renovada pero igual?


 


Al borde de las lágrimas, identificando el año pero con persistentes imágenes viejas, no sé cómo entender este proceso de llenar vacíos en el recuerdo. Escucho la puerta, al fin llega mi madre, que se conmueve con mi desesperación y en tono maternal me explica que no es mi memoria lo que falla; es que la programación de ese canal es así. Pero tranquilo, me dice: mañana lo intentamos con los noticieros.

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