La palabra del poeta está insuflada por el Valle del Cauca, por la prodigiosa geografía de la fraternidad entre las razas que siguen desconocidas para el norte imperial, insaciable y colérico. Palabra compañera de la alegría nacarada y la pena infinita de niños con miradas que preguntan ¿por qué esta miseria en el mismo paraíso? ¿Por qué este odio fratricida? Palabra enraizada en la balsámica ternura de mujeres invencibles que guarda la semilla y la memoria. Palabra fundante de la patria anhelada del decoro que emerge incontenible en el crisol de sangres y culturas.
Palabra de verdad, de alborada que fulgura en la crepuscular penumbra de los turife-rarios y las mustias voces que han preferido la coima y el relumbrón a la vida. Palabra de amor a la sencillez de un pueblo que en la unidad resiste, y con la verdad, sin odio y sin venganza, firme se levanta.
A los millones de desplazados internos de Colombia
A los millones de desplazados
internos de Colombia
En mi país, los sueños por la paz
se estrellan contra las pesadillas de la vigilia.
Un deambular insomne de masas desplazadas
borradas de su lugar por la barbarie
–con la complicidad de leyes que regulan
el cíclico bienestar de victimarios–
busca un refugio donde escampar en la tormenta.
No hay lugar para la siembra de poemas
de sueños reales como flores de la vida
para el reposo y el futuro que se ahoga
en millones de seres sin raíces
despojados de toda esperanza.
Pero abundan gramáticos y juristas de pacotilla
que asesoran y legislan con lealtad y buena letra
las argucias del sátrapa y su corte.
La centenaria estirpe de manzanillos protectores
de los expropiadores de la tierra
nacidos de la desmemoria trazada como destino
acomplejados mestizos vestidos de castizos
con el oscuro discurso de una patria
sin bárbaros salvajes –que no lo eran como ellos,
pero fueros excluidos para siempre, desde el origen–
en la autista y cerril República criolla
que no merece tal nombre si la historia
injusta, como es, fuese contada.
Ellos se ufanan al proclamar la legendaria
historia democrática del vasto territorio
del cual no reconocieron nunca sus orígenes
su asombrosa diversidad geográfica y humana.
Tal suerte de olvido aún persiste
mientras el horror de la diáspora se dilata
se palpa se respira se amontona
en la contaminada atmósfera de las urbes
en recientes fértiles campos milenarios
en cárceles atestadas de inocentes
en largos desfiles de viudas con su prole
en fosas comunes donde arrojan
a los que nunca tuvieron voz
para que el futuro no se las otorgue.
En la memoria de miles de familias
tras las huellas extraviadas de alguno de sus miembros
desaparecido trastocado en NN.
Así se perfila el destino de nuestro pueblo
bajo un turbio horizonte teñido de sangre olvido y fuego
donde libertad y orden no son más
que groseros cinismos que adornan un escudo
custodiado por el auténtico bárbaro que mira
de rodillas al norte mientras reza
y ofrece al cielo y la divina providencia
la sagrada institución de la impunidad
de la rapiña del terror de la codicia
en esta patria bendecida tantas veces
por los terribles designios del Imperio.
Mauricio Vidales


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