El 17 de junio del 2007, mientras muchos colombianos celebraban el día del padre, el profesor Víctor Moncayo desobedeció la palabra del Obispo de Nariño que le dijo: “No haga eso. ¡Es una locura! Una golondrina no hace verano”, y después de celebrar una misa en la que pidió que le acompañasen con sus oraciones, inició su marcha. Sin un peso en el bolsillo, con sus cadenas que constantemente recuerdan a su hijo que las porta desde hace 10 años, y con su más de medio siglo a cuestas, emprendió –desde Sandoná, un pequeño poblado nariñense en el sur de Colombia– una caminata inverosímil de más de
Conversamos con el Profesor Moncayo, en rueda de prensa, el nueve de agosto, acompañados por media docena de periodistas, el mismo día en que en el Capitolio, en el costado sur de
– En concreto, ¿qué es lo que usted pide con esta larga marcha profesor?, le pregunta un joven periodista argentino.
Gustavo Moncayo (GM). Acuerdo Humanitario, Acuerdo humanitario, Acuerdo Humanitario entre el gobierno y las farc. No es con la fuerza como se puede lograr la paz en Colombia. Hay que buscar alternativas de solución. Nos falta voluntad, amor, entrega, solidaridad.
– ¿Algunos dicen profesor que usted es comunista?, le inquiere una joven periodista.
(GM). Yo soy un profesor de ciencias sociales, vengo de un estrato humilde. Vengo de una familia humilde. Cuando nos casamos con mi compañera ella estaba en décimo y yo en séptimo. Estudie entonces radio técnica por correspondencia. Con eso levanté a mi familia, reparando radios y televisores para sobrevivir.
Apenas nos alcanzaba para comer. Mi esposa se graduó y estudio Filosofía y Letras, yo me quedé en el hogar. La niña me dice papá-mamá porque creció conmigo mientras mi esposa estaba estudiando en Pasto. Años muy duros, entre el trabajo hasta la madrugada y la atención de los niños.
Cuando me gradué como bachiller académico me dieron la oportunidad de trabajar como profesor municipal, ganaba 3.400 pesos mensuales. En ese tiempo me dije: “tengo que ser alguien” y entré a la universidad de Nariño. Entonces estudiaba Física y al mismo tiempo vendía muebles. Estudiaba en la nocturna. El dinero no alcanzaba, no compraba carne, si teníamos para desayunar no había para el almuerzo. Mi esposa terminó su licenciatura, pero no conseguía trabajo porque para lograrlo se necesita tener contacto con los politiqueros. Ya estaban con nosotros Pablo Emilio y Gloria Helena. A mí me pagaban nueve mil pesos y me gastaba doce mil, los sábados reparaba radios para compensar. ¿Eso es ser comunista?
Tengo un hijo secuestrado hace diez años, ¿para los entendidos en la materia eso es ser comunista?
Estuve en el Caguán y hablé con todos, con Manuel Marulanda, con Jojoy, con Simón Trinidad, con Raúl Reyes…También hablé con Ernesto Samper, con Andrés Pastrana, con Álvaro Uribe, fuimos a las embajadas… Con otras familias de secuestrados, con 16 personas más, hicimos la toma pacífica de
No señora. Yo sigo luchando y lo importante es que esto no muera. Aquí, en Bogotá, comienza mi trabajo. El 17 y el 18 de septiembre estoy invitado a Bruselas, después a París y a Sudáfrica a una entrevista con Nelson Mandela. Mi mensaje es uno: No pueden disponer de la vida de las personas. Aquí debe haber una salida negociada. Eso no se soluciona diciendo “yo voy a rescatar a sangre y fuego”.
He venido a que se de el Acuerdo Humanitario y que me hijo vuelva con vida. ¡Qué todos los secuestrados vuelvan con vida! Lograr que vuelvan y puedan abrazarnos, que puedan estudiar, trabajar, bailar, tener vida…
Luchamos para que regresen con vida, ¡no los dejemos morir! Lo que falta, para lograrlo, es voluntad, acompañamiento, unirnos.
– ¿Por qué ve tan factible el Acuerdo Humanitario?, se escucha desde una de las esquinas de la carpa.
(GM) Creo que fue en el año 2001, en el gobierno de Andrés Pastrana, cuando se logró el intercambio de 310 soldados y policías por 15 o 20 guerrilleros. ¿Qué lo posibilitó? La voluntad. ¿Qué consecuencias negativas tuvo? Ninguna. Por tanto, se puede hacer de nuevo el canje. Se puede realizar el Acuerdo Humanitario. Si hay problema con el despeje, que se cree una Zona de Convivencia para hacerlo realidad. Todo lo resuelve una simple decisión. Claro, existen intereses creados, eso no lo podemos desconocer, pero hay que vencerlos. Hay que vencer los intereses de la guerra.
– ¿Profesor, usted se ha convertido en un símbolo de la paz?
(GM) Si me convertí en un símbolo, no fue ese mi propósito. Lo único que he realizado, desde la humildad, es caminar.
Los niños me saludan con alegría, ven en mí un héroe. Pero no un héroe que dispara y mata. ¿Qué he hecho yo sino caminar y buscar a un ser querido? Los niños se identifican con esta lucha.
¿Cuántas mujeres en Colombia quedan embarazadas y sus hijos no son queridos por sus padres? En Colombia hay hambre, hay desempleo, hay desesperación…, muchos hijos quisieran contar con sus padres, tener su apellido y su protección y se encuentran con un “Tú no eres mi hijo”…y yo buscando a mi hijo ¿Esto es ser comunista? ¿Qué delito ha cometido Pablo Emilio?
– ¿Hasta dónde llegará su lucha?, interroga un joven que sigue con total interés las respuestas del que se ha transformado de profesor en testimonio de paz.
(GM) Mi mensaje es muy humano, es un mensaje de paz y de armonía. Eso es lo que quiero sembrar, esa es mi lucha.
Le voy a contar una historia con la que quizás puedan comprender la mía: dos ranitas venían saltando felices y de pronto cayeron en una olla de leche que estaba tibia. Una de ellas miró los bordes de la olla y dijo: de aquí no salimos, yo me ahogo. La otra ranita, en cambio, dijo: “Voy a seguir luchando” y se mantuvo en su esfuerzo, al rato la leche se enfrió y se formo la nata ¡Entonces la ranita pudo saltar!
– Pero, profesor Moncayo, ¿Ha logrado algo en todo este tiempo?, pregunta que se alcanza a escuchar con un tono cargado de escepticismo.
(GM) Desde que se inició la marcha hemos logrado algo. No lo fundamental que es establecer, con la ayuda de todos, un diálogo y una comunicación, y alcanzar la liberación de nuestros hijos.
Pero hemos dado pasos en superar la indiferencia. Hay 13 gobernadores que están por el Acuerdo Humanitario. Hay millares de ciudadanos que se han acercado a firmar por el Acuerdo. Hay una expectativa creciente sobre la necesidad del Acuerdo Humanitario.
Crece la opinión de que es necesario superar la violencia en que vivimos. ¡Qué las dos partes entiendan que los colombianos estamos cansados de guerra y estamos cansados de violencia¡ Que queremos hablar de paz Estamos cansados de que haya secuestros y haya desaparecidos.
Mi misión es lograr que haya paz en Colombia a través del Acuerdo Humanitario.
«No me dejen sólo»
La plaza de Bolívar de Bogotá recibe en la actualidad más visitantes que de costumbre. Los ojos curiosos de docenas de transeúntes de fijan en las dos carpas instaladas en su costado sur occidental a la espera de ver y poder saludar a uno de sus moradores, el caminante por la paz Gustavo Moncayo.
Aunque no llegan en masa ni en movilización, grupos de dos o tres personas pasan de manera constante, y con mirada curioso o interrogadora, al lado de blancas carpas que ahora albergan a quienes, junto al profesor Moncayo, tuvieron la capacidad para conmover la pasividad nacional, recordando a todos que en las selvas del país hay docenas de militares hechos presos por las farc, los cuales poco o nada interesan al poder político y económico. Y que esos prisioneros, junto con los que llenan las cárceles oficiales, aguardan con ansiedad la concreción de un Acuerdo Humanitario.
Clamor creciente. Así lo sabe el presidente Uribe y los grupos de poder que no están interesados en resolver el extenso conflicto armado que ha afectado varias generaciones de colombianos.
Por eso el 3 de agosto, Uribe Vélez llegó a la cita con el caminante de Sandona, impositivo e imponente. No llegó a conversar ni a discutir con quien reclama por su hijo y por los cientos de secuestrados, prisioneros políticos y rehenes, sino que lo hizo como quien siempre “porta la verdad”.
De ahí que cuando Moncayo sentencio: “En Colombia hay dos inmensas tapias, las farc y el presidente Uribe”, estaba expresando lo que sentía allí mismo, en aquel momento de negativa del poder con respecto a su demanda. El llanto que cubrió sus ojos fue la expresión nítida de las sensaciones que le recorrían: desilusión, rabia, desprotección, angustia.
Luego vendría la presión de los medios de comunicación para hacer sentir que el Acuerdo Humanitario depende simplemente de las farc, pues el Presidente “ya propuso”, o mejor, ya dispuso.
Así, tras el inmenso esfuerzo y el gran ejemplo de este padre que demanda reconstruir su familia y poder abrazar a su hijo, “y a los cientos secuestrados que deben volver a la libertad”, queda claro que la tapia instalada en


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