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¿Qué busca el llamaviento?. El viento y el debate llama. Llegan interrogantes, van aclaraciones

La edición 126 del periódico desde abajo circuló con un documento especial: “Primer llamaviento y cita con nueve agendas” que interpela a centenares de destinatarios específicos. Se dirige al país en pleno. También remite a personajes de la comunidad internacional en busca de que rompa su silencio, su indiferencia respecto del conflicto colombiano, su desnaturalizada ‘democracia’ y su tragedia. Los comentarios, aclaraciones, interrogantes y dudas se han comenzado a conocer. Son un viento. A quienes nos han hecho saber su lectura y crítica agradecemos las horas de sus apretadas agendas para leer y estudiar el Llamaviento. A continuación, brindo respuesta a varias de las inquietudes recibidas, como una variante de acción para las propuestas contenidas en el documento:



 


1.- ¿Cuál es el propósito del llamaviento?


 


El contenido del documento sugiere un camino y meta de gobierno y de poder. Llave para una pronta paz sin statu quo.


 


Una meta, con un plazo a aprovechar –de hoy al 7 de agosto/2009– para dar un paso previo de organización en que todo el conjunto inconforme, social, popular, revolucionario y, de la reciente contradicción interoligárquica y de agrietamiento del piso original uribista; identifique y concatene el conjunto previo de los instrumentos necesarios para un allegro moderato de la paz. Instrumentos de viento, cuerda y percusión que podrían resumirse en:


 


a.-        Una síntesis de pensamiento e interpretación sobre las causas y el presente de la situación y el conflicto, sin descartar ningún aporte patriótico y antioligárquico o de oposición.


b.-       La aceptación de una plataforma social de transición –con el conjunto de reivindicaciones sociales inmediatas por proponernos, o ‘programa mínimo’ con sus tiempos de ejecución por un nuevo gobierno.


c.-        La movilización social con una directriz de unidad nacional.


d.-       La disponibilidad o existencia, querámoslo o no, de una fuerza insurgente soporte, de resistencia, disputa y de poder.


e.-        La construcción y valoración de la comunidad colombiana en el exterior y de su diáspora como una retaguardia activa. Como un escenario complementario y/o decisivo para cualquiera de las cuatro alternativas posibles de definición que puede tener la situación visto su desarrollo a 2009/2010:


·           Electoral*. Combinada con un Acuerdo Nacional: Un acuerdo que conlleve a una Renovada Gran Coalición o Gran Convergencia Nacional por la esperanza y que ponga piso a un subsiguiente Pacto Patriótico de gobierno y de poder. Para ésta unidad y Acuerdo Nacional, sin lámpara votiva, debe(mos) hacer(se) un traje a la medida que vista de centrífugos en una primera fase al Polo, al conservatismo sensible y al liberalismo raso. Y, su primer trípode que en el paisaje no es otro, sino:


 


– la coincidencia y acercamiento de iniciativas entre Carlos Gaviria, Álvaro Leyva y Piedad Córdoba.


·           De resistencia institucional, con un eje urbano: ante un posible aplazamiento del calendario electoral, que puede tener una justificación inducida por acciones de terror oficial con acusación a la insurgencia.


·           De resistencia. ‘Combinada’ en un eje urbano y rural: ante una orden del poder para el aniquilamiento del capital sumado y el asesinato de la dirección electoral de la esperanza.


·           De resistencia, bajo la dirección de un Gobierno Alternativo: ante una acción de fraude o, de ventaja de la esperanza con disputa confusa de los resultados.


 


Pero en el ínterin hasta 2010, la comunidad exterior debería valorarse, de inmediato, en sus funciones de (i) acompañamiento, coordinación y unidad con las movilizaciones y los ¡referendos! en marcha, (ii) a favor del Intercambio Humanitario (iii) de exigencia de una apertura inmediata del registro electoral y (iv) de solidaridad. (recordar el caso sandinista, que con una legitimidad insurgente distinta a la que existe en Colombia, Costa Rica y su geografía y población limítrofe jugó un papel decisivo para la configuración (i) política internacional, (i) política nacional y de retaguardia militar, que facilitó a la caída de Somoza).


f.- La iniciativa de un liderazgo de unidad nacional y/o una candidatura única, sin esperar hasta una consulta en marzo/2010. Una definición oportuna que permita a la organización política de la campaña, en el lapso de un año, visitar uno a uno los municipios de Colombia. Sólo así se podrá avanzar en un ¡no más! a la política ‘mirada desde Bogotá’. ‘Desde la carrera séptima esquina con novena y octava’. Con la también imagen ‘urbanizada’ del político de izquierda, acomodado a las encuestas y al patrón mediático de los grandes medios.


g.- El diseño de un Pacto Patriótico por la esperanza como única plataforma posible de paz y poder y de empoderamiento social en busca de la legitimación democrática y el reconocimiento y apoyo internacionales, y por una Verdad, Justicia y Reparación que no se puede negar si alcanzamos a despejar la mascarada de complicidad con el poder tradicional y apartar un ‘perdón y olvido’ de su responsabilidad histórica.


 


2.-  ¿Por qué vincula al Ejército y las FF.AA. entre los actores por la paz?


 


El Llamaviento llama la atención, pone sobre el tapete, que sin fraccionar los cuarteles con un debate por la paz que rompa la verticalidad del mando por la guerra, no es posible un destrabe del conflicto en pro de una solución política (de poder democrático y soberanía).


 


3.- La internacionalización, la convocatoria a la comunidad internacional ¿no pone en mayor riesgo la soberanía nacional?


 


Una de las osadías del llamaviento es reconocer que nuestra soberanía está perdida. Que el conflicto nacional está inscrito dentro de la necesidad de supervivencia del poder financiero e imperial de hoy. Por tanto, con la presencia de efectivos militares y de compañías mercenarias de los Estados Unidos como de organismos de inteligencia de varios países (Israel, España, Alemania, Inglaterra y muy pronto México…), ya no es posible salir del conflicto mediante una solución “solo entre colombianos”. En consecuencia, en su variada y larga lista de destinatarios, el Llamaviento prefigura el mínimo del espacio moderno, cultural, comunicacional, político internacional que es necesario movilizar para impedir que la necesidad de supervivencia del imperio, con punto fuerte en el continente, arrecie su amenaza histórica contra el movimiento nacionalista y popular. Amenaza que logró en Indonesia con masacre, con el liderazgo peronista en Argentina, socialista en Chile, revolucionario en Guatemala, de la Nación en Yugoslavia, o como desmiembra la causa palestina e impide la unidad panárabe del precursor Gamal Abdel Nasser.


 


Por estas circunstancias, y con antelación a hechos acaecidos recientemente, el Llamaviento esboza que ante la responsabilidad directa de los Estados Unidos en la trágica prolongación del conflicto y ante el entrabe del Intercambio Humanitario (a pesar de la generosa gestión del presidente Chávez que varió su anterior posición frente a las relaciones políticas con Colombia, y del desafío y riesgo de la senadora Piedad Córdoba), estamos en la necesidad de hurgar e imponer un papel de paz, por el cese de fuegos, a ese gobierno y a esa sociedad. Al Norte. Del mismo modo, y dadas las consecuencias del conflicto más allá de las fronteras, el Llamaviento plantea(ó), a su vez, un papel y una tarea de neutralidad activa, de promoción de una reunión Galápagos I o Mitad del Mundo I a los gobiernos y países vecinos bajo la iniciativa del presidente ecuatoriano, ahora con sus medidas populares y su liderazgo en aumento y más legítimos.


 


4.- ¿Por qué una heterogénea lista de remitentes?


 


Esta pregunta que ha sido planteada por diversos destinatarias, además de diversos lectores de la agenda, exige una respuesta en extenso. En la próxima edición de nuestro periódico presentó las explicaciones pertinentes.


 


Dada la superlativa deformación democrática e institucional que existe en Colombia, es iluso pensar en una salida de exclusiva higiene electoral. Prever las variantes no es necio. Puede evitar situaciones tristes: la vista con Ollanta Humala ganador de la primera vuelta –que esperó en silencio el acomodo fraudulento de su contendiente por el organismo electoral peruano–, y la tardía reacción de López Obrador ante el fraude en México.


 



 



Ante la posibilidad de un tercer período de Uribe Vélez


 


Colombia vive el riesgo de padecer un tercer gobierno de la guerra a partir del 7 de agosto/20101. Un avatar que debería ser la máxima preocupación para la mayoría de los colombianos. Tendría que ser el desvelo para todo dirigente y para cada organización o núcleo político del amplio campo opositor antioligárquico, sin barreras entre si, con base en: (i) los diversos sectores sociales movilizados por sus reivindicaciones2 y las formaciones (ii) humanitarias, (iii) democráticas de oposición, (iv) revolucionarias y (v) radicales.


 


Un riesgo de ‘Tercer Reich’ que se cierne sobre la Patria, dado el soporte del llamado ‘Plan Colombia’ que será adecuado y reforzado aún más, luego de obtener y lograr durante estos años, al menos tres favorabilidades:


 


a.- El ensanchamiento y copamiento nacional, de alcance estatal con un avance urbano, social, político e institucional del paramilitarismo y de su pensamiento, en todos los poderes de la Nación. Una operación cumplida con poca resistencia y controversia social y que ha estado acompañada de un léxico y un alto margen de legitimación e imagen que compromete incluso por omisión, vacilación y debilidad patriótica, a algunos sectores de izquierda que confluyen o no en el Polo Democrático Alternativo.


 


b.- El retroceso o repliegue presencial de la insurgencia en un largo centenar de cabeceras municipales. Un alto o un paréntesis de su avance semi urbano que pone a la guerrilla más distante de alcanzar objetivos estratégicos visibles en las áreas urbanas y metropolitanas. Áreas estas, donde la realidad (para)militar de hoy –sumada al monitoreo tecnológico por parte del Comando Sur–, sufrida en carne propia por la Comuna 13 de Medellín, impide el sostenimiento y configuración tanto de zonas en organización popular de movilización como estructuradas con milicias identificadas en el ‘control de posiciones’ o en la construcción y espera insurreccional.


 


c.- El control y monopolio informativo que abunda en la negación política del conflicto y en la unilateralidad y oscuridad sobre la esencia del narcotráfico. Un control ajustado a los contenidos de ‘guerra política’ del Alto Mando militar, con asesoría de la embajada y el Ejército de los Estados Unidos. Un control ordenado y obedecido, con acomodo y autocensura (i) de los dueños y empresarios de medios, (ii) de la mayoría de sus directivos y (iii) de un gran contingente de los redactores y reporteros, ya atemorizados, ya con la amenaza encima o ya por torcedura ética en el análisis de la verdad.


Entonces, la continuidad en forma y propósito de ese régimen y ese Tercer período para el 2010-2014 aprovecha en un todo la existente y no superada confusión estratégica y sin norte de unidad nacional que prima en el pensamiento crítico, la opinión democrática y en el campo social y popular. Una ausencia prolongada de reacción por la unidad. Que abona también y reproduce el subconsciente de diferenciación, vanguardista, de grupo –de ‘aparentes’ intereses de clase, con múltiples jefaturas en las izquierdas– con cultivo, reproducción y admisión en la base de caudillismos locales que suben por la pirámide de cada organización o movimiento y son espontáneos y alimentados por cada grupo, líder o jefe político o gremial en los sectores aguerridos y concientes del movimiento popular. Un déficit de unidad y de su directriz –que debería ser devota– que facilita al régimen en su progresión de:


 


a.- Con la ayuda del terror, cooptar algunos sectores del tejido social que sin articulación hasta ahora asumen aspectos de lucha y diferenciación antioligárquica.


 


b.- Eliminar o silenciar a los sectores dignos y más combativos del movimiento social y popular, con sus expresiones culturales, de poder territorial y de influencia electoral; que a pesar del terror y de la nueva vecindad paramilitar en aumento dentro de los cascos urbanos, no cejan hasta ahora en su reivindicación histórica, social y de soberanía.


 


Aún estamos a tiempo para impedirlo. ¡Actúemos!


 


1          Ya sea como reelección, o con recambio de la figura presidencial. De todos modos en acuerdo con la mayor intervención militar y la conducción operativa de las Fuerzas Armadas por parte de los Estados Unidos. Un peligro factible, aún dentro del deterioro que día tras día afecta al gobierno de George Bush y agrieta la hegemonía estadounidense, tanto en el mundo como en la región, con expresiones no comentadas en su tamaño como son la ‘iraquización’ de Afganistán y su desastre en Iraq que ya extiende el conflicto a Pakistán y la forzada aceptación mediante el bono nuclear de Pyongyang de negociar la reunificación de Corea. Un desastre que puede llevar al repliegue por etapas de su tropa élite, con una tremenda consecuencia para Nuestra América: el reajuste de su política imperial, de dominio global, mediante un zarpazo de reconquista del continente como su ‘patio trasero’. ?…Si lo ves que viene dale al tiburón…? Una mira de reacomodo con posibles blancos de ataque sobre Cuba, Colombia –con incremento de la intervención–, y la ejecución de magnicidios presidenciales u hostigamientos contra las transiciones políticas y estatales que avanzan en Venezuela como primera fila, y con objetivos de frenarlas en Bolivia, Ecuador y Nicaragua.


2          “…abstencionistas, liberalismo raso, conservatismo sensible, nacionalismo militar en despunte, Polo, Frente Social, Unidad Democrática y demás vertientes y movimientos sociales y de la comunidad exterior con memoria y cólera antioligárquica”. Primer Llamamiento y cita con 9 agendas. Ediciones «desde abajo» Ag.Sep./2007.

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