Con gran algarabía, todaslas
delegaciones de las comunidades indígenas de la etnia Páez, campesinos yafrocolombianos desplazados
por la masacre del Naya fueron llegando, situándoseen un costado de la plaza principal del
municipio, custodiada por el ejércitonacional. Todos, en chivas: mujeres, hombres, ancianos y
niños, estosúltimos gritando a viva voz ¡Uribe, paraco, el pueblo está berraco…!Estribillo
que los niños de la escuela del Naya, desplazados ubicados en elmunicipio de Timbío, llegaron
arengando.
Las comunidades seinstalaron en el
interior de la plaza de mercado, donde empezaría el evento.Allí, expectantes y asombrados de la
entereza de los niños desplazados,todos los presentes esperan sus palabras. Las comunidades
empezaron, consus saludos entusiastas, a precisar el carácter histórico que los convocaba. Eneste 25
de abril de 2008 se reunían la memoria y los pueblos.*
Se inicia el relato claro,contundente y
preciso ante lo inefablemente escabroso: el exterminio decampesinos afrocolombianos e indígenas
paeces por parte de grupos paramilitaresen la región del Naya.
Un camino de memoria…
sin muerte y sin
olvido
En las
múltiples voces de los comuneros descendió la historia pararelatarnos, a los allí presentes, la
vivencia en su forma organizativa,política, social, solidaria y de respeto; las comunidades
campesinas con sufuerza que hace pensar en tierra, cultivo y siembra, y las voces de
losafrocolombianos que bajo el tambor y la marimba cristalizan la historia sindramatismos ni
teatralidades hipócritas.
Sonhistorias allí
encontradas en la más dignificante pluralidad, indeterminadaspor un gobierno que desconoce y trata
de invisibilizar la palabra, la cultura yla memoria de convivencia ancestral. En este eco se
interpuso la memoria de lospresentes. Sin preámbulos, ella relata la crueldad y la más profunda
teatralidaddel lugar y del terror en el Naya. Allí, el grupo paramilitar BloqueCalima,
con 400 hombres fuertemente armados, asesinó el 23 de diciembre de2000, de manera selectiva, desde
Timba hacia arriba de la cordillera, aindígenas del resguardo de La Paila, campesinos y
afrocolombianos. Toma formade esta manera una ola de terror que deja su imborrable marca de muerte.
Con lamás pública barbarie, hostigamiento y acciones de pánico, dejaron a todo lolargo del Alto,
Medio y Bajo Naya un trazo de violencia con no menos de 4.000personas desplazadas.
Perono todo
termina ahí. Una segunda incursión, entre el 10 y el 12 de abril de2001, al mando de Ever Veloza
–alias HH–, al mando de 500 hombresdel mismo Bloque Calima, desató acciones de terror
y exterminio en elterritorio del municipio de Buenos Aires y en el Naya. Estimulados por
sectoreseconómicos, militares e industriales de los departamentos del Cauca y el Valledel Cauca,
estos grupos obligaron al desplazamiento de 6.000 personas. Entrelas dos incursiones se cometieron
más de 300 asesinatos.
Antela presencia
paramilitar, las comunidades se vieron obligadas a desplazarse:las afrocolombianas tomaron rumbo
hacia el puerto de Buenaventura; lascomunidades paeces, ubicadas en Buenos Aires y el Naya, hacia el
municipio deSantander, ubicándose durante tres años (con ayuda de la Cruz Roja Internacional,la
Defensoría del Pueblo y la Asociación de Cabildos del Norte –Asocaidena) enla plaza de
toros.
Frente a la barbarie, lascomunidades
comenzaron a entrecruzar la urdimbre de sus pensamientos bajosu cultura, cambio y formas solidarias
para desafiar la trama de lahistoria impuesta. La Asociación de Cabildos del Norte entutela para que
elEstado responda por la seguridad y viabilice un territorio para los desplazadosinstalados en la
plaza de toros. Es así como se les ‘reconoce’ un territorio de290 hectáreas en Timbío, para 75
familias desplazadas del Naya y pertenecientesa Buenos Aires.
Allí,en ese
entreacto, nace un camino y una confianza con la misma solidaridad y laamistad política de los
pueblos: su organización social y la voz de quienesconstruyen sin ambages la memoria; los comuneros
que han luchado históricamentecontra la barbarie del Gobierno, en cabeza de Álvaro Uribe Vélez. Ante
esto,las comunidades recrean la necesidad de continuar la insistencia de
lahistoria.
Nosotras,las víctimas, los vimos
connuestros propios ojos.
ElEstado fue el culpable
dela muerte de nuestras familias
yel Estado debe
reparar.
Es así como aquel 25 deabril en Timba,
las comunidades indígenas le exigieron a la Comisión Nacionalde Reparación y Reconciliación Nacional
(CNRR) la realización de un recorridohacia Buenos Aires –incluido el Naya–, con el ánimo de realizar
la exhumaciónde los cadáveres de las numerosas víctimas, para desocultar los crímenescometidos por
los grupos paramilitares y, de otro lado, para esclarecer loshechos que conduzcan a revelar la
responsabilidad del Estado en surepresentación histórica, política, económica, militar, y de los
ejecutores deesta masacre.
Ello hace necesario que elEstado
viabilice urgentemente, con los desplazados de Timba, los proyectos desalud, vivienda, educación y
productivos, entre otros, que desde tiempo atráshan reclamado con insistencia ante el gobierno
nacional. Es ésta la posibilidadde la historia en la memoria, que se hace sentir en la voz de los
comuneros, enel lenguaje de la organización, resistencia, cultura, y cosmovisión de
lospueblos.
El ombligo de nuestros hijos
está enterrado en el Naya…
allá
regresaremos.
Anteesta
presencia histórica, ante la memoria política de los pueblos indígenas,campesinos afrocolombianos
afectados en la masacre del Naya, las comunidadesrequieren la concreción de acciones claras por
parte del Estado colombiano. Unapropuesta que no propenda por reparaciones individuales, ante hechos
de muertecolectivas. La legitimidad de sus derechos está instalada en el Derechoconsuetudinario de
los pueblos, y su memoria viva reposa expectante y actúa enla colectividad de sus proyectos de vida.
La reparación integral de la masacredel Naya debe hacerse en los derechos colectivos de las
víctimasafrocolombianas e indígenas, así como el esclarecimiento del número exacto decomuneros
ejecutados, la visibilización de todas las víctimas, la restituciónde sus territorios originarios,
el plan de manejo de sus cultivos ancestrales,la base organizacional y la historia que constituye el
Naya para sus pueblos.Se requiere el derecho histórico de una verdadera indemnización de
losterritorios y de todas las relaciones que históricamente se desprenden deellos. La vida ante
todo, como derecho y reconocimiento de un Estadodemocrático, social y de justicia.
Ante este panorama, esnecesario un
ejercicio ético-político de la sociedad que produzca una inmersiónen el pensamiento, ante la
presencia de las víctimas; y una realidad y unejercicio ético de la memoria ante el límite de una
mentira escabrosa generadapor el actual gobierno. Igualmente, un proyecto de liberación que permita
unarespuesta al llamado de un sujeto ético que desde y con lasvíctimas pueda juzgar y
develar este estado artificial y sacrifical de estelade muerte, represión y engaño social, económico
y político, el cual, sinindividualismos atroces y totalitarios, nos sumerja desde lo ético y
conlo político en una sensibilidad social que se ubique en este escenario decrueldad. Todo
ello debe aproximarnos a formas políticas y sociales en que lasvíctimas no reposen en homenajes ni
minutos de silencio sino en un proyectopolítico de toda una sociedad organizada, sensibilizada más
allá del umbral delindividualismo y el sectarismo ideológico de lo que significa servíctima
de una historia como la colombiana.
Por las víctimas, comoparte de nuestra
ética, memoria y trabajo en esta sociedad. En las palabras deuna compositora, una canción sin olvido
de ser víctima, nos memorizamos…
Sólotu recuerdo dejaste
enmi mente,
auncuando el tiempo pase,
terecuerdo más…
OfeliaCantero
Entenderemos, entonces,toda posibilidad
de crítica ante la teatralidad estatal, desde el llamado delas víctimas, en el testimonio y
la acción. Así, desde laexperiencia de las víctimas, hallaremos el momento de la historia,
justo enesta sociedad que requiere con urgencia sumergirse en la crítica y la voz dequienes aportan
el trazo de una memoria ética y posible: los pueblos.
*
Llegaron delegacionesde: la Asociación Agrupal de Campesinos de El Naya (Asocaidena),
CabildoIndígena Nasa Kite Kiwe, Comuneros Nasa, campesinos y afrocolombianos,Asociación de Mujeres
afrocolombianas (Renacer), representantes de laConsejería Mayor del Consejo Regional Indígena del
Cauca (Cric), algunosconsejeros mayores, el Gobernador del Naya y la Comisión Nacional de
Reparacióny Reconciliación, (CNRR), estos últimos en representación del gobierno
central.
Agradecimientos a: el Gobernador del Naya,
a la Asociación deCabidos del Norte (Asocaidena), al Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric),al
equipo de Comunicación Audiovisual Cric; a Darío Tote, consejero Mayor deKokonuco; a las Comunidades
Afrocolombianas, a la Asociación de Mujeres Afro(Renacer) y los campesinos del
Naya.


Leave a Reply