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Triste alegría. Cuentos

Qué sensación. Había llegado a
pensar que no tenías sentimientos, ¡claro!, como siempre te has portado duro e
insensato… Gracias por mostrarte como estás haciéndolo hoy. No conocía esa
faceta de ti. Diez años de matrimonio, pero ni uno de conocernos; es que uno no
termina de conocer nunca a alguien, dicen por ahí… Bueno, el caso es que hoy
hay que celebrar, pues me has traído rosas, creo que son las más lindas que me
han podido regalar y más lindo es el detalle que has tenido, pues en tus años
de matrimonio no te portaste tan bien como lo haces hoy. Creo que por fin estás
arrepentido y quieres pedirme perdón.

 

¿Qué? ¿Qué dices? Pensé que nunca iba a escucharlo de
ti, que en verdad me dijeras ¡te amo! Entonces sí es el día más grandioso de mi
vida, porque recuerda todas la veces que llegaste a mi regazo con olor a
burdel, reclamando por que la comida estaba fría. ¡Claro! En muchas ocasiones
te esperaba para la cena y, como siempre, no aparecías. Además, acuérdate de
cuando me golpeabas cruel y brutalmente como si fueras un animal en celo y cómo
mi sangre manchaba el tapete. Fueron muchos momentos así, renegabas de mí y yo
trataba siempre de darte lo mejor; despreciabas mis caricias y sólo te
empeñabas en calmar tus ansias de sexo sin importarte si yo quería o no. Mis
padres siempre me dijeron que tú no me convenías; mis amigas, que tú eras un
témpano de hielo, pero eso no me importaba; siempre tuve la ilusión y la
confianza de que a mi lado ibas a cambiar, y mira, hoy lo has hecho.

 

Nunca me dijiste palabras bonitas, pero hoy me las
dices todas. Nunca tomaste la iniciativa de un beso pero, aunque yo ya no
sienta nada, me los das todos. Gracias por cambiar. Era lo que necesitábamos. Ayer
fue el último día en que me golpeaste, o creo que fue el último porque lo
hiciste como nunca, sacaste toda la sangre que podía brotar de mi ser y aun así
te amo, porque veo que tu arrepentimiento es sincero. Te perdono aunque no
podamos compartir nunca más, pues me espera un largo viaje y a ti te esperan
afuera; ojalá te vaya bien. Vete, te coge la tarde, igual yo no tengo afán.
Vete, yo estaré bien. Comparte con mi familia y mis amigos esta despedida. Ah,
antes de partir, diles a nuestros hijos que los amo, que pronto estaré con
ellos. Cuídalos, bésalos por mí.

 

Lamento mucho todo esto pero era lo mejor. Hoy es mi
entierro, ayer terminó todo para los dos, algo que nunca empezó, algo que no
construimos. Después que te fuiste, ya no se me dio nada, pues sabía que hoy
sería mi velorio, comprendería todo lo que nunca fue y lo que ahora eres.
Lástima que yo no pueda hablar más, pues mis palabras no las escuchas. Me
hubiera gustado tu comportamiento si no me hubieras asesinado.

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