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Ajedrez y política. Che: continúa la partida

Ajedrez y política. Che: continúa la partida
Se dice del ajedrez que es una batalla cargada de violencia, inteligencia, arte, intuición y riesgo. Quizá sea algo más. Si queremos hacer una síntesis de algunas definiciones, hemos de acudir a quien vivió intensamente la guerra contra la injusticia en el mundo –destacando sus virtudes estratégicas–, así como luchó sobre los escaques en cuyo ejercicio fue un apasionado competidor. Como nadie, el Che logra una simbiosis de las dos expresiones.

La foto que ilustra este artículo es de una partida de comienzos de los 60 en La Habana. El gran maestro ruso Mijaíl Tal daba unas simultáneas con destacados rivales, dejándoles las blancas. Al llegar al juego medio, el campeón, conocido como rey del sacrificio, tenía leve ventaja posicional, suficiente para consolidar un final favorable ante el Che. Conscientes ambos de la situación, enemigos en lo lúdico pero amigos en la realidad, que comprendían del mismo modo filantrópico, Tal optó por ofrecerle tablas a su competidor. Con gesto adusto, impregnado de la dignidad que le era propia, Guevara rechazó el regalo del ilustre maestro. No podía recibir esta especie de lauro sin merecerlo o, por lo menos, sin resistir y dejar constancia de su entrega. Esa era una gran virtud que siempre exhibió ante cualquier adversidad y que le permitió inscribir su nombre en la historia, asegurando su lugar en la mente y el corazón de quienes con orgullo portan los valores de la dignidad y la justicia.

Entonces la partida continuó y, luego de algunas escaramuzas, cambios de piezas mayores y bloqueo de peones, se llegó a una posición de tablas forzosas, que dejaron satisfechos a los rivales y los aficionados que se agruparon para ver el desenlace.

El Che volvería con sus valores ante un peón ambicioso y protervo, aspirante a erigirse en pieza mayor del tablero político, trasladados a la escena que enfrenta a los poderosos del poder económico, con su reina de imagen inmaculada –construcción de los medios–, que en realidad solapa la vanidad y la arrogancia que genera la riqueza, capaz de desatar violencia, y la fuerza de la insensatez para preservar y aumentar los privilegios del círculo palaciego. Aquí las torres se esgrimen cual tenebrosas armas de masiva destrucción; los agudos alfiles, jerarcas manipuladores del discurso de la fe para mantener la sumisión; los caballos, instrumento de cómplices locales que por pequeñas dádivas venden sus conciencias venales, traicionando al pueblo para someterlo al abyecto designio del insaciable monarca imperial; y donde la macabra estructura se apoya en peones serviles, brutales, inhumanos, que hacen el trabajo sucio, inconscientes muchas veces de su papel pero, en virtud de la distorsión psicológica de sus cerebros, trocados en terribles herramientas de represión; en este particular tablero, en 1967 se realiza una jugada táctica en un escaque geográfico, Bolivia, que permitió definir elementos de la gran partida de la humanidad en su conjunto.

Dignidad ante la cobardía

En avance táctico, el Che y sus hombres son superados en número y apertrechamiento por el enemigo. Herido y agotada la capacidad de resistir, es capturado y, luego, en la más absoluta indefensión, sometido a vejámenes que no mellan la voluntad, el orgullo y la grandeza del hombre armado de ideales para la humanidad. El prócer ve en el combate la ocasión de poner en cierne el valor de pararse ante la injusticia y el abuso, y, si en ese objetivo se pierde la vida, esta será gloriosa ofrenda a la libertad y ejemplo para la humanidad. Al fin y al cabo, el hombre es efímero y perennes los ideales. Los ignaros, prófugos de la virtud, no atinan a entender. Hechos para defender intereses mezquinos, sólo comprenden que se debe acatar la orden de la CIA, desde el bunker donde se asienta el monarca en su enroque inexpugnable, y así, el mandato se sucede por los rangos castrenses hasta llegar a un sargento. Los bárbaros, embriagados de cobardía, son incapaces de enfrentar a un hombre inerme cuando éste se hace invulnerable por la talla de sus ideales, que asume justificantes del sacrificio; un hombre apoyado en la imponente dama que representa la dignidad de los pueblos, y detrás del cual se exhiben portentosas las torres del valor y la justicia. No son capaces de acercársele; menos de mirarlo a los ojos.

Nunca el Che mostró temor o pidió clemencia. Al contrario, altivo y valiente, desafió a sus verdugos con su mirada segura, penetrante; hasta sintió compasión por su pobreza de espíritu, que los convertía en monstruos de causas innobles. Así, un peón envilecido, degradado por la traición de los suyos de origen, borracho y enajenado, acalló la vida de aquel que, como hombre, estaba condenado a morir, pero como mártir estaba llamado a ser eterno. Su vida, fusión de Quijote y Odiseo, Espartaco y Bolívar, se convierte en síntesis y ejemplo de lucha por mejorar las condiciones de todos. Así se inscribe en la memoria popular. Sus inquisidores, en cambio, están marginados en algún oscuro rincón, evocados sólo cuando se requiere citar casos de vergüenza, ignominia y cobardía.

En fin, los bárbaros que esgrimen piezas poderosas contra la humanidad no saben ni intuyen que ante sí hay seres que fungen como peones pero también como reyes. Los pueblos son monarcas de sus propias decisiones, pero asimismo eson laboriosos operarios que construyen propósitos de justicia y libertad. El Che fue pueblo y guía; adalid y obrero. Por eso alcanza especial importancia su mensaje de levantar la bandera de la fraternidad como valor esencial, haciendo a un lado los vestigios de egoísmo, el principal activo de los enemigos del género. En este lado del tablero reina la solidaridad, que es la ternura de los pueblos. Ahí está contenido uno de los más importantes legados que él dejó para la historia.


Léxico básico

Escaque: cada una de las 64 casillas que tiene el tablero de ajedrez.
Juego medio: fase de una partida de ajedrez, a la que se llega superadas las primeras 10 o 12 jugadas, que corresponden a la apertura.
Enroque: jugada mediante la cual el rey pasa a una casilla del mismo color, permitiendo que la torre de su rincón pase al centro;  de esta manera se resguarda del ataque enemigo.

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