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Saber de la medicina ancestral: La ambii uasca en la ciudad

Saber de la medicina ancestral: La ambii uasca en la ciudad

Los taitas que practican la ambii uasca velan por la salud entre su comunidad. Pero con el paso del tiempo, algunos han llegado a las ciudades. Aquí se enfrentan al dilema: caer en manos de los negociantes o proseguir con su servicio a la orden de la comunidad. Eso sí, conservando la tradición y su identidad con la Tierra y las enseñanzas de los abuelos.

Desde abajo –da– . Gracias por atender esta entrevista. En primer lugar, ¿puede decirnos quién es el Taita Víctor?
Víctor Jacanamijoy Jajoy –VJJ-. Pertenezco al pueblo inga y la cultura de la ambii uasca de la cuenca amazónica. En Bogotá, practico la toma de yagé. Antes de ser bachiller, ya era médico, viajaba mucho -como nuestro pueblo, que salió por la violencia del Valle del Sibundoy-. Viajando, aprendí a reconocer enfermedades y qué planta sirve para curar.
Estuve en la ONIC en el período 1986-1990, que finalizó con la Asamblea Constituyente y la primera elección de representantes de pueblo indígenas. Trabajé con el senador Gabriel Mujui. En 1986, promoví el cabildo inga de Bogotá, con jurisdicción en toda la ciudad y reconocida en 1993.

da. En sus comunicades a ustedes los inducen desde su infancia a la aiauaska (toma de yagé). ¿Pero, en qué momento decide su promoción como sanación y más en la ciudad?
VJJ. Aprendí de los mayores, tanto las curaciones como cuidar la Tierra. Cuidar la Tierra es una enseñanza bonita de los abuelos; significa sembrar alimentos y medicamentos. Además, todo indígena tiene que aprender a hacer el taspuy (acto de sembrar), lo que significa vida. Otra enseñanza es chudurmucuy, práctica común entre diferentes comunidades que, en el caso inga, consiste en masticar la semilla del cumduy, que es a la vez alimento y medicamento. También está el taky (acto de cantar). Limpiar internamente se hace con yagé y externamente por medio del canto y la música. Todo indígena tiene que tocar algún instrumento porque somos música, y a la vida le gusta que le hagan música.

da. ¿En qué consiste el ritual de sanación y toma del yagé?
VJJ. La gente se queda hasta el amanecer, se canta y se prende una fogata para equilibrar el calor, se hace sahumerio. Iniciamos con el taky, que son cantos ceremoniales. Toda persona de nuestros pueblos debe aprender a cantar. El taky tiene que ver con nuestras vidas; sirve para armonizar al ser humano con la naturaleza. Después se hace el acto del chiní, que consiste en ortigarse el cuerpo para activar el sistema circulatorio. A la vez, está muiurry, el acto de danzar como armonía y equilibrio.
Para nosotros, el concepto de vida es el ser humano pero también todo cuanto nos rodea: el agua, los animales, las plantas; tienen que ver con el equilibrio del planeta. Nosotros hablamos de un concepto de vida mucho más amplio. La vida y la salud van juntas; no puedes estar bien de salud si el cuerpo está contaminado. Eso nos lleva a señalar que la enseñanza de los derechos humanos está muy limitada, habla de la defensa de la vida pero la del ser humano. Eso es una gran equivocación. Para nuestros pueblos indígenas tiene que ver con todo lo que nos rodea.

da. Eso significa que la necesidad de una salud plena implica la conservación del medio ambiente. ¿Cuáles son las dificultades que usted encuentra?
VJJ. Todos sabemos mínimamente la importancia del tema del medio ambiente y el peligro de la posibilidad de crear la mayor catástrofe por la intervención de la mano del hombre. Nuestro pueblo, que ve en la tomas ambii uasca un despertar de la conciencia, lucha contra toda privatización y por la defensa de la Madre Tierra, que es fundamental. Sobre todo por la última manchita verde que le queda al planeta, llamada Cuenca Amazónica.
Fíjese, por ejemplo, desde 1994, en la Cumbre de Rio, se creó la Agenda 21 sobre tratamiento de los territorios indígenas. Sin embargo, después de todas estas olas de privatización y venta, apenas ahora se les habla a los pueblos. Eso debió hacerse hace rato.

da. La medicina convencional está hoy día en competencia con otras formas de prevenir y curar. ¿Es el yagé medicina alternativa?
VJJ. Todavía existe el pensamiento colonizador que busca avasallar. Seguimos pensando como conquistadores. Entiendo por lo alternativo una cosa de término medio para algo que es más bien un entero. Un intermedio, es decir, si no puede con esto, vaya donde el indio. El yagé tiene su ciencia y conocimiento; somos capaces de curar con voluntad, paciencia y persistencia. Es el lenguaje de nuestros pueblos y de la naturaleza que no está escrito, no se puede leer, y es ante todo una cosa vivencial.
Somos muchos los ingas, cofanes, sionas, kanzá que queremos ayudar al hombre de la ciudad, para enseñar, no importa tu carrera, que tienes un compromiso con la Tierra. El supuesto hombre civilizado cree que es el único que tiene derecho a la Tierra, y no ve que es este planeta donde vivimos. La Tierra no es un bien negociable. Creer que la Tierra, como todas las demás cosas, se puede negociar, es una gran equivocación. Nosotros nos oponemos a eso.

da. A su juicio, ¿qué está pasando en la ciudad con la salud de las personas?
VJJ. En primer lugar, la ciudad consume demasiado; por ejemplo, agua y alimentos en mucha cantidad, y el país no está reinvirtiendo en las regiones. Es necesario retribuir en el cuidado de la naturaleza. También hay una gran necesidad, los hospitales o centros de salud, que no dan abasto. El sistema de salud tiene muchas trabas que van desde el impedimento por el vigilante en la puerta hasta estar o no afiliado a una EPS. Eso no es un servicio integral. Por estas dificultades, la gente sale a buscar otros medios. El problema de la medicina, incluso la homeópata, es que se dedican a recetar las fórmulas que los grandes monopolios de las multinacionales les imponen, medicamentos que benefician el gran comercio. En el yagé, cada paciente tiene su remedio y su dosis. Es curioso pero encontramos casos en que llegan personas con diferentes enfermedades consumiendo las mismas fórmulas, la misma medicina para distintas dolencias.
Para nosotros sí importa el otro, y por tanto siempre es asistido. En nuestros pueblos, cuando una persona se enferma, es de suma emergencia. La salud para el pueblo indígena es de 24 horas. Tienes que atender inmediatamente. No puedes decir “venga mañana o en tal horario”.

da. Puede que el yagé ayude a sanar enfermedades, pero ¿está exento de convertirse en un negocio?
VJJ. El yagé ha curado hasta desahuciados, y por eso es bueno y la gente de la ciudad ve esto como rentable y quieren comercializarlo. Choca con el principio fundamental de prestar servicio a la humanidad. En la ciudad, la gente busca su lucro, olvida que el acto de yagé remite a la Tierra, no solamente a servirlo como medicamento sino también a relacionarse con la Tierra a cultivarlo, y a las prácticas de taky, chiní, ambiiuasca, cumdurmucuy, que son parte de nuestra identidad y tradición ancestral.
Quien sirve debe tomar, es decir, el taita, que significa hombre de conocimiento, un sanador. Muchos de los que se lucran no conocen a los taitas ni siembran. El yagé no se remite a la toma. Tenemos una chagra medicinal que cultivamos cuando podemos con toda mi familia. Además de preparar el remedio, tienes que ir a tomar con los abuelos.

da. ¿Existe una regulación legal, actual, de esta medicina, y qué necesidades tienen para prestar un mejor servicio?
VJJ. Hasta ahora, cada quien en su casa ha venido practicando en una forma, dijéramos, semiclandestina. Es posible que a raíz de las muertes relacionadas con el yagé se endurezca la persecución colonizadora de nuestro saber. Todavía la Iglesia y la Escuela ven esto como una cosa de magia, satanismo o brujería. Tener un espacio fue mi sueño, pero vivo en zozobra porque a otra gente que práctica sanación le han cerrado las puertas. No es obligatorio para nosotros un título, a partir del reconocimiento que hace la Resolución 5078 de 1992, al considerar la medicina indígena como una tradición, costumbre e identidad. Nosotros preguntamos: ¿Qué pueden enseñarnos las universidades sobre este saber ancestral? La medicina indígena ya ha existido, antes que llegaran los barbados y bárbaros colonizadores; los tambos y las malokas ya existían. No se trata de reconocer sino que le den vía libre a esto. ¿Por qué las instituciones no nos dan un espacio para la medicina indígena? No quiero trabajo, tampoco ir a un hospital, porque eso es para malos entendidos. En síntesis, ¿cómo hacemos para que esta medicina también sea pública?
Desde abajo –da– . Gracias por atender esta entrevista. En primer lugar, ¿puede decirnos quién es el Taita Víctor?
Víctor Jacanamijoy Jajoy –VJJ-. Pertenezco al pueblo inga y la cultura de la ambii uasca de la cuenca amazónica. En Bogotá, practico la toma de yagé. Antes de ser bachiller, ya era médico, viajaba mucho -como nuestro pueblo, que salió por la violencia del Valle del Sibundoy-. Viajando, aprendí a reconocer enfermedades y qué planta sirve para curar.
Estuve en la ONIC en el período 1986-1990, que finalizó con la Asamblea Constituyente y la primera elección de representantes de pueblo indígenas. Trabajé con el senador Gabriel Mujui. En 1986, promoví el cabildo inga de Bogotá, con jurisdicción en toda la ciudad y reconocida en 1993.

da. En sus comunicades a ustedes los inducen desde su infancia a la aiauaska (toma de yagé). ¿Pero, en qué momento decide su promoción como sanación y más en la ciudad?
VJJ. Aprendí de los mayores, tanto las curaciones como cuidar la Tierra. Cuidar la Tierra es una enseñanza bonita de los abuelos; significa sembrar alimentos y medicamentos. Además, todo indígena tiene que aprender a hacer el taspuy (acto de sembrar), lo que significa vida. Otra enseñanza es chudurmucuy, práctica común entre diferentes comunidades que, en el caso inga, consiste en masticar la semilla del cumduy, que es a la vez alimento y medicamento. También está el taky (acto de cantar). Limpiar internamente se hace con yagé y externamente por medio del canto y la música. Todo indígena tiene que tocar algún instrumento porque somos música, y a la vida le gusta que le hagan música.

da. ¿En qué consiste el ritual de sanación y toma del yagé?
VJJ. La gente se queda hasta el amanecer, se canta y se prende una fogata para equilibrar el calor, se hace sahumerio. Iniciamos con el taky, que son cantos ceremoniales. Toda persona de nuestros pueblos debe aprender a cantar. El taky tiene que ver con nuestras vidas; sirve para armonizar al ser humano con la naturaleza. Después se hace el acto del chiní, que consiste en ortigarse el cuerpo para activar el sistema circulatorio. A la vez, está muiurry, el acto de danzar como armonía y equilibrio.
Para nosotros, el concepto de vida es el ser humano pero también todo cuanto nos rodea: el agua, los animales, las plantas; tienen que ver con el equilibrio del planeta. Nosotros hablamos de un concepto de vida mucho más amplio. La vida y la salud van juntas; no puedes estar bien de salud si el cuerpo está contaminado. Eso nos lleva a señalar que la enseñanza de los derechos humanos está muy limitada, habla de la defensa de la vida pero la del ser humano. Eso es una gran equivocación. Para nuestros pueblos indígenas tiene que ver con todo lo que nos rodea.

da. Eso significa que la necesidad de una salud plena implica la conservación del medio ambiente. ¿Cuáles son las dificultades que usted encuentra?
VJJ. Todos sabemos mínimamente la importancia del tema del medio ambiente y el peligro de la posibilidad de crear la mayor catástrofe por la intervención de la mano del hombre. Nuestro pueblo, que ve en la tomas ambii uasca un despertar de la conciencia, lucha contra toda privatización y por la defensa de la Madre Tierra, que es fundamental. Sobre todo por la última manchita verde que le queda al planeta, llamada Cuenca Amazónica.
Fíjese, por ejemplo, desde 1994, en la Cumbre de Rio, se creó la Agenda 21 sobre tratamiento de los territorios indígenas. Sin embargo, después de todas estas olas de privatización y venta, apenas ahora se les habla a los pueblos. Eso debió hacerse hace rato.

da. La medicina convencional está hoy día en competencia con otras formas de prevenir y curar. ¿Es el yagé medicina alternativa?
VJJ. Todavía existe el pensamiento colonizador que busca avasallar. Seguimos pensando como conquistadores. Entiendo por lo alternativo una cosa de término medio para algo que es más bien un entero. Un intermedio, es decir, si no puede con esto, vaya donde el indio. El yagé tiene su ciencia y conocimiento; somos capaces de curar con voluntad, paciencia y persistencia. Es el lenguaje de nuestros pueblos y de la naturaleza que no está escrito, no se puede leer, y es ante todo una cosa vivencial.
Somos muchos los ingas, cofanes, sionas, kanzá que queremos ayudar al hombre de la ciudad, para enseñar, no importa tu carrera, que tienes un compromiso con la Tierra. El supuesto hombre civilizado cree que es el único que tiene derecho a la Tierra, y no ve que es este planeta donde vivimos. La Tierra no es un bien negociable. Creer que la Tierra, como todas las demás cosas, se puede negociar, es una gran equivocación. Nosotros nos oponemos a eso.

da. A su juicio, ¿qué está pasando en la ciudad con la salud de las personas?
VJJ. En primer lugar, la ciudad consume demasiado; por ejemplo, agua y alimentos en mucha cantidad, y el país no está reinvirtiendo en las regiones. Es necesario retribuir en el cuidado de la naturaleza. También hay una gran necesidad, los hospitales o centros de salud, que no dan abasto. El sistema de salud tiene muchas trabas que van desde el impedimento por el vigilante en la puerta hasta estar o no afiliado a una EPS. Eso no es un servicio integral. Por estas dificultades, la gente sale a buscar otros medios. El problema de la medicina, incluso la homeópata, es que se dedican a recetar las fórmulas que los grandes monopolios de las multinacionales les imponen, medicamentos que benefician el gran comercio. En el yagé, cada paciente tiene su remedio y su dosis. Es curioso pero encontramos casos en que llegan personas con diferentes enfermedades consumiendo las mismas fórmulas, la misma medicina para distintas dolencias.
Para nosotros sí importa el otro, y por tanto siempre es asistido. En nuestros pueblos, cuando una persona se enferma, es de suma emergencia. La salud para el pueblo indígena es de 24 horas. Tienes que atender inmediatamente. No puedes decir “venga mañana o en tal horario”.

da. Puede que el yagé ayude a sanar enfermedades, pero ¿está exento de convertirse en un negocio?
VJJ. El yagé ha curado hasta desahuciados, y por eso es bueno y la gente de la ciudad ve esto como rentable y quieren comercializarlo. Choca con el principio fundamental de prestar servicio a la humanidad. En la ciudad, la gente busca su lucro, olvida que el acto de yagé remite a la Tierra, no solamente a servirlo como medicamento sino también a relacionarse con la Tierra a cultivarlo, y a las prácticas de taky, chiní, ambiiuasca, cumdurmucuy, que son parte de nuestra identidad y tradición ancestral.
Quien sirve debe tomar, es decir, el taita, que significa hombre de conocimiento, un sanador. Muchos de los que se lucran no conocen a los taitas ni siembran. El yagé no se remite a la toma. Tenemos una chagra medicinal que cultivamos cuando podemos con toda mi familia. Además de preparar el remedio, tienes que ir a tomar con los abuelos.

da. ¿Existe una regulación legal, actual, de esta medicina, y qué necesidades tienen para prestar un mejor servicio?
VJJ. Hasta ahora, cada quien en su casa ha venido practicando en una forma, dijéramos, semiclandestina. Es posible que a raíz de las muertes relacionadas con el yagé se endurezca la persecución colonizadora de nuestro saber. Todavía la Iglesia y la Escuela ven esto como una cosa de magia, satanismo o brujería. Tener un espacio fue mi sueño, pero vivo en zozobra porque a otra gente que práctica sanación le han cerrado las puertas. No es obligatorio para nosotros un título, a partir del reconocimiento que hace la Resolución 5078 de 1992, al considerar la medicina indígena como una tradición, costumbre e identidad. Nosotros preguntamos: ¿Qué pueden enseñarnos las universidades sobre este saber ancestral? La medicina indígena ya ha existido, antes que llegaran los barbados y bárbaros colonizadores; los tambos y las malokas ya existían. No se trata de reconocer sino que le den vía libre a esto. ¿Por qué las instituciones no nos dan un espacio para la medicina indígena? No quiero trabajo, tampoco ir a un hospital, porque eso es para malos entendidos. En síntesis, ¿cómo hacemos para que esta medicina también sea pública?

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