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¡A la vida le daremos todo!

“Contra toda norma cultural y legal, el paralítico fue curado en sábado.
El hombre fue a decir a las autoridades que era Jesús quien lo había hecho.
Por eso los amos del poder atacaban a Jesús,
porque quebrantaba la ley del sábado
y le daba la primacía a la salud de un hombre enfermo”
(Juan 5, 1 – 18)

Al leer ese relato evangélico uno se encuentra una vez más con actitudes y comportamientos seductores de Jesús de Nazaret. Otra vez aparece tocando a un enfermo, en sábado, contra las normas cultuales y sociales, aún sabiéndose juzgado de irreverente frente a la ley. Su solidaridad con los quebrantados y humillados va más allá de los imperativos legales: esta vez se compadece del enfermo y lo devuelve a la vida. En todo el relato brillan claras unas posturas frente a las personas que denotan cansancio, soledad, opresión, limitación, tristeza o enfermedad:

1) Jesús se compadece hasta el extremo, asumiendo los riesgos de saberse juzgado por una cultura rígida y calculadora; en efecto, rompe los preceptos del sábado y rompe con el sábado mismo para dar la primacía a la persona del enfermo que está solo y que clama, en su soledad,  por una mano compadecida. Jesús se aproxima al enfermo y lo empuja hacia las aguas sanadoras. Con ello Jesús corre nuevos riesgos, aún de muerte, pues ¡los que tocan la ley y las costumbres deben morir!

2) Jesús actúa con misericordia frente al que está débil y solo; para ello confronta a la cultura consigo misma y con sus fríos mandatos. Constatada la impiedad de la norma social, avanza hacia el existente concreto, herido, agobiado y sin esperanzas, carne de dolor y espíritu humillado. A todo trance quiere levantarlo de su triste condición postrada. Esta vez se trata de un enfermo de parálisis que lleva 38 años esperando entrar en el esporádico flujo de las aguas sanadoras de Bezatá o “aguas de misericorida”, cerca de Jerusalén. Como el hombre no puede moverse por sí mismo, no logra nunca llegar en los pocos segundos que dura el brote sanador de la fuente. Entonces lleva más de media vida esperando una mano solidaria.

3) Jesús toca al hombre y lo pone en movimiento. Eso impresiona siempre. A quien Jesús toca, lo pone a caminar, lo invita a remover la huella y la memoria del dolor cuando éste se ha convertido en razón para mantenerse inmóvil: “coge tu camilla y levántate” significa, en el caso de un ser humano paralizado por las muchas y largas cadenas, algo así como un mandato de moverse y romper las anclas que por tanto tiempo le han amarrado a la inmovilidad y al pasado, un darle nueva confianza para que se atreva a intentar transformar las condiciones que le han mantenido en la impotencia.
4) Y finalmente, lo remite de nuevo a la vida. El hombre lastimado por el pasado se ha reducido a la quietud resignada. El milagro más audaz y claro de Jesús es tocar a un hombre herido por la sociedad y por su experiencia vital, ponerlo a creer de nuevo en sí mismo y en su potencial, remitirlo convencidamente a la vida y ponerlo en movimiento de retorno a sí mismo. La resignación es el cáncer de los individuos, de los pueblos y de las sociedades que olvidan su pasado y se acostumbran a cargar cadenas como si ése fuera un mandato imperioso e ineludible del destino o de los dioses. El hombre llevaba 38 años de resignación, esperando el milagro curador de un agua mágica, esperando la compasión que lo olvidaba, él se había vuelto parte del paisaje triste junto a la piscina mágica. Hacía falta una presencia, y una voz, y una claridad milagrosa que lo pusiesen de nuevo en camino hacia sí mismo, que lo hicieran capaz de reencontrar el potencial sanador que se le había silenciado en su memoria domesticada.

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Con su actitud, Jesús dibuja los perfiles de la solidaridad que se pone de parte de la vida: 1) Da la primacía a la persona o al grupo humano que padecen cualquier forma de opresión y de empobrecimiento; 2) Relativiza la norma, el derecho, la costumbre, el rito y los mandatos de la cultura dominante; siempre estará el sábado al servicio del ser humano concreto; nunca al revés; 3) Pone al ser humano históricamente herido, lastimado, vulnerado en sus derechos y en su dignidad, en camino de retorno a sí mismo: conciencia despierta, nueva lucidez crítica de lo que ha sido la historia y de lo que puede y debe seguir siendo; 4) Remite a la vida al ser humano a quien la vida, la vida en sentido integral, la vida con dignidad le ha sido negada; 5) Se enciende para nuestros pueblos, creyentes y oprimidos, una nueva luz sobre la manera de construir historia y de hacer solidaridad: ¡a la vida darle todo!, a la muerte y a los actores y perpetuadores de sistemas de muerte ¡no dejarles nada! 


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