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Entre asombros y mimetismos

Falsos partes militares. Agrosubsidios. Cómplices de Nule. Chuzadas del Das. Impunidad con el agro-banca-paramilitarismo. etc., etc. No dejan de sorprender, por muy conocidas que fueran, las noticias que informan sobre acciones del alto gobierno 2002-2010. No es para menos. “Falsa desmovilización de bloques paramilitares”, “Falsa desmovilización de frentes guerrilleros”, “Siguen vivos guerrilleros presentados como muertos en combate”. Esta es una parte de las falsedades presentadas como triunfos de un gobierno de ‘éxitos. La otra, viene acompañada de la mano de la corrupción y la apropiación por manos privadas de los diferentes entes y el erario.

El caso de los Nule –favorecidos en sus continuas contrataciones por padrinos del alto gobierno– es el más conocido por estos días. Pero no es el peor. Como fue notorio, la usurpación de millones de hectáreas a millones de campesinos estuvo favorecida por los legalizadores de tal robo. Una protección que también provino de políticos asentados en el gabinete y el alto poder uribista. Dos muestras de que la falsedad es una parte de la cotidianidad del poder tradicional, como señala la ciencia política. Una conclusión a la que también llega la sociedad en general –la que no asiste a las aulas universitarias– luego de padecer y constatar, gobierno tras gobierno, el incumplimiento de sus promesas electorales, y de ver cómo enriquecen sus bolsillos los “servidores públicos”. Y aunque esta deformación delictuosa es una constante de la historia nacional, debemos enfatizar que en el periodo 2002-2010 tomó más fuerza.

De la mano de la falsedad, la manipulación y la violación constitucional y desinstitucionalización a favor del poder (narco, terrateniente, paramilitar) en ascenso,  se dio al traste con la ambigua y poca conquista de institucionalidad sin plena inclusión que tenía el país a partir de la coyuntura 1989-1991. Las chuzadas del DAS, las presiones sobre los magistrados para que no tomaran decisiones sin la complacencia del Ejecutivo de entonces, el matrimonio entre altos funcionarios públicos y paramilitares, los votos multiplicados por doquier, la compra de conciencia en el Congreso para garantizar ciertas votaciones, las maniobras y operaciones militares más allá de las fronteras nacionales justificadas –nadie lo puede negar ahora– con más mentiras o control mediático, que todo esto y mucho más hace parte del mismo escenario con auspicio desde el alto gobierno.

Repitamos. Todo esto era conocido. Circulaba bajo murmullos o incluso tenía resistencia y denuncia a gritos con amenaza, cárcel o muerte. No fueron pocos quienes pagaron con su exilio o con la vida el atreverse a no callar.

Ahora, llama la atención que de los sucesos de la podredumbre de una institucionalidad privatizada por los negociantes de toda la vida –asociados por conveniencia con advenedizos potenciados y provenientes del narcotráfico–, del desarrollo y conocimiento de todos estos sucesos se quiera excluir al actual mandatario nacional. Increíble. De pronto: virginal, sacrosanto, impertérrito, Juan Manuel Santos aparece como progresista, hombre de “paz”, reconciliador. Con renuncia al dolor de miles de víctimas, a la memoria y a la verdad, así lo protegen y defienden todos aquellos voceros y líderes de procesos sociales alternativos que, en un vuelco de ahora, han acordado alianzas con el gobierno de la “unidad nacional”. Cooptación es poco. “No hay peor ciego que aquel que no quiere ver”.

Las sombras del pasado

Como no se puede olvidar ni pasar por alto, Juan Manuel Santos fue Ministro de Defensa del pasado gobierno, y durante su administración sucedieron los “falsos positivos” de miles de compatriotas, ciudadanos desprevenidos, asesinados por las armas de la República para acrecentar los ‘éxitos’ en combate. Los ascensos, las recompensas, y los emolumentos económicos hacían de aceite para sincronizar la máquina de guerra.

Provocador, en busca de ínfulas y mérito de ‘suplente’ de uribe, sin respeto ni llamada al gobierno vecino y ‘coordinación’ con su mando militar, bajo su ejercicio al frente de las fuerzas armadas también se ejecutó el ataque, en territorio ecuatoriano, contra el campamento de Raúl Reyes y se planifico una campaña de posibles ataques contra el territorio venezolano, ante lo cual, el actual mandatario sacó y saca pecho. Ayer, defendida como operación “ciento por ciento nacional”, hoy, al conocer sus pormenores queda en evidencia la maginitud del control y determinación que sobre las fuerzas armadas ‘nacionales’ ejerce el alto mando de los Estados Unidos. Y el sometimiento a una fuerza extranjera no para ahí, y la complacencia con tal situación tampoco tiene límites.

Asimismo, hoy también se devela que “los grandes exitos” de la intelegencia militar como la Operación Jaque no fueron más que negociaciones del gobierno estadounidense con mandos medios de la guerrilla para la liberación de sus connacionales.

Por tanto, no es casual que bajo la dirección ministerial del ahora Presidente se acordó la multiplicación de la presencia del ejército de los Estados Unidos en nuestro país a través de entregarle, para que operaran con total libertad, nuestras más importantes bases militares y aeropuertos internacionales. Esta es parte de la historia reciente. Pero la más pretérita tampoco deja mucho que desear.

Al actual mandatario debemos, como ministro de Hacienda del gobierno Pastrana, la operatividad de los acuerdos Stand by con el Fondo Monetario Internacional, haciendo realidad la ley de transferencias (ley 715/01), la cual marchitó la descentralización municipal que aprobaron los constituyentes en 1991. Como consecuencia, inició el proceso de ruina de la educación pública y el ahogamiento –ya venía en proceso– de la salud pública; con reforma antipopular de las pensiones. También, creó el ahora conocido tributo del 4xmil (recuérdese que arrancó como 2xmil) y puso en marcha la costosa reforma tributaria de entonces. Es decir, la visión económica y social neoliberal del ahora Presidente no queda en duda.

Tampoco su total identidad con la política de Seguridad Democrática, y la “guerra preventiva” potenciada por Bush. En cuanto a sus actuaciones políticas, ¿hay olvido de su amistad y coordinación con el embajador Myles Frechette en el papel de instigador central de un intento de golpe al gobierno de Ernesto Samper? ¿Y de su condición itinerante por los gobiernos de diferente signo como prueba de su oportunismo? Con las manos en la masa, ante el delito de perfidia del que se pudo acusar al gobierno colombiano por el uso indebido e ilegal de las insignias de la Cruz Roja ¿acaso no se decía que simbolizaba y era la distinción característica en el actuar del entonces ministro de defensa? Entonces… ¿de dónde acá que el pasado desaparece?

¿De dónde acá que ética y política no deban caminar juntas? ¿De dónde acá que el pragmatismo también sea el camino que la corriente impone en el interior de la acción social y de reivindicación de justicia para las fuerzas alternativas? Cómo no preguntar a fondo y entender qué es lo que se esconde detrás de la pausa en el estilo agresivo y camorrista del anterior mandatario.

Una pausa cuyas raíces tienen que ver, paradójicamente, con el paso hacía la consolidación del modelo latifundista de plantación que se abre paso a sangre y fuego en el país y que se aceleró en los dos gobiernos de Uribe, y cuyo avance y consolidación no es posible sin que la comunidad internacional ‘legitime’ la propiedad del capital y de la tierra que sobrevino. De este modo, el llamado proceso de formalización de la economía en el que está inscrita la devolución de tierras, por ejemplo, no es más que un intento de lavado de cara de una tenencia de la propiedad que hoy urge presentar en sociedad y bancos del gran circuito del capital internacional. Proyectos como el de la producción de plantaciones de gran escala en el Vichada, son impensables si los capitales que allí tienen el plan de aterrizar no están seguros de que no serán cuestionados por organizaciones internacionales de  derechos humanos. En el mismo sentido, los procesos de privatización siguen su curso.

Ahora le toca el turno a la educación superior, con la propuesta de cederle espacios de inversión al capital nacional e internacional al interior del cuerpo de la universiades oficiales. La aceptación pasiva del país como espacio primario-exportador sigue sin moverse un ápice ¿por qué entonces, desgastarnos sobre la diferencia de estilos con los gobiernos anteriores? De lo que se debe tomar nota es del resurgir de los movimientos populares en el mundo y actuar en consecuencia. Es decir, sobre la base de unas metas claras que nos conduzcan por fin hacía una sociedad más justa y verdaderamente participativa.

Por tanto y por todo esto, asombra la capacidad mimética y utilitarista que reina entre los actores de la política tradicional, ahora afanados por ‘unir’ la nación con capacidad de embrujo con sectores ajenos. Conscientes de esta realidad, conocedores de la participación del actual gobernante en la definición y operativización de muchas de las más importantes agendas políticas que sumen al país en la injusticia, la desigualdad, la violación de derechos humanos, y la guerra, asumimos que con tanto dolor y deuda del poder, la opción para las fuerzas alternativas no puede ser la alianza con el Ejecutivo.

Por el contrario, el camino al frente es nítido: 1. Crear procesos para la coordinación de las tareas y sus agendas alternativas. 2. Izar un programa por la reorientación de la economía nacional, por vía propia, con un sendero que lleve a la paz en el corto plazo. 3. A la par, reclamar (rescatar) el ejercicio pleno de la soberanía nacional.

Sin caer en inmediatismos, debemos actuar conscientes que es la hora de los movimientos sociales y de no opacar su luz.

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