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Con la crisis sistémica, “Vamos hacia regímenes cada vez más autoritarios”*

Con la crisis sistémica, “Vamos hacia regímenes cada vez más autoritarios”*

Hasta ahora, en las conferencias que me antecedieron, se habló del mundo que hay. Yo les hablaré del mundo que queremos que haiga, cómo dicen en mi tierra los campesinos. Hablaré de dos cosas: primero, lo que son los movimientos, el escenario global que tenemos desde hace 10 años, y, segundo, lo que parece que nos afectará a quienes hacemos acción colectiva o lucha social.

El escenario que nos toca ante una múltiple crisis

Estamos en la transición de un mundo unipolar a uno multipolar, en que a la hegemonía estadounidense le va a suceder muy probablemente no una hegemonía única, como hasta ahora, en los últimos cinco siglos, sino un mundo multipolar. Estamos en la transición de una hegemonía de Occidente a la de Oriente, transición muy pesada que nunca antes habíamos tenido.

El centro del mundo occidental dejó de serlo en lo económico, pero también dejará de serlo en otros terrenos, donde el centro también se trasladará a Oriente. Es el cambio de una potencia inimaginable. Nos cuesta pensar cómo sería la cultura hegemónica oriental en nuestras vidas, cómo influiría. Sabemos cómo han influido culturalmente las hegemonías española y portuguesa, la inglesa, británica o francesa en otras partes, y la de Estados Unidos aún la vivimos cultural y políticamente, pero no imaginamos como sería en nuestra realidad una de Oriente.

Eso desafía la imaginación. Quizás estamos en lo que sea el fin del capitalismo, según Wallerstein, al cual puede sucederle un mundo algo mejor que éste, pero también puede ser un mundo peor, lo cual no significa que el capitalismo sea bueno. Además, están en curso las crisis energética y ambiental. No solemos hablar de lo que serán las crisis sanitarias, las pandemias, epidemias que nos afectarán tal vez en los próximos 50 o 100 años, con nuevos virus y nuevas enfermedades, para las cuales la AH1N1 y el sida sean sólo esbozos de lo que puede llegar a suceder.

Estamos ante una multiplicidad de crisis. Desde la óptica de los movimientos sociales, hay contradicción entre lo interestatal, entre el tránsito de un mundo unipolar a uno multipolar, o sea, la existencia de países y regiones emergentes. Un mundo unipolar representa una dominación mucho más cerrada, firme, estable, y un mundo multipolar es uno de más desequilibrio, más inestabilidades, es una ventana para los de abajo, para los movimientos populares, un mundo donde los diferentes polos compiten. Así se abren más inestabilidades para la dominación.

Pero el tránsito del mundo uni al multi es también contradictorio con la lucha de los movimientos sociales por la emancipación. Está bien que surja la Unasur, Brasil como potencia regional, que se desplace la hegemonía norteamericana, pero eso no indica que con una hegemonía de otro tipo vayamos a estar mejor desde el punto de vista de lo popular.

Y aparecen otras contradicciones, claras en las revueltas de Oriente Medio, en la Primavera Árabe. Los pueblos tienen derecho a luchar por su libertad, pero esa lucha será aprovechada por otros para ganar, caso de Libia. Creo legítimo que un pueblo luche por su libertad y, visto de otro lado, que caiga el régimen sirio, régimen represivo, genocida, que beneficia a Israel y Estados Unidos. ¿Significa eso no movilizarse contra el régimen sirio, contra esa dictadura? Son contradicciones.

Hay otros casos. Lo que sucede en Grecia, España, Islandia y otros países europeos, la lucha de esos pueblos contra los ajustes que están haciendo los gobiernos, debilita al euro y la Unión Europea. Entonces, ¿no movilizarse contra la pérdida de derechos sociales y económicos?
Todo esto que ocurre ahora nos reafirma en que la contradicción entre la emancipación y la lógica interestatal es inevitable, contradicción que nos acompañará todo este tiempo. Es evidente que es mejor que esté Evo y no los gobiernos neoliberales, pero la gente se moviliza porque Evo quiere un proyecto modernista y hacer carreteras para facilitar el tránsito de mercancía de la burguesía paulista a China. Entonces ahí hay contradicciones por discutir.

En los próximos tiempos son inevitables escenarios múltiples de guerra, que van escalando. Ahora hay dos frentes: Iraq y Paquistán-Afganistán, y se están preparando nuevos frentes, y creo que el escenario de guerra es inevitable. Hay varios proyectos de la clase dominante y ninguno es declarado; una habilidad de las élites dominantes es que no tienen un solo proyecto, y los diversos proyectos que compiten entre sí dentro del propio imperialismo no son explícitos.

Las democracias van a ir restringiéndose y desapareciendo, como escenario real. Vamos hacia regímenes cada vez más autoritarios en que la política de conquista, lo que Harvey llama apropiación por desposesión o por despojo, irá in crecendo, y creo que es la única receta de fondo que tiene claro el capital anglosajón, núcleo del capital imperialista, para sostenerse en el timón. En tales escenarios de guerra, de no democracia, de utilización de bandas armadas y paramilitares, de amenazas para quienes cuestionan, para las disidencias, creo que vamos a movernos.

Ustedes los colombianos ya tienen cierta experiencia en eso, como de 60 años, desde el gaitanazo, Vivir bajo situaciones enormemente conflictivas en las cuales no hay dos sino múltiples frentes, y creo que el espejo mexicano actual es un ejemplo del escenario en que vamos a tener que movernos. Hace unos meses, el sub Marcos decía que la guerra era para destruir el tejido social mexicano; entre otras cosas, es para eso: una forma de acumulación, de destruir el tejido social sobre el cual, y sólo sobre el cual, podemos construir movimientos sociales. Si no hay tejido social ni vínculos interpersonales, no podemos construir movimientos; si hay miedo, la fuerza más paralizante, se rompe el tejido y no surgen los movimientos.

Por supuesto que las clases dominantes lo tienen claro; tienen centros de estudio dedicados a esto desde hace tiempo y saben inculcar miedo, y el miedo paraliza, impide que nos organicemos y nos movilicemos. Y esta crisis, que nos producirán dolor y sufrimiento y nos llevará a situaciones realmente angustiosas, también es una posibilidad, una oportunidad para cambiar el mundo.

Repitiendo a Marx: sin crisis, sería imposible modificar lo que hay delante de nosotros. ¿Puede la actividad colectiva de los de abajo, lo que llamamos movimiento popular o movimiento social, crear un mundo nuevo en tales circunstancias? La respuesta no es fácil porque los de arriba están usando el terror para impedir y no sabemos qué hacer.

Vivimos la mayor concentración de poder de la historia. Eso que dice el movimiento Ocupar Wall Street (“Somos el 99 por ciento frente al 1 por ciento”). El 1 por ciento son 70 millones, un poco más tal vez, que manejan hilos importantes en lo financiero y económico, las principales multinacionales, ejércitos, complejo intelectual-militar-industrial. Nos tienen estudiados. En el último medio siglo se invirtió la lupa. Antes sabíamos quiénes eran los ricos, con nombres y apellidos. Hoy se han opacado, se han hecho opacar para no estar en el ojo de los de abajo.

Ese 1 por ciento juega con las divisiones del 99 por ciento, porque no es una mayoría unificada o que al menos tenga los mismos intereses o formas de ver el mundo o las mismas inquietudes. Tenemos una enorme cantidad de divisiones. Hay una parte grande de ese 99 por ciento que tiende a la pasividad o la inercia. Además, hay intereses contradictorios. Una parte de ese 99 por ciento, más de la mitad quizá, se sume en la extrema pobreza y es objeto de políticas sociales, sobre todo de gobiernos progresistas, que buscando consolidarse evitan la conflictividad social.

Pero hay un tipo de intereses diversos y complicidades. Un personal técnico de capas medias que aspiran, desean, pueden, quieren mantenerse o ascender socialmente. Pero también hay la ilusión de que institucionalmente podemos mejorar, cambiar las cosas, que divide. Objetivamente, hay una parte de ese 99 por ciento que razonablemente opta por jugarse en lo institucional: también lo no institucional es problema: una parte de ese 99 por ciento, sobre todo en los movimientos sociales, apuesta a lo no institucional, y también esa forma tiene límites y contradicciones.

Aparte del miedo y la parálisis, también hay políticas reactivas. Lo primero que hacemos frente a la agresión del poder es reaccionar, y está bien que la gente reacciones y aparezcan los indignados de aquí y los Occupy Wall Street”, pero con reaccionar es insuficiente, pues, a la hora de las políticas de ajuste estructural, las pérdidas por huelgas y protestas están calculadas. No es problema sino parte del ajuste. Con los indignados cambia la cosa porque ocupan espacio, se bloquea el tránsito normal de gente y mercancías. Son espacios útiles para discutir y debatir.

Estrategia, ventajas, desventajas

El tema central de los antisistema es que no tenemos una estrategia. La tuvimos, había diversas bifurcaciones en ellas: vía institucional, vía armada. Ambas se ensayaron y en ambas se fracasó. En los últimos 30 años, las estrategias que teníamos han encontrado límites. Hoy carecemos de estrategias. Si pienso en Uruguay y el Frente Amplio, o en el Brasil y el PT o en otras fuerzas, hay una voluntad de ganar elecciones y llegar al gobierno, pero es evidente que no hay posibilidades de superar el capitalismo. Incluso en países donde hay personas o fuerzas que desean transformar la sociedad, por ejemplo, Bolivia, que es un proceso insurreccional muy reciente, Evo llega al gobierno en 2005 y hay levantamientos: guerra del gas, del agua en 2000, 2003 y 2005. Su gobierno viene directo de ese ciclo de luchas. Evo administra el aparato estatal lo mejor posible, pero también tiene límites y problemas para avanzar; quiere industrializar el litio pero no halla más que unas transnacionales dispuestas a asumirlo. Evo tiene los recursos económicos pero no la tecnología para hacerlo. Entonces es sano para nosotros que queremos cambiar el mundo, asumir que hoy no tenemos estrategia […].

Quiero avanzar más en la estrategia. El tener una tiene ventajas y desventajas, pros y contras. La principal ventaja: nos ofrece un camino ‘seguro’ para cambiar el mundo, nos da seguridad. Somos seres humanos y requerimos certezas. Nos daba objetivos claros, nos ofrecía políticas de alianzas posibles, con quién aliarnos social y políticamente, y esa política permitía siempre un conjunto de evaluaciones racionales de la realidad. Es decir, tener una estrategia trae una serie de ventajas pero asimismo desventajas. Una muy importante: definir una estrategia le da al enemigo un conocimiento de los pasos que seguirás. Luego, se prepara. Esto es un elemento que tiene cierto nivel de inevitabilidad. Ellos nos conocen mucho más de lo que nos conocemos nosotros mismos.

Contar con estrategia precisa tiene otra dificultad: impide ver aquello que no entra en el campo visual. Cuando uno tiene una estrategia, toma variables y trabaja con ellas, pero hay cosas que no están en ese campo de visión que terminan dañando la estrategia, metiendo elementos de desorden; lo que no entra en el campo visual, suele no ser tenido en cuenta por la estrategia, y esto es problema porque normalmente en la actividad social entran en escena actores no previstos, y esa entrada de sectores termina generando problemas en la estrategia ya diseñada.

La estrategia es una construcción racional, y la racionalidad tiene límites, como la estrategia. Creo que a veces las fuerzas logran una estrategia, pero luego tienen problemas para aplicarla en forma flexible. Creo que la estrategia es un concepto eurocéntrico, colonial, militar, ilustrado. Yo me formé en la tradición que hablaba de estrategia y que tenía todo previsto menos la realidad. Entonces, no tenemos estrategia y ¿qué? La estrategia es como el pasamanos de una escalera muy empinada: te ayuda a subir, como una guía, o nos dedicamos a la acción de la mejor manera en cada lugar.

Acá hay un problema: creo que no tener estrategia trae ventajas, pero nos hace falta como mínimo un imaginario e hipótesis de cómo transitar en este difícil período; debemos tener alguna imagen del cambio social, de la revolución. Marx no tenía estrategia revolucionaria sino hipótesis, metáforas. La que más desarrolló es la del parto, en que decía: la revolución es el momento del parto, violento, dolor, sangre. Decía: la violencia es la partera de la historia, pero diferenciaba entre parto y mundo nuevo. La revolución era el parto, el feto ya está ahí. Eso es el mundo nuevo.

¿Existe un mundo nuevo en el seno de esta sociedad? Porque, si no, ¿para qué el poder? Cuando Lenin decide tomarlo, tiene los sóviets y campesinos que producían para los pequeños mercados; y fábricas que habían tomado los obreros y órganos de poder no estatales. El sóviet era otra cosa.

Marx, desarrolla una metáfora de la revolución o el mundo nuevo. No podemos quedarnos con algo tan general. Me parece una metáfora inspiradora; actualizándola, tendríamos que considerar las transiciones feudalismo-capitalismo, Antigüedad-feudalismo. No fueron transiciones cortas. Así lo dicen los estudios. Y qué mejor libro que el Manifiesto comunista para entender la transición feudalismo-capitalismo. Marx habla de un largo proceso histórico en que las relaciones sociales llegan a ser capitalistas –burguesas, dice él–, y había un cascarón feudal y una sociedad que era un mar de capitalismo. Y dice esta frase famosa: “Había que hacer saltar la cáscara” y ese fue el proceso de las Revolución Francesa y otras.

Hipótesis

Primera hipótesis: difícil que se estabilice un nuevo modo de producción, una nueva sociedad, un nuevo sistema con equilibrio de fuerzas tan grande. En segundo lugar, creo con Wallerstein que la hipótesis del derrumbe no es mala; hemos trabajado con la idea de una transición dirigida por alguien, y ese alguien se ha constituido, allí donde triunfó la revolución, en una clase hegemónica nueva: China, Rusia. Pensemos en una transición a modo de derrumbe, caótica, que será muy dolorosa pero no necesariamente desastrosa. Es la imagen que se me ocurre.

Un geógrafo brasileño, Bernardo Manzano Fernández, tiene unos mapas de Brasil en que ubica los asentamientos de los Sin Tierra, que son miles, donde viven dos millones de personas en 25 millones de hectáreas. Son como islas distribuidas con desigual intensidad en Brasil. Las iniciativas populares tipo los asentamientos MST, con una vida integral donde se produce, se enseña, se cuida la salud, se organiza una microsociedad de unos cientos de personas o los indígenas o los campesinos o experiencias puntuales. Por ahora, tales experiencias en las periferias urbanas pueden ser elementos de reconstrucción de un mundo distinto si se produce un desfonde del sistema actual. Es un segundo elemento para poner en consideración.

El tercero es: como países latinoamericanos, estamos ante la tercera transición hegemónica en la historia: la primera fue la de la hegemonía española a la británica, que se gestó de 1810 a 1850, en la que nacieron los Estados-nación, y dentro de éstos, en general, dos fuerzas, conservadores y liberales, con distintos nombres, unos más asentados en la vieja oligarquía terrateniente y otros más en las capas burguesas del comercio urbano. Ello fue producto de la primera transición, derrotadas las revoluciones o los intentos insurreccionales.

La segunda transición, de la hegemonía británica a la de Estados Unidos, entre la Primera Guerra Mundial y el fin de la Segunda (1914-1945), aproximadamente, dio pie al nacimiento de los sindicatos y los partidos de izquierda. En ambos períodos hubo guerra, fuerte movilización popular y fuertes cambios en muchos países suramericanos y de América Latina. Con desigual intensidad, se crearon los Estados de bienestar o seudoestados de bienestar, las empresas estatales.

Hoy tenemos un período similar, entre 20 o 40 años, de una tercera transición. En éste deberán surgir nuevas fuerzas socio-políticas. ¿Qué será en 50 años de los Estados-nación? ¿Sobrevivirán, sobre todo los pequeños, los más frágiles, a esa transición, a esta sucesión de guerras? ¿Qué pasará con los movimientos antisistémicos? ¿Cómo actuaremos? No olvidemos que en la primera y segunda transición los movimientos antisistémicos fueron severamente reprimidos y derrotados, de la revolución de Haití al gaitanazo, y donde triunfaron se institucionalizaron, como sucedió con el peronismo en Argentina.

Otros retos

Me parece que: 1. Es necesario impulsar iniciativas territoriales vinculadas a la supervivencia de los sectores populares porque, entre otras cosas, uno de los elementos que estarán en riesgo no es sólo la salud sino también la alimentación. Estaremos ante feroces crisis alimentarias, y se deben impulsar iniciativas que tengan una mínima soberanía o autonomía alimentaria.

Debemos tejer vínculos entre experiencias distintas, lo que llamamos coaliciones de movimientos, buscando que sean flexibles y no se institucionalicen; trabajando en dos dinámicas, que no es mucho decir, pero profundizar los trabajos territoriales, que deben ser educativos, de salud y poder territorial, así sea en pequeño. La habilidad para trabajar es fundamental; la capacidad de hacer y de crear estos espacios es fundamental porque, sea cual sea la hipótesis, serán o elementos fundamentales para reconstruir el mundo del futuro o espacios de resistencia para ponerle freno a esta voracidad terrible del capital.

Estas coaliciones también son importantes. En Colombia, la experiencia del Congreso de los Pueblos y otras, poner en común experiencias, vínculos entre movimientos, y ponerlos en movimiento. Son dos cosas: hacia fuera, movilizarse, salir, hacerse visible, ganar demandas; y hacia adentro también es importante, porque el vínculo entre experiencias diferentes –que no son iguales– permite que esas diferentes experiencias mejoren, se interconecten. Algunas son muy buenas en temas educativos, otras en término productivos o de salud, y esa cooperación entre los diferentes de abajo me parece que es algo que nos acompañará todo el tiempo porque esta historia de hacer coaliciones y conjunto de movimientos se arma, se desarma; no es fácil armar algo que permanezca; si permanece suele ser institucionalizado, y es necesario darle otra vuelta al tema para que realmente sirva de algo.

Son éstos los retos que se derivan de los tiempos que vivimos. Así lo veo, y estas son las ideas que quería compartirles para que dialoguemos. Gracias.

*    Apartes de la conferencia de Raúl Zibechi, 2011/11/01.

Información adicional

Raúl Zibechi
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